Argentina
Pasado, presente y futuro de los movimientos populares argentinos en lucha

Los autores hablan sobre la transformación de los movimientos de base en Argentina cuando se cumplen diez años del asesinato de los ’piqueteros’ Maximiliano Kosteki y Darío Santillán a manos de la policía.

27/06/12 · 14:56
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Texto de Joaquín Gómez, Fernando Stratta, Pablo Solana y Mariano Pacheco

Muchos, millones, lo primero que conocieron de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron sus asesinatos televisados, el 26 de junio de 2002, a las 13.40 horas, en vivo y en directo. Pocos meses después de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 que buscó clausurar la década neoliberal, el gobierno del entonces presidente del Partido Justicialista, Eduardo Duhalde, ordenó una represión “aleccionadora”. Las reiteradas imágenes del comisario a punto de dispararle por la espalda a Darío y de su cuerpo agonizante maltratado por los policías, generaron un inmediato repudio social. Por eso fracasó la maniobra represiva y el presidente debió huir anticipadamente del gobierno. Los asesinatos de Darío y Maxi se convirtieron en uno de los hechos más importantes del año más conflictivo de las últimas décadas en Argentina. De ahí en más, cualquier intento de represión violenta a la protesta social sería desautorizado socialmente por la referencia ineludible a estos crímenes, agitando en la memoria colectiva aquellas dolorosas escenas.

Una década después, más presentes que nunca, los valores de solidaridad y compromiso que expresó Darío en su último gesto de una “solidaridad extrema”, tal y como quedaron cristalizados en aquellas imagenes, son retomados por agrupaciones barriales, estudiantiles, culturales, bibliotecas, bachilleratos populares y cooperativas de trabajo autogestivo, que hoy llevan los nombres de Maxi o Darío. A través de ellos se establece la primera conexión con el río subterráneo de una historia insondable y poderosa: la historia de los que luchan, la historia de los que no aceptan la esclavitud en ninguna de sus formas. “Darío y Maxi no están solos”, puede leerse en una de las paredes de la Estación Avellaneda, hoy rebautizada Darío y Maxi. Y debajo de sus rostros dibujados, “El mejor homenaje: multiplicar su ejemplo, continuar su lucha”.

 Durante los últimos 10 años mucha agua ha corrido bajo el puente. Y muchas movilizaciones siguieron realizándose, también,sobre el puente. El mismo simbólico Puente Pueyrredón. Los Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD) donde Darío y Maxi militaban han ido transformándose, en viva relación con los cambios que las distintas coyunturas fueron imponiendo. Así, el trabajo de base realizado en distintas barriadas populares ha confluido junto a otras experiencias de organización popular de trabajadores, estudiantes, colectivos de arte y de género, de comunicación y pensamiento crítico que se fueron construyendo, con esa misma perspectiva, esa misma apuesta, por la gestación de una nueva izquierda, popular y con vocación revolucionaria.

Por ello es necesario que, junto con la conmemoración y el reclamo por justicia, sea puesta de relieve la vital importancia y la vigencia de aquellas luchas. Desde sus inicios las luchas por trabajo, en un contexto de desocupación masiva y precarización de la vida, estuvieron ligadas a los anhelos de promover un cambio social profundo, que hiciera realidad otro tipo de sociedad, sin injusticias, sin opresores ni oprimidos. Esta convicción, la misma que impulsó a Darío en su gesto de plena humanidad, es la que motivó a las organizaciones de base asentadas en las barriadas a transformarse en el germen de una experiencia política de nuevo tipo que, con menor visibilidad que en aquellos años, ha logrado crecer y profundizar sus tareas en el territorio durante toda esta década.

