Ser nosotros

Una charla de sábado acerca de la dificultad de ser nosotros en Egipto cuando lo que se comparte es la victoria y la culpa, la derrota y la batalla.

, Alejandría, Egipto
19/05/15 · 16:22
Discarded, Huda Lutfi (2012) de la exposición Cut & Paste, Townhouse Gallery, Cairo.

Contextualizar no siempre es cuestión de datos y siglas, contextualizar es también rellenar el blanco entre las letras de los titulares. El contexto es seguir el hilo de quienes sostienen la actualidad siendo protagonistas de noticias que no son noticia.

Los que ya no son Nadies de Galeano porque son Yoes conversando acerca de la dificultad de vivir con el Otro, de ser masa y ser Gente junto a otros nadies que se desprecian.

Lo que sigue es una charla de sábado acerca de la dificultad de ser Nosotros en Egipto cuando lo que se comparte es la victoria y la culpa, la derrota y la batalla.

Ezz y yo vivimos en Alejandría y nos gusta mucho hablar. Encadenamos las horas y las palabras saltando de un tema al otro porque si hay algo que Ezz hace bien es escuchar y responder desde un pozo sin fondo de preguntas.    Hoy hemos decidido hacer un experimento: hemos quedado a media mañana para hablar a nuestra bola pero esta vez nos grabaremos, como si fuera una entrevista disfrazada de charleta. O conversación disfrazada de entrevista.La cosa empieza cuando bajo al portal y Ezz me espera  dentro de su coche fantástico. Un coche destartalado que tiene el don de escupir en cada momento la música que necesitas. Y la capacidad de hacerse parar en todos los check points: papeles caducados, parachoques descolgado o conductor con pintas sospechosas.
    
Ser Yo:
 
M: Dime, ¿dónde vamos?
E: Vamos hacia la autopista camino de Borg el Arab. Donde hay un lago grande, el Lago Mariut. Hay poca gente y aire libre para hablar tranquilos, con naturalidad.
 
Hablar con naturalidad es algo que a veces hay planificar en Alejandría, pero cuesta explicarse las razones de esta espontaneidad coja sin caer en la paranoia persecutoria. Ser uno mismo supone construir los espacios donde poder serlo con calma, porque a menudo notas los ojos de otros lamiéndote el cogote como por cotillear, como por controlar.     Así que Ezz propone que hablemos mientras él conduce aleatoriamente por el camino que va de Alejandría al lago. Y que las ideas vayan rulando mientras rodamos carretera arriba, carretera abajo. Dice Ezz que lo prefiere así porque sentados en la ciudad, la mirada de los demás nos atascaría las palabras.   

Ezz es joven, tiene el pelo muy rizado y muy largo, se está dejando crecer la barba y viste camisetas con eslóganes en muchas lenguas que no son árabe. Hay muchos chicos con barba en la ciudad y otros tantos con el pelo afro. Hay unos cuantos con camisetas contestatarias que como Ezz reconstruyeron su identidad allá por el 2011 al hacerse sujetos políticos. A pesar de su juventud, la generación de Ezz narra sus últimos cinco años con la precisión de un biógrafo, en gran medida porque son y se han hecho a golpes, un Yo que camina por las calles de Alejandría.     

Le pregunto cómo cree que le ven los otros y me dice:

E: Según su definición, yo soy un concepto. No soy una persona. Y lo notas, en sus ojos, cómo te miran. Se fijan en tu manera de vestir, tu manera de hablar, tu manera de fumar, incluso en tu manera de andar, la manera que tienes de mirar cosas que ellos no están acostumbrados a ver. Y piensan que eres extraño porque los ojos con los que miras a tu alrededor no son como los suyos.
 
Ser Él:
 
Ser uno mismo despierta suspicacias en las calles de una ciudad donde la uniformidad es invisible pero haberla hayla en cada esquina. Cuando sales a lo público, al exponer tu piel al sol y a los demás, es inevitable buscar pistas para distinguir quién es el Otro imaginario, saber qué le gusta y qué le disgusta, saber que te observa y te vigila.
 
