TRANSGÉNERO // DEMANDAN LA CREACIÓN DE MÓDULOS ESPECÍFICOS PARA MEJORAR SU SITUACIÓN
Transexuales en las cárceles:vivir una condena doble

Las dificultades a la que
se tienen que enfrentar
quienes quieren cambiar
su sexo se multiplican en
las prisiones: más abusos
y persecuciones en un
marco hostil a la libre
elección de la identidad.

16/06/06 · 20:52
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MÁS TRABAS. La complejidad del proceso de reasignación de sexo aumenta en el caso de las personas reclusas. // Javier Ortiz

El intento de suicidio de María
Jesús Lastra en la cárcel de Villabona,
Asturias, en 1998, llamó la
atención sobre la difícil situación
del colectivo transexual en centros
penitenciarios. Siete años
después, sigue luchando desde la
asociación Soy Como Soy de
Gijón por sacar de la invisibilidad
los problemas que sufre la población
reclusa transexual. Su batalla
logró las primeras resoluciones
que recomiendan la creación
de módulos específicos para transexuales
y que le permitieron
usar ropa de mujer en cárceles
masculinas: “La lucha del colectivo
transexual pasa por conquistar
el derecho a vivir conforme a
tu sexo psicosocial, incluso en
prisión”.

Cacheos injustificados, imposibilidad
de hormonarse, acoso,
persecución y represión. Asociaciones
de transexuales han denunciado
ante la justicia la situación
extrema que viven en las
cárceles españolas a causa de la
adscripción a módulos que no les
corresponden. La normativa penitenciaria
atiende, en principio,
a criterios como la emotividad, el
estado físico o los antecedentes a
la hora de organizar la vida en
prisión. Sin embargo la Federación
Estatal de Lesbianas, Gays
y Transexuales sostiene que, en
la práctica, no es así. Se les aplica
una versión parcial y reduccionista
de los reglamentos, lo que supone
una vulneración del derecho
al libre desarrollo de la personalidad
y la propia imagen, derechos
reconocidos por la Constitución
Española.

Una reciente resolución de la
Dirección General de Instituciones
Penitenciarias permite que
cualquier persona transexual interna
pueda solicitar el traslado a
una prisión conforme a su identidad
de género, siempre y cuando
se haya sometido a la “cirugía de
reasignación de sexo”. El término
‘cambio de sexo’ es rechazado
por los colectivos transexuales:
“no hay nada que cambiar, se trata
de corregir”.

En caso de no mediar operación,
el interno no tiene posibilidad
de elegir. Esta situación provoca
que los abusos y violaciones
estén a la orden del día, según información
de Berdindu, el servicio
vasco de atención a lesbianas,
gays, transexuales y bisexuales.

El rechazo laboral que sufren
diariamente los transexuales al
no coincidir su apariencia con su
nombre en el DNI aumenta el desempleo,
sobre todo de las transexuales
femeninas. Acaso pueda
atribuirse a ello el alto índice de
prostitución y criminalidad y lo
habitual de su presencia en las
cárceles. Los “trans masculinos”
suelen tener menos problemas
porque la modificación de los caracteres
sexuales secuandarios es
mucho más sencilla.

Es difícil saber el número de
población reclusa transexual.
Berdindu afirma que el colectivo
más afectado es el de las transexuales
latinas. La marginalidad
que sufren se suma a conflictos
familiares y sociales que pueden
derivar en trastornos psíquicos y
emocionales de no ser correctamente
tratados.

Decisión social

A pesar del acuerdo científico en
clasificar la transexualidad como
un trastorno de la identidad de
género, la Organización Mundial
de la Salud incluye la disforia de
género entre las patologías psiquiátricas.
La complejidad del
proceso de reasignación de sexo
aumenta en el caso de transexuales
reclusos. Aunque el Sistema
Nacional de Salud costea el tratamiento
hormonal y psicológico
(en Andalucía, también el quirúrgico),
resulta evidente la dificultad
de acceder a otras partes del
proceso, como terapia de voz,
electrólisis (eliminación del vello)
o cirugía genital, desde la cárcel.
En consecuencia, se producen
tratamientos incontrolados,
como amputaciones genitales y
dosis hormonales excesivas que
pueden provocar embolia o cáncer
de mama.

El coste económico del tratamiento
completo es de aproximadamente
14.000 euros, de
hombre a mujer, y unos 30.000
euros, de mujer a hombre. Un
gasto muy inferior al que soporta
la Administración por algunas
enfermedades crónicas. La Asociación
Española de Endocrinos
defiende que el cargo del tratamiento
a la Seguridad Social “es
una decisión social y sanitaria,
no económica”.

«Ficción de
hembra»

Hasta 1983, el Código Penal
español no despenalizó la
intervención quirúrgica de reasignación
de sexo. En el 87,
el Tribunal Supremo reconoció,
por primera vez, el derecho
de una transexual femenina
a cambiarse el nombre en
el DNI, matizando que este
trámite no suponía una equiparación
absoluta con la
mujer. La sentencia establecía
un resbaladizo concepto,
el de 'ficción de hembra'.
El Parlamento Europeo pidió,
en 1989, a los Estados
miembros de la Unión que
regularan el derecho de transexuales
a la reasignación de
género y la prohibición de las
discriminaciones. El vacío
legal en nuestro país dificulta
la solución de los problemas
de presos transexuales y de
otros conflictos cotidianos. El
único intento legislador
español es una Proposición
de Ley sobre el Derecho a la
Identidad Sexual presentada
al Parlamento por Izquierda
Unida en 1999. La proposición
sigue pendiente de
debate en el Congreso.

Tags relacionados: LGTBIQ
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