ASOCIACIÓN INTERÉTNICA DE DESARROLLO DE LA SELVA PERUANA //
Aidesep, un actor muy molesto para Alan García

El Gobierno inicia los
trámites para disolver
la organización indígena
que lideró las protestas
de junio en la Amazonía,
mientras la investigación
sobre la masacre de
Bagua sigue paralizada.

12/11/09 · 0:00
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El Gobierno de Alán García ha movilizado
diferentes agentes del
Estado en un sistemático acoso jurídico,
político y social contra la
Asociación Interétnica de Desarrollo
de la Selva Peruana
(Aidesep).
Busca así, ahora explícitamente,
la disolución de la organización
que con voz propia se presenta con
57 federaciones y organizaciones
territoriales, que representan a las
1.350 comunidades donde viven
350.000 personas, agrupadas en 16
familias lingüísticas.

Nacida en 1980, esta organización
se mantiene firme y unida pese
a las diferentes visiones y concepciones
del mundo que alberga
en su interior, puesto que en la selva
viven diversas etnias, algunas
históricamente rivales entre sí. A lo
largo de sus historias respectivas y
en diferentes momentos se han enfrentado
a agentes externos que llegaron
a sus territorios con objeto
de esclavizarlos o, en el mejor de
los casos "civilizarlos".
Aidesep ha desarrollado programas
que buscan minimizar los
efectos del desarrollo capitalista
en sus pueblos, al concluir que este
modelo de desarrollo choca
frontalmente con sus posibilidades
de supervivencia.

Sus organizaciones trabajan por
la integración de las mujeres en la
actividad política y organizativa
de la comunidad; por la salud indígena,
que busca con una mirada
intercultural elevar la esperanza
de vida en las comunidades amazónicas.
Tratan de cubrir la carencia
de políticas públicas que les
permitan acceder a información
sobre el mundo y compartir la suya
propia. También trabajan para
hacer respetar el derecho de sus
hermanos y hermanas que tras la
experiencia del desencuentro con
la cultura de Occidente han decidido
autoaislarse bajo la protección
de la madre selva.

Invasión extractiva

Además, llevan la gestión, seguimiento
y asesoría jurídica de las comunidades
invadidas en sus territorios
ancestrales por compañías
transnacionales, sobre todo energéticas,
que llevan enfermedades,
muerte y contaminación a sus vidas.
A tal fin, gestionan la construcción
de una base cartográfica digital
de sus territorios. De este modo,
buscan prevenir concesiones a empresas
extractivas en los mismos,
entre otras cosas
.

Desarrollan también un programa
de formación de maestras y
maestros bilingües en coordinación
con autoridades públicas, son
responsables de socializar entre
sus comunidades herramientas jurídicas
que permitan a los occidentales
reconocer sus territorios y su
cultura. En resumen, estamos ante
una asociación que ejerce su derecho
a la autodeterminación de
su futuro de una manera activa y
que atiende principalmente algunas
de sus carencias más básicas
ante la indiferencia de un país que
aún no reconoce su diversidad y
de gobiernos empeñados en hacerla
desaparecer. En este contexto,
Aidesep representa la posibilidad
de supervivencia de muchas
culturas y de sus conocimientos,
que visto de otra manera podría
ser una gran oportunidad para el
desarrollo de todo el mundo (inclusive
el de los apristas).


UN ATENTADO
A LOS DERECHOS

Para la Coordinadora Nacional
de Derechos Humanos de
Perú, “la disolución de Aidesep
[...] en realidad constituye
una gravísima violación de la
libertad de asociación reconocida
en el artículo 16 de la
Convención Americana sobre
Derechos Humanos, de fuerza
vinculante para el Perú, que
establece esta libertad fundamental
en los siguientes términos:
“Todas las personas tienen
derecho a asociarse
libremente con fines ideológicos,
religiosos, políticos, económicos,
laborales, sociales,
culturales, deportivos o de
cualquiera otra índole”.

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Tags relacionados: Alan García Número 113
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