Es el caso de muchos de los MTD que el 26 de junio de 2002 confluían en la Coordinadora Aníbal Verón. Desde 2004 esos movimientos, junto con estudiantes, trabajadores, artistas y comunicadores, dieron forma a una herramienta política y social, el Frente Popular Darío Santillán. Se trata de una organización que reivindica el trabajo de base y la democracia desde abajo para proyectar, junto a las organizaciones hermanas de nuestro país y Nuestra América, el Poder Popular a todos los planos de disputa. El objetivo sigue siendo cambiar desde la raíz este sistema: el capitalismo. Neoliberal antes, “en serio” ahora, pero fuente de injusticias siempre. Si este crecimiento es posible, es porque dentro de este mismo horizonte anticapitalista -que tomó nuevos bríos en las últimas décadas en distintos rincones de Latinoamérica, pero también de Europa tras la contundencia de la crisis reciente- fue creciendo en nuestro país un nuevo espacio político denominado como “nueva izquierda”, “izquierda autónoma” o “izquierda independiente”, según quien la mencione. Efectivamente, se trata de un espacio político todavía en construcción que tiene en la rebelión popular del 20 de diciembre de 2001 y en la figura de Darío Santillán, referencias ético-políticas insoslayables, coordenadas que desbordan las fronteras y tradiciones de tal o cual agrupamiento.

 Darío y Maxi se convirtieron en expresión de una juventud dispuesta a dar pelea, a batallar por una sociedad más justa. Ambos son símbolos de lucha que el pueblo hizo propios después de sus asesinatos. La figura del mártir, la construcción del mito, inevitable -y necesaria- como alimento espiritual de cualquier proceso social o político, siempre conlleva un riesgo para quienes quedamos marcados a fuego por aquella huella indeleble. Obligados a una lucha por justicia todavía incompleta (por la impunidad de Eduardo Duhalde, Felipe Solá y los miembros de sus gabinetes de gobierno) y en permanente tensión para mantener lo conseguido (la perpetua al comisario Fanchiotti y el cabo Acosta, recientemente puesta en duda), la historia podía reservarnos el lugar de meros “custodios de la memoria”. Lejos de caer en la idealización del gesto y la añoranza del pasado, los MTD comprendieron que era la proyección política integral la que iba a superar aquel riesgo.

A diez años, las organizaciones herederas de aquellas luchas piqueteras expresan un desarrollo social y político que excede al de sus orígenes. Poseen un potencial inimaginable en aquel entonces y no claudicaron en ninguno de sus principios. Darío y Maxi expresan, justamente, esa búsqueda por escapar de los dogmas de una izquierda anquilosada en lógicas y métodos políticos que se demostraron inconducentes. Y también el rechazo completo al oportunismo conformista que restringe la política a las negociaciones y el posibilismo. De allí que este nuevo espacio político reafirma la convicción revolucionaria y la necesidad de un socialismo distinto al que se conoció durante el siglo XX. Un socialismo latinoamericanista, prefigurativo y desde abajo. Basta escuchar las grabaciones de las entrevistas realizadas a Darío Santillán para encontrar en sus palabras, correlato directo de su práctica piquetera, las semillas fundantes de este proceso de construcción de Poder Popular que hoy cuenta en nuestro país con la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina (COMPA) y con otras experiencias de articulación afines que, juntas, se proponen coordinaciones políticas más amplias como el “Espacio 20 de diciembre”.

Los sucesos trágicos y ejemplares de la masacre de Avellaneda, qué duda cabe, constituyen un acontecimiento político disruptivo de la historia argentina y han calado hondo en memoria de las luchas de nuestro pueblo.

29 muertes a manos de la policía durante la etapa K
por Martín Cúneo

«¿Quién puede llamar represor a un Gobierno que habla permanentemente de la defensa de los derechos humanos, que reivindica las luchas de los '70?», se pregunta María del Carmen Verdú, de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi). Según el informe [Criminalización de la protesta, de marzo de 2012->http://encuentromvyj.files.wordpress.com/2012/03/informe-criminalizacion..., desde que Néstor Kirchner asumió el poder, 29 activistas han sido asesinados por la policía o sectores vinculados con los poderes políticos o policiales.

Uno de ellos fue Mariano Ferreyera, activista del Partido Obrero, apenas siete días antes de la muerte de Néstor Kirchner. Unos trabajadores 'tercerizados' del ferrocarril reclamaban condiciones dignas de trabajo cuando una 'patota' de la Unión Ferroviaria -gremio afiliado a la central mayoritaria y oficialista CGT- atacó con armas de fuego la protesta.

