MÁS ALLÁ DE LA SOLIDARIDAD // VARIOS COLECTIVOS REIVINDICAN OTRA POLÍTICA MIGRATORIA
Las asociaciones canarias unen esfuerzos en apoyo a la inmigración

El fenómeno de la inmigración despierta una gran variedad de
respuestas en Canarias. En vistas a las elecciones de mayo de 2007, el Gobierno
autonómico no desaprovecha la ocasión para un victimismo que ve en la llegada
de inmigrantes su mayor problema. Espoleados por el discurso del miedo, algunos
vecinos protagonizaron este verano los primeros brotes racistas. Pero junto a
ellos no faltan quienes se han volcado en la defensa de los inmigrantes. Y en los
últimos meses empiezan a unirse asociaciones que van más allá de la asistencia
inmediata: no basta la ayuda a corto plazo, dicen, hace falta un cambio político.

07/10/06 · 18:23
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RECEPCIÓN. Imágenes tomadas este
verano en el puerto de Los Cristianos,
al sur de Tenerife. Nótese el brazalete
identificativo. / Ojalaes7

El último verano parece haber puesto
de manifiesto una realidad incómoda
para el Gobierno: la inmigración
no se detiene con más kilómetros
de vallas. A finales de 2005 se
aumentaba de tres a seis metros la
altura de las alambradas en Ceuta y
Melilla. Meses más tarde, el flujo migratorio
sólo ha cambiado de lugar.
Según un informe de Amnistía Internacional,
en lo que va de año la llegada
de inmigantes a Canarias ha
duplicado los datos de todo 2005. En
el caso de Tenerife, la cifra se ha multiplicado
por diez. Y serán más. Los
datos oficiales calculan que más de
10.000 personas esperan en África el
momento de intentar la entrada.

Alarma electoral

Ante estas circunstancias, entre los
políticos canarios destaca la alarma
como respuesta común. El presidente
isleño, Adán Martín, ha afirmado
varias veces que “Canarias está desbordada”.
Mientras, el portavoz de
Coalición Canaria en el Congreso,
Luis Mardones, va aún más lejos. Ha
calificado la situación de “explosiva”
y reclama la actuación de la Armada.
Entre los canarios, algunos desconfían
de este alarmismo. “Si hubiera
pasado en otras fechas sería diferente,
pero las elecciones son el
año que viene. Cada uno dice lo que
pueda darle más votos”, opina Rafael
Blanco, del Aula de Solidaridad de la
Universidad de La Laguna.

Raquel Pérez, del sindicato CNT,
critica duramente esos discursos.
“Hay una xenofobia promovida por
los partidos, sobre todo por Coalición
Canaria; y el problema es que
mucha gente termina asimilando ese
tipo de mensajes”. “Aunque no se
puede hablar de una actitud única de
la población”, advierte. Según apunta,
igual que se encuentran episodios
de rechazo, también se dan de acogida.
Entre ellos, el caso más nítido se
veía a comienzos de agosto, cuando
cientos de bañistas se lanzaban a auxiliar
a decenas de subsaharianos en
el momento que desembarcaban en
la playa de La Tejita, en Tenerife.

En el extremo opuesto, el 10 de
marzo, el Aula de la Naturaleza de
Tunte, en Gran Canaria, fue incendiada
en un ataque xenófobo para
impedir que se alojaran en ella un
grupo de jóvenes inmigrantes. Y con
esa misma intención, un mes más
tarde en Garachico (Tenerife) cientos
de vecinos encabezados por su
alcalde recibían con gritos y abucheos
a 30 menores en protesta por su
trasladado a un centro de acogida.
Aquel ataque, sin embargo, activó
en Tenerife a varios colectivos de
apoyo a los inmigrantes. “Aquí no ha
habido mucha actividad de reivindicación.

La mayor parte del trabajo
ha sido de ayuda humanitaria, por
parte de las ONG, y también desde
algún sindicato. Pero después de los
brotes racistas muchos le han visto
las orejas al lobo”, resume Blanco.
Como respuesta, el 18 de junio se
producía una primera manifiestación
contra el racismo. Acudieron
cerca de 700 personas, una cantidad
que pocas veces suele registrarse en
Santa Cruz en este tipo de protestas.

“Somos migrantes”

Las manifestaciones, como otros actos
de denuncia, se están organizando
a través de la Plataforma Somos
migrantes. Si bien se formó durante
las protestas contra la valla, ha sido
este año cuando la coordinadora se
ha consolidado como lugar de encuentro
para una treintena de organizaciones.
Y tras la marcha en
Tenerife, cada vez son más las personas
que se acercan para colaborar.
La plataforma, con todo, está lejos
de tener un perfil político concreto.

