UN REFERENTE DE LA AGROECOLOGÍA Y EL COOPERATIVISMO
BAH!: diez años de producción y consumo sin intermediarios

Tras un año duro, la cooperativa Bajo el Asfalto está la
Huerta celebró el 30 de mayo su décimo aniversario,
demostrando la vigencia de su modelo agroecológico.

, REDACCIÓN
15/06/10 · 8:01
Aniversario de Bajo el asfalto está la huerta (BAH!) / FOTO: BAH!

Ninguna de ellas podía soñar lo que
vendría después. Lo lejos que iba a
llegar un proyecto que nacía con todo
en contra y los pies de barro. Hoy
es común oír hablar de huertos comunitarios,
grupos de consumo, producción
ecológica o soberanía alimentaria.
Pero en 1999, al menos en
Madrid, estas cuestiones sonaban
aún a rarezas de expertos o de ecologistas
avanzados, incluso en el
marco de los colectivos antagonistas
de la urbe. A pesar de este hecho, y
de no disponer de otros recursos que
sus manos y cerebros, ese año, diez
jóvenes urbanitas amantes del campo
(ninguno llegaba a los 30 años),
que se habían unido en torno a una
mesa de debate sobre “ecología y sociedad”,
lanzaron la arriesgada propuesta
de crear en la degradada
zona periurbana de Madrid una “cooperativa
unitaria de producción y
consumo agroecológicos” de carácter
asambleario, anticapitalista y autogestionario

a la que bautizaron con
un acrónimo tan ambiguo como sugerente:
BAH! (Bajo el Asfalto está
la Huerta
).
“Al principio no nos hizo
caso casi nadie. Nos veían como
unos pringadillos”, recuerda Susana
Morán, del colectivo promotor. Pero
pronto la idea comienza a cuajar, adquiere
formas concretas y en unos
años, a pesar de sus altibajos, no sólo
 se consolida sino que se multiplica
hasta llegar a ser, hoy, un importante
referente en el mundo de las cooperativas
y de la agroecología en el
Estado español.

“El BAH ! ha servido como catalizador y punto de apoyo de muchas cosas y proyectos. Jamás me podía imaginar que algo que nacía tan precario fuese a ilusionar a tanta gente”, aseguraba Morán el pasado 31 de mayo en la celebración del décimo aniversario del proyecto, que tuvo lugar en el espacio Off Limits de Lavapiés, sede del grupo de consumo del BAH!. Bajo el paraguas de estas tres letras, operan actualmente cinco cooperativas: tres en Madrid, una en Guadalajara y la última en Valladolid, y varias iniciativas como Surco a Surco (SAS), que dispone de tierras en el valle del Tiétar (Gredos), han asumido su modelo de funcionamiento. Cada semana, los cinco BAH! producen verduras y hortalizas para unas 180 familias. Pero hace diez años, el panorama era bien distinto.

En sus orígenes, el grupo promotor
del BAH! concibió un proyecto
dividido en tres partes: la actual cooperativa
periurbana, una colectividad
rural en un pueblo abandonado
y una publicación sobre ecología política.

La apuesta comunitaria en el
campo no llegó a cuajar, aunque personas
del proyecto inicial han acabado
en pueblos de la “sierra pobre” de
Madrid y del valle del Tiétar, donde
desarrollan dos exitosas iniciativas
muy ligadas al BAH!: la cooperativa
ganadera Los Apisquillos y SAS. La
revista tampoco llegó a ver la luz, pero
en estos años la teoría sobre la que
se asienta el modelo del BAH! ha sido
recogida por sus protagonistas en
dos libros claves, Con la comida no
se juega
(Daniel López L. y J. Angel
López L., Ed. Traficantes de Sueños,
2004) y Los pies en la tierra (VV AA.
Ed. Virus, 2006). “En un principio la
ambición era mucho mayor porque
nos faltaba tomar contacto con la
realidad; nunca imaginé que el trabajo
agrícola fuese tan duro”, sostiene
Susana Morán. La realidad se impuso
y el proyecto periurbano se lo
comió todo.

La puesta de largo se produce el
18 de marzo de 2000. Tras recabar el
apoyo de una treintena de organizaciones,
un centenar de personas
okupa una parcela de la Consejería
de Medio Ambiente en la vega del
río Henares a su paso por Torrejón
de Ardoz. La acción no sólo pretende
volver a dar un uso productivo a
una zona tradicionalmente hortícola,
sino denunciar el deterioro medioambiental
y urbanístico de la
otrora periferia fértil de Madrid. Las azadas se ponen en marcha y dos meses
y medio después, tal y como puede
leerse en el segundo número de El
Berenjenal,
el boletín interno del
BAH!, se distribuye la primera cosecha
desde el centro social Seco: “El 30
de mayo se ha repartido la primera
bolsa (...) iba compuesta de dos lechugas,
un manojo de acelgas, otro de espinacas,
kilo y medio de limones y un
pan integral, todo ecológico y cooperativo.
Se repartieron 56 bolsas entre
los grupos”.