M: ¿Quién es Él?
ETiene dos paquetes de tabaco en la mano. Uno es de marlboro y el otro es de LM. En la otra mano tiene dos teléfonos móviles. Uno pequeño para los negocios y otro más grande para las aventuras, para el Facebook y el WhatsApp para compartir mogollón de cosas sobre lo fuerte y guapo que es Sisi y sobre su capacidad de gobernar  el país.
Tiene 30 o 35 años. Tiene un hijo o está a punto de tenerlo. Está casado con una chica a la que buscó sólo para que fuera su esposa tras haber tenido unas cuantas relaciones con otras chicas a las que ahora trata de putas. Pero quería una mujer pura, porque él merece una mujer como dios manda. Pasa mucho tiempo en esos bares de Miami o de Sidi Bishr, ese tipo de cafeterías sin ningún tipo de gusto, que no tienen identidad, que son solamente comerciales, turísticas. Que tienen el gusto de las cosas que no saben a nada.
Vive en un edificio viejo de la antigua Alejandría, en Mansheya por ejemplo. Tiene un poco de barriga, el pelo engominado y nunca ha pensado en hacer las cosas de una manera distinta a cómo le han dicho que hay que hacerlas. Está convencido que existe un enemigo, pero no se da cuenta que el único enemigo de esta sociedad es la propia sociedad.  Y el enemigo está siempre lejos. Y el enemigo siempre intenta convencerte de salvar la sociedad matando a otros.
 
Ser la Gente:
 
Pero Él, este él paradigmático, es parte de la Gente que vive entre nosotros de la misma manera que nosotros nos mezclamos en ella. Sin lograr pasar nunca del todo desapercibidos, Él y su gomina, Ezz y su barba, suceden entre la gente sabiendo que hay que estar al quite, porque entre la gente se esconde el enemigo. Por eso Él mira alrededor intentando identificarle, por el bien de todos. Pero ser enemigo o ser víctima depende del color de las gafas de sol con qué la autoridad dispersa nos mira.
 
M: ¿Quién es la víctima?
E: Es aquella gente que por alguna razón cree que puede haber una posibilidad ínfima de que la sociedad cambie. En una u otra dirección: para ser más islamista o para ser más radical. O pueden ser incluso los que no esperan ningún cambio pero se quejan por la subida de precios. Estos serán víctimas. Puede ser una víctima la gente que ha apoyado y coreado la represión indiscriminada y la sangre, cualquier día las víctimas pueden ser ellos. Porque en esta sociedad todo el mundo es una víctima. Todo el mundo es una víctima pero no nos damos cuenta.
 
En la cosa de ser víctima hay muchas gradaciones, a pesar de que ser culpable se juegue a cara o cruz en blanco y negro. Y eso todo el mundo lo sabe, cuando se queda en casa o sale a la calle. Cuando habla del tiempo, o de la tele, o de la familia. Ser la gente es en realidad decidir muchas cosas todo el rato y negociar constantemente hasta qué punto se es uno mismo entre los demás.
 
E: Cada uno tiene un compromiso, una elección. Y a veces la gente escoge querer ver una alternativa aunque lo pague con la vida. Este tipo de compromiso es la razón principal por la cual muere la gente, yendo a cualquier acto. Es el único compromiso que la gente hace, porque en este país es realmente difícil decir algo sin que te golpeen. Hay una porra por cada palabra y una bala por cada eslogan. Y para ellos, este tipo de sonidos tiene valor. Si hablas sólo durante un par de minutos, te apalearemos. Si hablas durante más de diez minutos, te condenaremos a cadena perpetua. Y si hablas durante cuatro años, podemos matarte. Es un juego de valores que la gente intenta desentrañar. Y cuando logran entenderlo, deciden hablar durante el mayor rato posible. Y así es como acaban perdiendo la vida.
 
Ser gente es hacer ruido, dándole al claxon en el tráfico o cantando consignas. Y en el riesgo de este ruido, surge la identidad del mártir, que es a la vez un alguien muy concreto y un nadie entre otros muchos.
Cuando le pregunto a Ezz cómo se hace el viaje que va de la muerte de un Yo, que podría ser casi cualquiera, a la celebración de un mártir, me dice:
E: El hecho de que hayas sido asesinado dice mucho acerca de ti mismo. Nos dice mucho porque has sido asesinado, y puede que esto sea un estereotipo, pero si la policía te ha matado es porque tal vez habías encontrado por un momento un espacio en contra de este régimen, no sé. Y celebrar a los mártires puede ser una manera de celebrar ese momento. Porque en esta sociedad hay vacíos. Un vacío entre dos grupos: uno que lo controla todo y el otro que se encuentra siempre a la contra. Y la única manera de probar que hay un vacío, que existe, es esta gente siendo asesinada cuyos cuerpos caen en el vacío.
 
Ser Nosotros:
 
Sin embargo, por el vacío transita todo el mundo sorteando a la autoridad y al miedo y al efecto que inflige en una masa a la que perteneces sin que nadie te haya preguntado. El Él engominado y mi amigo Ezz son la misma gente cuando se cruzan en la panadería y en el censo electoral, a pesar de mirar las cosas desde rincones diferentes.
 
