En Somosierra, a 70 kilómetros de Madrid
El frente del agua, la batalla olvidada de la guerra civil

La batalla por controlar el agua que abastecía a Madrid fue una de las más importantes y menos conocidas de la guerra civil.

03/12/16 · 8:00

Somosierra, a 70 kilómetros de Madrid, fue el escenario de una de las batallas más importantes y menos conocidas de la guerra civil. La batalla por controlar el agua que abastecía a la capital. Entre pinos y maleza se esconden elementos militares de gran valor, casi imposible de encontrar en otras partes de España. La Dirección General de Patrimonio asegura que es un escenario histórico de una entidad innegable y quiere potenciar la visita de la zona con un centro de interpretación en Paredes de Buitrago.

"Podemos explicar a la gente joven qué pasó aquí. Hemos vivido una guerra civil hace 80 años y no podemos obviarla", asegura Juan José Cano, arqueólogo y director de la excavación del Frente del Agua.

"Si a Madrid le hubieran cortado el grifo, la población civil hubiera pasado muchas penalidades y la guerra no se hubiera alargado tanto tiempo", asegura Juan José Cano

Pedro, Víctor y Ricardo conocieron muy de cerca la muerte cuando apenas habían empezado a vivir. El mayor de los tres hermanos tenía sólo 10 años cuando las tropas del general Mola bajaban camino de Madrid por el túnel de Somosierra. Era el inicio del golpe militar, los sublevados querían acabar rápidamente con la República y para ello debían tomar Madrid.

Mola sabía que sin agua, la capital caería en menos de un mes. El objetivo, por tanto, era controlar los embalses de Puentes Viejas y el Villar, los únicos que la abastecían.

El gobierno republicano ordenó al general Carlos Bernal detenerlos. Un millar de soldados republicanos subieron hasta Somosierra junto a cientos de milicianos. Consiguieron frenar la ofensiva, la sublevación se convirtió en una guerra civil y el Frente de Somosierra se estabilizó.

El destino quiso que uno de los puntos de batalla se ubicara a 70 kilómetros al norte de Madrid, al lado de Buitrago de Lozoya, donde el padre de Pedro, Víctor y Ricardo, ejercía de alcalde republicano.

"Aquí hubo días que cayeron 300 bombas", dicen los tres hermanos

"Aquí hubo días que cayeron 300 bombas", dicen los tres hermanos al unísono. "Nuestro padre nos encargó de cuidar las vacas y los caballos y cuando se escapaban terminábamos entre las dos líneas de fuego. Los mandos republicanos se quejaban luego a mi padre pero nosotros no nos fuimos a Madrid", asegura Ricardo, parapetado tras sus gafas.

La mayoría de los civiles abandonaron el pueblo convertido en frente de batalla. Sólo se quedó Víctor Rodrigo Orcajo, el alcalde, y su familia. Hoy sus tres hijos son los únicos testigos vivos de este episodio clave de la guerra civil.

"Este frente norte se establece desde los altos que dan a Guadalajara hasta la zona de Rascafría, en una línea que va de este a oeste", indica Juan José Cano, arqueólogo y director de la excavación del Frente del Agua.

Él, que lleva décadas viviendo en la sierra, insiste en la importancia de esta batalla: "Si a Madrid le hubieran cortado el grifo, la población civil hubiera pasado muchas penalidades y la guerra no se hubiera alargado tanto tiempo. Por eso la defensa fue muy dura por parte republicana y por eso quedan elementos bélicos en un estado excepcional. Aquí las trincheras y los búnkeres se hacían con hormigón, no eran sólo sacos de arena".

Nidos de ametralladoras, parapetos, almacenes subterráneos, incluso un puesto de mando se esconden entre la maleza de la zona dibujando once kilómetros de frente. Desde la Dirección general de Patrimonio de la comunidad de Madrid aseguran que es un escenario histórico de una entidad innegable y por eso hace cuatro años invirtieron para hacer la zona visitable, abriendo sendas, limpiando el terreno, y preparando carteles informativos.

Ahora se quiere potenciar más creando un centro de interpretación de la ruta en un antiguo lavadero ubicado en Paredes de Buitrago. Será el lugar de partida para la visita y albergará toda la información de lo que pasó en la zona, incluido un vídeo donde leerán cartas de los soldados de cada bando.

"La Dirección general de Patrimonio quiere que la gente tenga un punto de referencia para preparar la visita y conozcan el contexto histórico antes de comenzar el paseo", confirma Cano, que tiene clara la utilidad de este escenario: "Podemos explicar a la gente joven qué pasó aquí. Hemos vivido una guerra civil hace 80 años y no podemos obviarla. Es un capítulo de nuestra historia que tenemos que explicar, entender y dar a conocer al resto de la gente".

Una guerra que no olvidan los hermanos Rodrigo. "El combate más fuerte que hubo fue el 5 de noviembre. Una compañía de aviación al mando del capitán Zubieta subió a la peña el Arenal y fueron masacrados. Murieron casi todos", asegura Víctor.

La memoria de los tres octogenarios es tan prodigiosa como su capacidad para blindarse ante el dolor. "Al principio, los muertos sí nos afectaban, luego nos acostumbramos a todo, dice Pedro, el mayor de los tres. "Un día, los fascistas estaban pegando cañonazos y bajaban dos milicianos con garrafas de agua al río cuando un proyectil explotó al lado de ellos. Cuando el humo se disipó vimos que uno estaba vivo pero había perdido la pierna. No la encontramos nunca. Con el bombazo se desintegró. Al principio te afectaba, luego te daba igual".

Tres años de conflicto dan para mucho y los soldados de los dos bandos llegaron a confraternizar, incluso se organizó un partido de fútbol. "El partido llegó a iniciarse pero desde la zona del Portachuelo, donde estaban instaladas las baterías republicanas, los mando dispararon un par de obuses de aviso para que parara la confraternización", asegura Cano.

No fue el único acercamiento entre los bandos. El intercambio de tabaco por papel –el tabaco estaba en Canarias, zona franquista y el papel en Alicante y Murcia, zona republicana– era muy habitual, incluso cantos flamencos jaleados entre una y otra trinchera ocurrían a menudo en este frente. Finalmente los rebeldes franquistas llegaron hasta Buitrago desde Madrid. Ya no había nada que defender. La Guerra Civil había terminado. El Frente del agua se convirtió en una batalla olvidada en el norte de Madrid.

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