Casas Viejas, un año después

Se cumple un año del desalojo del CSOA Casas Viejas, un espacio que había sido
abandonado a la especulación durante años y que durante otros seis se convirtió
en un centro social fundamentado en la autogestión y la cooperación.

27/11/08 · 23:31
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Más allá de convertir
una serie de naves
abandonadas en un
espacio lleno de vida
y actividad, Casas Viejas supuso
para la ciudad la aparición, después
de muchos años, de la posibilidad
de utilizar la ocupación como
herramienta de lucha contra la
especulación y el abuso inmobiliario.
Abrió la puerta al ensayo de
formas de construcción común de
espacios, más allá del clientelismo
de la administración, la discriminación
del mercado y el estado policial
que impera hoy en la ciudad
sobre los espacios públicos.

Si Casas Viejas fue pionera en
su momento y para una generación
en la creación de centros sociales,
a través de la expropiación
de los especuladores, también lo
fue en la manera de afrontar su
desalojo. La resistencia mostró
que, como colectivo y conjunto de
colectivos e individuos, somos capaces
de muchas cosas: de desobedecer,
de luchar y de tener en jaque
a la administración y sus cuerpos
represivos durante varios días
consecutivos. Tanto en su principio
como en su final, Casas Viejas
ha demostrado cómo un pequeño
grupo de personas puede hacer
muchas cosas... y cómo un grupo
mayor puede hacer muchas más.

Por su parte, la administración,
la policía y la prensa demostraron
hasta qué punto están alineados
con los intereses de los especuladores,
hasta dónde son capaces de
llegar para defender las propiedades
de un industrial enriquecido
frente a los intereses colectivos. El
espacio donde antes estaba el
CSOA Casas Viejas sigue, un año
después, como solar abandonado.
El impresionante despliegue policial
y los ríos de tinta volcados por
la prensa han servido para que se
deje de dar uso a un espacio abandonado
y en el futuro pueda ser dedicado
a viviendas de lujo.

Casas Viejas ya no existe materialmente,
pero el verdadero valor
del centro social no está en el espacio,
sino en las alianzas y complicidades
generadas durante su vida,
en su capacidad de producir crítica
y conflicto donde sólo había agresiones
de los especuladores. Casas
Viejas ya no es un espacio ocupado,
ahora es mucho más, ahora es
un legado de lucha. Casas Viejas está
viva en el nuevo centro social de
la ciudad, la Fábrica de Sombreros,
y en cada uno de los espacios ocupados
de Sevilla, en nuestra experiencia
y memoria colectivas.

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