MADRID: PESE A SU REUBICACIÓN, SECO ESPERA GESTIONAR UN FUTURO CENTRO CULTURAL EN LA ZONA DONDE SE ENCONTRABA
El Centro Social Seco consigue su realojo

Cerca de 700 personas se congregaron el pasado día 3 de marzo para escenificar la
mudanza del Centro Social Seco, con 16 de años de historia. El Ayuntamiento de
Madrid se ha visto obligado a reconocer su labor con la cesión de un nuevo local.

15/03/07 · 0:00
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Foto: Carlos Prat

La mudanza comenzó con la despedida
a un edificio que vivía sus últimas
horas antes de ser derruido, tan
sólo dos días después. En la tela rosa
que cubría toda la fachada podía
leerse, emulando al lema zapatista,
“nunca más un barrio sin nosotros”.
Abajo, el color se repetía en globos,
pancartas y ropas. Nada casual.
Seco se identifica con la Pantera
Rosa, que, ante una amenaza, pinta
un agujero con su color, desdibujando
sus contornos y tiñendo la realidad.
Es el símbolo de una estrategia,
la de transformar un plan urbanístico
demoledor en una oportunidad,
un desalojo en un realojo.

“Una victoria con letras minúsculas.
Enorme no obstante para quienes
hemos tenido la suerte de construirla
con nuestras propias manos”,
tal y como se leyó poco antes de que
se cerraran definitivamente las puertas
por uno de los vecinos de Las
Californias, la zona del barrio de
Adelfas donde se encontraba Seco.
Este barrio madrileño está afectado
por el Plan Especial de Remodelación
Interna (PERI) que se encuentra
ya en su recta final. El plan
está transformando en zona residencial
lo que fueron casas bajas. El caso
de Adelfas sigue los patrones de
otras remodelaciones, con el paso
previo del abandono y degradación.

Frente al acoso especulativo se elaboró
un plan urbanístico alternativo
que reclamaba el realojo de los vecinos
en el barrio, el traslado de la actividad
del centro social y la creación
de una cooperativa de vivienda joven
en régimen de alquiler. De estas tres
reivindicaciones, el primer compromiso
que se consiguió arrancar al
Ayuntamiento -que se hará realidad
al finalizar la actual construcción del
edificio Memoria- es el de que los vecinos
se queden en el barrio.
Por su parte el traslado de Seco
no ha sido un camino fácil: siete
años, entre presión y negociación,
en los que no han faltado situaciones
de impasse. Este reconocimiento
por parte de las instituciones no
hubiese sido posible sin la gran manifestación
celebrada hace dos años,
a la que acudieron más de 3.000 personas
para apoyar el realojo de
Seco. De hecho, esta mudanza emulaba
aquella Marcha Rosa que marcó
un punto de inflexión.

Tras la clausura del antiguo centro
muchas personas no pudieron
contener las lágrimas. No en vano
son muchos los años y las experiencias
que este espacio ha albergado.
Los paneles de fotos que se colgaron
a lo largo del recorrido entre el viejo
centro y el nuevo -de la calle Seco,
39 hasta la de Arregui y Arruej, 29-
mostraban las innumerables asambleas
y actividades, los distintos festivales
de cine social realizados, las
fiestas de San Juan, las actividades
en contra de la guerra de Iraq...

Un centro heterogéneo

Seco fue okupado a comienzos de
los ‘90 por el Kolectivo Adefas
Joven, que más tarde supuso la base
del relevo generacional de la Asociación
de Vecinos y Vecinas Los
Pinos. A lo largo de los años se han
sumado la cooperativa de vivienda
COVIJO, el Colectivo Estrella -ahora
transformado en Oficina de
Derechos Sociales-, la cooperativa
de agricultura y consumo ecológico
Bajo el Asfalto está la Huerta, el grupo
de software libre KasLab y el colectivo
Bicicrítica. Con el realojo se
han incorporado también la asociación
Mujeres de Retiro, el nodo de
Retiro de la Red Ciudadana por la
Abolición de la Deuda Externa
(RCADE), el grupo scout Kigsai y la
asociación Asociación para la
Promoción a través de la Informática
de Colectivos Excluidos (APICE).

Al finalizar la manifestación se
contó con la presencia de personas
de distintos movimientos que apoyaron
y felicitaron a Seco por lo
conseguido. Por la parte vecinal
participó un miembro de la comunidad
de propietarios del nuevo edificio
y María Roces, de la Federación
de Asociaciones de Vecinos de
Madrid (FRAVM), a la que se agradeció
su apoyo y asesoría en las negociaciones
con el Ayuntamiento.

También hablaron miembros del
Ateneu Candela de Terrassa y Enrique
de Castro, de la Coordinadora
de Barrios. Se contó con una fuerte
presencia del movimiento obrero,
que había compartido varios festivales
de cine social con Seco. Así,
entre los asistentes a la mudanza se
encontraban Morala y Carnero, de
la Corriente Sindical de Izquierdas
en Gijón, un protagonista de la lucha
de SINTEL y un representante
de la sección sindical de CGT en
Telemadrid.

El acto terminaba definitivamente
con el comunicado de bienvenida
al nuevo espacio en el que se
recordaba que “este realojo lo asumimos
como provisional, nuestro
siguiente paso esperamos que sea
inverso al recorrido esta tarde.
Volver al final de la calle Seco, al
edificio del Barón donde se está
construyendo el centro cultural que
aspiramos a gestionar”.


“Nos quedamos para movernos...”

Seco es el segundo centro
social okupado que consigue
presionar con éxito al
Ayuntamiento para la cesión
de un espacio arrendado. El
primero fue el centro social
feminista Eskalera Karakola,
cuyo realojo se realizó a
mediados de 2005.
El nuevo local de Seco es
propiedad de la Empresa
Municipal de Vivienda, que
depende de la Concejalía
de Urbanismo y tiene 415
m2.. El precio inicial, por
debajo de los del mercado,
es de 3,17 euros por m2
con un contrato a cinco
años. A este acuerdo se
suma otro con la Concejalía
de Participación: una subvención
de hasta el 80%
durante los tres primeros
años. El alquiler mensual
definitivo estaría en un
máximo de 500 euros.
Para Jose, de Los Pinos, “es
un buen trato. Sin embargo,
no queremos quedarnos en
esas condiciones indefinidamente.

Así no cuestionaríamos
los modelos de participación
ni de gestión de los
equipamientos. Sería una
derrota no conseguir que
Seco sea público y gestionado
por las entidades, grupos
y colectivos del barrio y
los movimientos sociales”.
La lucha por el centro cultural
en el edificio conocido
como La Corrala acaba de
empezar.

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