ANÁLISIS // RESISTENCIAS A LOS PLANES DE GALLARDÓN
El centro de Madrid se desmarca

Alberto Ruiz Gallardón
importó al Ayuntamiento
una actualizada visión
mercantil de la ciudad.
Sus faraónicos proyectos
buscan prosperar en el
mercado global de
grandes ciudades, pero
en el centro la Marca
parece que no triunfa.

26/04/06 · 0:47
Edición impresa
JPG - 30.3 KB
LA RISA FRENTE AL CESAR. El faraonismo urbanístico de Gallardón es objeto de
burla entre algunos vecinos. En la foto, una acción de protesta en Lavapiés. / Miguel A. Martín

Con la Revitalización del
Centro, uno de los ejes
vertebradores de la nueva
ciudad, Gallardón persigue
un centro urbano limpio, rentable
y atractivo para el turismo y la
inversión. Parecería lógico que una
propuesta así fuese bien acogida,
sin embargo hoy la sensación general
es cuanto menos de fracaso de
las políticas municipales, cuando
no de claro rechazo al proyecto. A
este sentimiento de oposición a la
Marca han contribuido algunas resistencias
ciudadanas que han perdurado
en el tiempo y que han logrado
sobrevivir, mal que bien, a las
apisonadoras regenerativas.

La Muy Disputada Cornisa

Desde hace diez años sucesivos
planes de reforma, siempre ligados
a intereses arzobispales, acosan el
entorno de la Basílica de San
Francisco El Grande y el Seminario
Conciliar. Hablamos de un ámbito
en el que se suceden zonas verdes
con alto valor histórico y ambiental,
que van desde el parque de la
Cornisa hasta el Palacio Real.
Planes de construcción de cientos
de viviendas, apertura de calles y
miles de metros cuadrados de edificios
de la Iglesia han sido paralizados
por la movilización vecinal.
Pero algo ha dado un valor especial
a esta lucha. En el año 1999
y tras un convenio por el que el
Ayuntamiento le regaló al Arzobispado
un solar municipal junto
a la Basílica para la construcción
de oficinas de la Curia, algunos
vecinos decidieron crear aquello
que reivindicaban. Okuparon el
solar, cerrado y abandonado, lo
limpiaron y lo inauguraron bautizándolo
como Parke de la Muy
Disputada Cornisa. La autoconstrucción
de ese espacio se convirtió
en la mejor forma de reivindicarlo,
pusieron bancos, papeleras,
juegos para niños, plantaron árboles,
hicieron una huerta ecológica,
organizaron cine, teatro,
fiestas, carnavales y todo ello a pesar
del acoso constante de la autoridad
municipal.

Al final, Ayuntamiento y Arzobispado
cedieron, renunciaron a construir
en el solar y propusieron su
desarrollo como zona verde, eso sí,
a cambio de que los vecinos admitan
nada más y nada menos que la
construcción de 26.000 m2 de edificios
de la Curia en el jardín del
Seminario, 600 plazas de aparcamiento,
la apertura de dos calles y
la creación de un par de equipamientos
en la peor ubicación posible,
el actual Parque de la Cornisa,
y que no son más que una coartada
para camuflar una operación de lucro
privado evidente.
El Sacro Expolio continúa y con
él la resistencia vecinal. Quizás el
próximo verano la Virgen de la
Paloma oiga otra gloriosa saeta reivindicativa
en su procesión.

Lavapiés

Lavapiés sufre de rehabilitación
desde 1997. El más ambicioso proyecto
de intervención que ha existido
nunca en el centro supuso una
breve sensación de triunfo, pero
enseguida se percibieron carencias
y peligros: falta de participación,
ausencia de equipamientos
esenciales, degeneradores urbanos,
subida de precios, carencia
de plan para la infravivienda y un
largo etcétera que hizo que muchos
colectivos se organizasen para
enfrentar el proyecto.
Dos han sido fundamentalmente
las formas en las que se ha respondido
al plan, la denuncia y la autoorganización.

En la denuncia cabe
destacar una novedosa forma de
movilización que mezcla lo político
ora con lo lúdico, ora con lo artístico:
derivas; revistas caminadas; semanas
de lucha social y arte público;
intervenciones en el mobiliario
urbano, concurso de ruinas, plantilladas,
proyecciones y más, han hecho
que los problemas sean conocidos
hasta la misma cocina, que los
museos del conflicto no quedaran
ocultos bajo la propaganda oficial.
Junto a esto, la autoorganización
en proyectos generados desde
la base ha permitido encontrar
espacios de convivencia y resistencia,
lugares sin los que hubiese
sido imposible responder al avance
de la regeneración limpiadora.
Hablamos de los centros sociales
okupados, el Laboratorio 03 fue el
más conocido y potente, pero también
de proyectos de vídeo, culturales,
de vivienda, hacklab, contrainformación,
etc.

Quizás lo más significativo haya
sido una forma de organización
que ha evolucionado de la estructura
de los colectivos hacia entramados
en red más complejos,
donde los nodos se activan y desactivan
en función de intereses, de
afectos, de agresiones y donde los
proyectos nacen y se desarrollan
de forma espontánea y muchas veces
inesperada. A modo de ejemplo,
quizás anecdótico, estas redes
han permitido que ninguna inauguración
oficial, por muy secreta
que fuese, quedase sin respuesta,
o que ante el sorpresivo desalojo
de un edificio okupado un domingo
de San Isidro a las tres de la tarde
acudiesen un centenar de personas
en menos de media hora.
No podemos olvidar otra resistencia
más cotidiana. En Lavapiés
sigue viviendo gente de bajos recursos
no deseable para los intereses
del mercado, muchos de ellos
inmigrantes que han sabido encontrar
espacios físicos y vitales
de refugio, eso sí, a menudo de
una precariedad dolorosa.

En cualquier caso, si algún logro
está teniendo la revitalización es la
creciente desestructuración social
que está produciendo. Pírrica victoria
si es que esta se produce, porque
Madrid competirá en el mercado
de ciudades sin una sociedad
que sustente la contienda.
Tan solo nos hemos detenido en
dos resistencias, pero hay más: las
de Malasaña o Huertas, la de Tirso
de Molina y las talas, la de la
Muralla, la de la plaza de la Cebada,
incluso El Matadero busca su
hueco, por no hablar de parquímetros
y M-30. Algunas con años de
lucha, otras incipientes. Si se crean
espacios de coordinación entre
ellas, la Marca tendrá serios problemas.
Ojalá.

Tags relacionados: arte urbano Okupación
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto