ENTREVISTA // JESÚS LÓPEZ SÁEZ, SACERDOTE
“Si la muerte del Papa Luciani fue por causas naturales, hay muchas cosas inexplicables”

El 29 de septiembre de 1978, el Papa Albino Luciani, conocido como Juan Pablo I, apareció muerto en su cama, cuando llevaba tan sólo 33 días
de Pontificado. Según el comunicado oficial, murió de un infarto agudo de miocardio. Sin embargo, desde el primer momento esta explicación no resultó suficiente y fue muy contestada. Cuando se cumplen 27 años de su muerte, DIAGONAL ofrece un extracto de una entrevista difundida por la publicación andaluza ‘Queda la Palabra’ con Jesús López Sáez, sacerdote que ha investigado sobre la muerte del Papa Juan Pablo I.
TEXTO DE DANIEL HERRANZ

18/05/06 · 15:53
Edición impresa


QUEDA LA PALABRA.: ¿Qué le
llevó a indagar sobre la muerte del
Papa Luciani, más conocido como
Juan Pablo I?

JESÚS LÓPEZ SÁEZ: Fue el encuentro
con el libro de David
Yallop, titulado En nombre de Dios.
El autor inglés tuvo el mérito de decir
en 1984, tras casi tres años de
seria investigación, que si la muerte
del Papa Luciani se produjo por
causas naturales, entonces hay muchas
cosas que son inexplicables.
Sin embargo, si se produjo de forma
provocada, entonces se entiende
todo. Además, aspectos importantes
de su investigación se han
confirmado después: la forma en
que se encuentra el cadáver, la buena
salud de Luciani, las decisiones
adoptadas por el Papa en asuntos
financieros, la responsabilidad del
IOR (Banco Vaticano) en la quiebra
del Banco Ambrosiano, la vinculación
de ambos bancos con la
desaparecida logia Propaganda
Dos (P-2), la serie de asesinatos y
atentados con fines intimidatorios,
relacionados de uno u otro modo
con la logia P-2.

Q.P.: Según usted, ¿quién ha matado
al Papa Luciani y por qué?

J.L.S.: Hay quienes dan nombres y
apellidos. Sin embargo, a mi modo
de ver (hoy por hoy) no se puede
responsabilizar a nadie en concreto
de la muerte del Papa Luciani.
Una cosa es descubrir qué ha pasado
y otra descubrir quién lo ha hecho.
Las mayores sospechas recaen
en la logia P-2, aunque hubiera
cierta colaboración dentro del
Vaticano. Juan Pablo I había tomado
decisiones importantes y arriesgadas,
que podían encontrar fuerte
oposición dentro del Vaticano.

Q.P.: ¿Es verdad que un periodista
italiano divulgó una lista de masones
entre los que se encontraban
trabajadores y altos cargos del
Vaticano?

J.L.S.: Sí, fue Mino Pecorelli, que
era miembro arrepentido de la logia
P-2 y tenía estrechos contactos
con los servicios secretos italianos.
El 12 de septiembre de 1978 publicó
un número de su revista Osservatore
Politico (OP) titulado La
gran logia vaticana. En ese número
aparece una amplia lista de presuntos
masones vaticanos. Pecorelli fue
asesinado el 21 de marzo de 1979.

Q.P.: ¿Sobre qué hechos se basa su
reconstrucción de lo sucedido?

J.L.S.: Más que una reconstrucción
detallada de lo sucedido, hay hechos
y testimonios que tienen relevancia
judicial. En primer lugar, la
forma en que se encuentra el cadáver
no responde al cuadro típico del
infarto: todo está en orden, no ha
habido lucha con la muerte, tiene
unas hojas en la mano. Lo dijo sor
Vincenza, la religiosa que descubrió
el cadáver: “En la mano derecha
tenía unos folios, sobre el rostro
tenía las gafas. Todo estaba en
orden sobre el lecho y la estancia”.
En segundo lugar, según declaró
en 1993 a la revista 30 Giorni el doctor
Da Ros, médico personal de
Luciani, el Papa estaba bien de salud
y él no recetó nada aquella tarde:
“Aquella tarde yo no le prescribí
absolutamente nada, cinco días
antes lo había visto y para mí estaba
bien”. En tercer lugar, según el
testimonio de la misteriosa persona
de Roma (para mí, el cardenal
Pironio), el Papa había tomado decisiones
firmes en asuntos financieros
(reforma del IOR y destitución
de su presidente), y había decidido
hacer frente (abiertamente, delante
de todos) a la masonería y a la mafia.
Dijo el Papa Luciani al secretario
de Estado, cardenal Villot: “El
presidente del IOR debe ser sustituido”,
“yo he padecido ya de obispo
amarguras y ofensas por hechos
vinculados al dinero. No quiero que
esto se repita. El IOR debe ser íntegramente
reformado”, “la masonería,
cubierta o descubierta, como la
llaman los expertos, no ha muerto
jamás, está más viva que nunca.
Como no ha muerto esa horrible
cosa que se llama mafia. Debemos
plantarnos con valentía ante sus
perversas acciones”. Finalmente,
según el testimonio de Giovanni
Gennari, que fue profesor del
Seminario Diocesano de Roma y
ahora trabaja en el servicio de
prensa de la RAI, al Papa Luciani
se le hizo la autopsia y por ella se
supo que había muerto por la ingestión
de una dosis fortísima de
un vasodilatador, que le habría recetado
por teléfono su médico personal.
Pero, según declaró Da Ros,
él no recetó absolutamente nada
aquella tarde. Así pues, hay un medicamento
que su médico no receta
y que mata al Papa.

Q.P.: ¿Cómo ha tenido acceso a informaciones
secretas para encontrar
los indicios necesarios?

J.L.S.: Con tenacidad y paciencia,
durante veinte años no he ahorrado
esfuerzo alguno por recabar toda la
información posible: entrevistas, archivos
accesibles, bibliografía especializada.
De una forma especial,
he de destacar la fuente veneciana.
En octubre del ‘85, tras publicar un
pliego en la revista Vida Nueva sobre
la muerte y la figura de Juan
Pablo I, se lo envié a Mario
Senigaglia, que durante años había
sido secretario del patriarca
Luciani. Por mi parte, quería contactar
con la línea caliente de amigos
fieles a la persona del Papa
Luciani, de quienes esperaba que
estuvieran más allá de los fríos intereses
de la institución. Estaba en
juego no sólo la causa y las circunstancias
de su muerte, sino también
su figura y su testimonio. Casi a
vuelta de correo recibí una carta,
no de Senigaglia, sino de Camilo
Bassotto, testigo principal de la
fuente veneciana. Vi en sus líneas
las palabras de un amigo, que vibra
por un problema que no debería dejar
a nadie indiferente, sea creyente
o no: “Las sombras y las sospechas
van creciendo cada día. Quizá
el Papa Wojtyla podría tomar la iniciativa
de una clarificación que diese
al mundo la paz sobre la persona
de Luciani. No se podrá esconder
indefinidamente la verdad”.

Q.P.: Durante una entrevista, usted
ha citado a Don Germano, que sostiene
que Juan Pablo I sabía quién
sería su sucesor ya desde los primeros
días de su Pontificado. ¿Esto
quiere decir que el Papa Luciani sabía
de un complot contra él, o bien
había entrevisto el designio de Dios?

J.L.S.: En efecto, según el testimonio
de don Germano Pattaro, su
consejero teológico, el Papa Luciani
sabía a los pocos días de pontificado
quién sería y, además,
pronto, su sucesor. Lo cual no es
normal en un Papa recién elegido.
Juan Pablo I le dijo a don Germano:
“Me siento y soy más pobre que antes.
Soy el instrumento de un designio
de Dios que me supera y me
transciende. Por cuánto tiempo, no
lo sé. Pero no será por mucho. Ya
hay uno que tomará mi puesto. En
el cónclave estaba frente a mí.
Pablo VI lo había preconizado
cuando lo escuchó en las meditaciones
tenidas en el Vaticano durante
los ejercicios espirituales en
la cuaresma del ‘77”. A mi modo de
ver, es una pista a investigar, una
pista judicial. El que su destino personal
quedara situado dentro del
designio de Dios no quiere decir
que no hubiera complot contra el
Papa Luciani.

Presiones eclesiásticas

Q.P.: ¿Ha recibido usted presiones
de cualquier tipo del
Vaticano a causa de su libro?

J.L.S.: En 1985, cuando
publiqué mi primer escrito
sobre la muerte de Juan Pablo
I, yo trabajaba como responsable
de Catequesis de Adultos,
en el Secretariado correspondiente
de la Conferencia
Episcopal. Entonces se armó
un tremendo revuelo en el Vaticano
y se me cesó poco después.
Con motivo de la publicación
de mi libro Se pedirá
cuenta (1990), recibí una
carta, que considero impertinente,
del responsable de la
sección española de la Secretaría
de Estado. Con motivo
de la publicación de El día de
la cuenta (2002), del Vaticano
no recibí presiones; al menos,
directamente. De otras partes,
sí. Por ejemplo, el anterior
obispo de Ávila, diócesis a la
que pertenezco, amenazó con
retirarme las licencias ministeriales
(sacerdotales) en cuanto
el libro apareciera a la venta.
Por este motivo, el libro salió
en edición privada unos
meses después. Para entonces,
fuera por lo que fuera, el
obispo había sido trasladado
a la diócesis de Almería, aunque
todavía ejerciera como
administrador apostólico de
Ávila. Ahora acaba de salir la
edición pública.

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