De la misma forma que las empresas 'tercerizan' la producción para incrementar las ganancias, Verdú habla de «tercerización de la represión». Y pone otro ejemplo: «En 2004, cuando los Kirchner viajaron a Tucumán para un acto público, los desocupados de la zona se habían organizado para manifestarse contra el Gobierno. Quienes los reventaron a golpes no fue la policía, fue otra organización de desocupados que entonces apoyaba al Gobierno. Ejemplos como ése hay a patadas. El Estado utiliza estos mecanismos para lavarse las manos». Después de las masacres de diciembre de 2001 y de enero de 2002, el gobierno central ha procurado no cargar con más muertos. Para Verdú, ha sido la «burocracia sindical» y las policías provinciales -en ocasiones de gobiernos kirchneristas- quienes han asumido la represión de las movilizaciones sociales.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    30/06/2012 - 11:35pm
    <p class="spip">Izquierda independiente?, nueva izquierda?, izquierda autónoma?... quiénes son?? acá en Argentina no los conocemos... sólo conocemos a todos los partidos de la oposición (que son de derecha... aunque la mayoría camuflados), y el partido del gobierno, aliado a todos los organismos de Derechos Humanos (Hijos, Abuelas, Madres de Plaza de Mayo)... quien conoce la historia Argentina sabe algo de ellos (es la única izquierda real que conocemos).</p> <p class="spip">Para trabajar en la Argentina de hoy, estos grupos no tuvieron que renovarse ni cambiarse el nombre... son los que lucharon siempre y ahora están viendo los frutos de esa lucha. Cualquier otra cosa, en la Sudamérica de hoy, que no se afile a la mayoría de los gobiernos populares, no es más que un títere de las corporaciones, dispuesto a entorpecer.</p> <p class="spip">Yo creo que esta "nueva izquierda" debería luchar contra Macri (el que organizó junto con Duhalde la matanza de esos 29 muertos de los que habla el artículo), contra Clarín, contra los Gobiernos extranjeros que quieran pisotear la soberanía nacional... y no se los ve hacerlo, seguramente porque no hace falta, para eso ya está trabajando el Gobierno K, hace 10 años.</p> <p class="spip">Si por el contrario, la lucha de esta izquierda nueva se centra en atacar al Gobierno, entonces no es nueva, es el mismo Partido Comunista Argentino, que en épocas de la última dictadura, entregó personas para salvarse. La historia los condenó y los seguirá condenando, aunque cambien de nombre.</p> <p class="spip">Independiente, nueva, autónoma, son categorías necesarias en Europa, despierten, esto es América del Sur, acá la categoría es "popular" y con eso alcanza y sobra... independientes se dicen los medios hegemónicos, "nuevo" es el cliché que usa el mercado para venderte un producto idéntico a los anteriores, autónomo huele a la libertad concebida por los liberales.</p> <p class="spip">No somos independientes, nos sentimos parte de un colectivo latinoamericano que está emergiendo con fuerza. No somos nuevos, somos los mismos que venimos luchando contra la opresión neoliberal desde hace décadas, y no bajamos los brazos. No hablamos de autonomía... hablamos de libertad e integración, porque antes que las normas, está la legitimidad, en las democracias de nuestra patria grande.</p> <p class="spip">De qué partido soy?... de ninguno, simplemente puedo decir lo que muchos en mi país dicen: "yo la voté para que haga lo que está haciendo".</p> <p class="spip">Por último; Kosteki y Santillán nunca van a ser una bandera política, son parte del pueblo que lucha, pero especialmente, que no olvida.</p>
  • Cartel en homenaje a Darío y Maxi en la estación de Avellaneda, donde ambos activistas fueron asesinados a sangre fría por la policía. El cartel recoge el famoso gesto de Darío, recogido por las cámaras, instantes antes de ser disparado él mismo. Foto: C
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