E: La situación les afecta, compartimos la misma realidad, esto es un hecho innegable. Puede que compartamos los mismos sacrificios, compartimos muchas cosas sin saberlo.
Comparten el calendario y a pesar de ello, desde 2011, las fechas no significan lo mismo para todos. Transicionar es enunciar un Nosotros que contiene a la gente sin necesariamente invitar a los Yoes que la conforman. Un Nosotros mayúsculo desde el cual la autoridad anuncia las victorias y las amenazas, un Nosotros mayestático ante la pira donde arden palabras que suenan bien cuando no las practicas: revolución, democracia, pueblo. Nosotros, que no es nadie, obrando en nombre del bien común.
 
M: ¿Quiénes son nosotros? ¿"Nosotros" son los ganadores?
E: Sí, se podría decir así. Pero los ganadores ¿de qué? Los ganadores de…cómo lo diría…no sé, los ganadores de la voz más fuerte. Los ganadores del micrófono. Sí, no lo sabría decir de otra manera. Los ganadores que saben que en esta sociedad su voz es más fuerte que la de otros. Aunque estoy seguro que nunca han ganado nada. Porque si hubieran ganado algo, no estarían siempre tan asustados, tan intimidados.

 

M: Pero tener una voz fuerte y colectiva ¿no es eso lo que pasó durante los 18 días de 2011? Eso fue una victoria, ¿no?
E: Yo no diría que la victoria sucediera porque en un momento dado tuvimos la voz más fuerte. Sino más bien porque hubo un momento en que decidimos tomar el micrófono, aun cuando las reglas del juego no lo preveían. La victoria es que el micrófono pasó por nuestras manos. Esto es ganar, no porque habláramos más alto (…) Su voz siempre es más fuerte, por sistema, en cambio no está dado que un día nosotros tomemos el micrófono. Ahí radica la posición ganadora del régimen. Y esto es lo que perdieron y todavía no han podido recuperarlo por mucho que griten, aun con miles de altavoces y televisores. Porque esto no puede cambiar el hecho de que ya hemos escuchado nuestras voces mientras gritábamos en el micrófono.

 

M: Y tú ¿qué celebras?
E: No sé, puede que llegado a este punto no haya nada que celebrar. Puede que lo único que podamos celebrar es la sangre de la gente que estuvo a nuestro lado en un momento dado. Celebramos esto. Puede que sea esto lo que celebremos porque seguimos vivos y todavía nos queda ruido por hacer, y puede que a esta gente, a los mártires, les gustara hacer sonidos. Así que les celebramos haciendo sonidos a su alrededor cuando les van a enterrar. Tal vez es una manera de darles su conmemoración final, haciendo sonidos alrededor de su cuerpo muerto, porque ya ellos no pueden hacer sonidos con nosotros. Puede, no estoy seguro. Sigue extrañándome la manera que tenemos de celebrar la sangre. Se me hace raro el hecho que sigamos celebrando 2011. Yo mismo, sigo celebrando 2011. ¿Por qué? Porque muchos murieron. ¿Por qué? No sé, murió mucha gente y no ha cambiado nada. Pero no, algo ha cambiado. Yo he cambiado. Y es por esto que lo celebro. Lo celebro por la sangre. Porque la sangre me ha cambiado.

Ser Estando:

Llevamos una hora y media circulando, siendo un punto que se desplaza por las carreteras de Google Maps con las ventanillas abiertas y el cenicero a reventar. Mientras hablamos pasa por nuestro lado una pick-up azul de Policía. Uno de los policías nos mira, mira a Ezz y me mira a mí. Ezz sigue conduciendo y fumando y yo hago como que sonrío un poco y sigo preguntando mientras la pick-up se aleja. Nada relevante la verdad, pero pasado un rato le pregunto a Ezz si se ha dado cuenta y cuál ha sido su reacción.
 
E: Sí, he visto que bajabas el micro y he visto a la Policía. Y no he hecho nada especial, en estas situaciones creo que la mirada es una buena respuesta: mirar al soldado o al policía a los ojos. Porque estoy convencido que a lo largo de nuestra vida se suceden micro-luchas y puedes batallarlas con un contacto visual. 
 
Si decido no mirarles de frente a los ojos habré aceptado su posición, habré confirmado que es alguien poderoso. Y mirarles a los ojos puede ser una forma de decir que somos iguales. Que tenemos el mismo poder y que el hecho que esté en el lado de los que hablan fuerte, el hecho que tenga muchas balas no le he hace poderoso. Porque el poder no es algo que se obtenga materialmente, es algo que está a nuestro alcance. Es algo que tenemos dentro y podemos sentir.
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