“Encuentras desde ONG cristianas
hasta grupos anarquistas. En el cartel
de la manifestación veías la CNT
al lado de Caritas y Médicos del mundo”,
dice Blanco, que subraya la importancia
de empezar a crear redes.
En la misma línea se expresa
Raquel Pérez. “Intentado implicar a
todo tipo de población, incluyendo a
quienes no están politizados. A veces
pasa que vas a movilizaciones y
ves las mismas caras. Pero esta vez
no. Hay que convencer a la gente a
la que no se llega con un panfleto”.
Ello no quiere decir, sin embargo,
que haya que conformarse con la actitud
de las organizaciones humanitarias.
Para Raquel, se está haciendo
un trabajo muy importante en la denuncia
de situaciones muy graves. Y
cita varias: legales (“a cientos de personas
no se les reconocen sus derechos,
pero se les explota como mano
de obra”); contra la libertad de movimiento
(“se aísla a los inmigrantes
durante 40 días en los CIE, que son
como las cárceles”); y mortales (se
calculan más de 3.000 fallecidos).
Para intentar cambiar estas situaciones,
Blanco asume que “va a hacer
falta mucha implicación, gente
que pueda hablar sin miedo a que le
quiten las subvenciones”. Otra compañera
del aula de solidaridad,
Oihana Merino, lo resume en una
frase: “no hace falta caridad, sino justicia”.

En esa dirección, junto a la plataforma
tambien se han sumado colectivos
de por los propios emigrantes,
como la asociación de nigerianos
de Tenerife. Ahora, según Blanco,
el siguiente paso debe ser el de
contactar con los movimientos sociales
de África. “Allí hay asociaciones
de repatriados, de madres que
han perdido a sus hijos... Sabemos
muy poco de ellas, pero la mitad de
la solución está allí. Si no trabajamos
juntos en las dos orillas no llegaremos
muy lejos”.


Los inmigrantes se organizan

En estos años, la formación
de las primeras
asociaciones de
inmigrantes supone
uno de los mayores
fenómenos en el paisaje
de los movimientos
sociales en Canarias.
Con un trabajo
cotidiano entre la
ayuda mutua y la reivindicación,
colectivos
como las asociacioes
senegalesas Serer y
Diambar o la asociación
de Costa de Marfil
se han vuelto
frecuentes en manifiestos
y protestas.
Según Steve Usifoh,
presidente de la asociación
de Nigerianos
de Tenerife, gran parte
de su tarea consiste
en orientar a quienes
acaban de llegar. “Les
apoyamos sobre todo
para que aprendan
español. Sabemos
que es difícil, que sus
jornadas de trabajo
son durísimas y que
apenas tienen tiempo;
pero hacemos lo posible
para que vean que
es necesario. Igual
que les insistimos en
que tengan mucho
trato con la gente, que
se relacionen con los
españoles. Muchos lo
evitan, porque no se
les recibe bien, pero
es la única forma de
integrarse, y además
hay que hacerles ver
que no somos como
dicen en los periódicos,
que no hemos
venido aquí a hacer
nada malo”.

Hacia el diálogo cultural

Junto al trabajo de
apoyo, otro frente de
los colectivos pro
inmigración pasa por
fomentar las relaciones
entre la población
canaria y los inmigrantes.
En ese sentido,
las actividades lúdicas
se convierten en
una de las formas
más útiles para facilitar
el conocimiento
mutuo. Así lo ve El
Patio de las Culturas,
una asociación de Las
Palmas de Gran Canaria
que desde sus inicios
en 2003 busca
espacios de encuentro
a través de talleres,
cuentacuentos o
clases de idiomas
impartidas por los propios
inmigrantes.
Según cuenta Andrea
Farah, coordinadora
de la asociación, el
objetivo es destacar el
beneficio cultural de
la inmigración, lo que
se ha comprobado en
el éxito de las clases
de música y de danza
árabe y africana.
De momento, en Las
Palmas no se ha llegado
a formar una
asociación como la
plataforma de Tenerife,
pero a lo largo de
este tiempo han
comenzado a surgir
numerosas organizaciones.
“Se están formando
muchas asociaciones
alternativas,
al margen de las
ONG”, apunta Andrea,
“pero pueden unirse
más entre ellas”.

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