El Gobierno regional no ordena el
desalojo de las tierras pero dificulta
los accesos y el uso del agua, por lo
que unos meses después, la cooperativa
decide trasladar la huerta al cercano
valle de Tajuña, a unos 40 kilómetros
de Madrid, donde permanece
desde entonces. “El primer año fue
muy difícil. Hacía los repartos con una
furgoneta que se calentaba y había
que ir buscando hielo en las pescaderías”,
recordaba en Off Limits Fernando
García Dori, hoy director de la
Escuela de Pastores de los Picos de
Europa
. Pero, tal y como indica Encarni,
de la cooperativa de pan ecológico
Ecopan, cuyo destino ha estado siempre
unido al BAH!, en este tipo de proyectos
“la precariedad material se salva
con la creencia en la autogestión”.
“Una de las cosas más importantes
que me ha enseñado el BAH! es que
desde la nada se puede crear algo importante”,
asegura. Algo que exige un
elevado compromiso por parte de
agricultores y consumidores. En el
modelo del BAH!, el dinero del consumidor
no está ligado a la producción.

Cada familia paga una cuota mensual
que sirve para mantener la cooperativa
en su conjunto. A cambio, recibe
cada semana una cesta de verduras y
hortalizas que resulta de dividir, de
manera equitativa, la totalidad de la
producción entre los consumidores.
María Sol Rabasco, que a través del
grupo de consumo de Estrecho lleva
en la cooperativa desde sus orígenes,
lo ilustra de la siguiente manera: “En
el BAH! es fundamental la participación:
en mi grupo es prácticamente
obligatorio repartir la semana que te
toca, ir a la asamblea del grupo y a alguna
asamblea general, participar en
el domingo verde, en las acciones colectivas
y en algunas comisiones”.

La apuesta no sólo aguantó sino
que en 2004 los grupos de consumo,
que se asientan en espacios como
centros sociales, asociaciones vecinales
o sindicatos como CNT, habían
crecido tanto en Madrid que los siete
agricultores que cultivaban 2,5 hectáreas
en Perales de Tajuña no daban
abasto con la creciente demanda. La
asamblea del BAH!, tras situar su límite
de crecimiento en 130 unidades
de consumo, apostó entonces por derivar
parte de esta demanda a cooperativas
hermanas como SAS e impulsar
la creación de otras.
De esta manera
nace el BAH! de San Martín de
la Vega, que, aunque en la actualidad
sólo dispone de un trabajador y produce
hortalizas y verduras para 20
hogares, en 2005 lo hacía para un
centenar de familias. En esos años, el
BAH! traslada su crítica a la agricultura
industrializada y su defensa de
la soberanía alimentaria, económica
y organizativa a espacios de agregación
como Rompamos el Silencio o el
Foro Social Mundial. Este crecimiento,
que se produce a pesar de las numerosas
rotaciones que viven los grupos
de trabajadores y consumidores
(la huerta de Perales ha visto pasar a
39 agricultores en estos años), no
consigue acabar con cierta precariedad
material y económica, algo que
ayuda poco a resolver algunas tensiones
de carácter ideológico y político
que se instalan en el BAH!. Fruto
de éstas, hace un año el grupo de trabajadores
de Perales y dos grupos de
consumo abandonaron la cooperativa.

Aunque el proceso es complejo y
los factores múltiples, la división más
notoria se produjo en torno al debate
sobre la relación con las instituciones.
Múltiples posturas surgen alrededor
de esta discusión, sin embargo
a pesar de los esfuerzos por parte de
todas las personas de la cooperativa,
esta vez, el consenso no es posible.
Unos meses después, algunas de las
personas que dejan el proyecto crean
otras cooperativas agroecológicas
con base en Perales (Me Planto y A
Casco Puerro), más afines a sus visiones
ideológicas. Tras un “proceso
doloroso”, el BAH! pudo celebrar,
también con sus antiguos compañeros
de viaje, un fabuloso décimo aniversario
en Madrid, en el mismo
buen ambiente que hoy se respira en
las huertas de Perales.


Cinco Bah! y un semillero

El BAH! agrupa a cinco cooperativas de producción y consumo. La más veterana está compuesta por cien unidades de consumo y cuatro trabajadores que mantienen unas dos hectáreas de cultivo en régimen de alquiler o cesión. Un trabajador y dos tutores sacan la producción para las 20 familias del BAH! San Martín, mientras dos agricultores hacen lo propio para 30 unidades del BAH! Galápagos (Guadalajara). En las otras dos cooperativas, que operan en la
periferia de Valladolid (18 unidades) y en la Alcarria madrileña (12), los propios consumidores asumen la producción. El BAH! Semillero es la iniciativa más novedosa: un espacio para desarrollar semillas que luego son plantadas por los grupos del BAH! y otros similares como SAS o Me Planto. “Lo más interesante es que lo está sacando adelante personas voluntarias de los grupos de consumo”, afirma Isabel Vara, una de sus integrantes.

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