ENTREVISTA // OMEYYA SEDDIK, ACTIVISTA DEL MOVIMIENTO INMIGRACIÓN Y EXTRARRADIOS FRANCÉS (MIB)
“Se espera un repunte de los disturbios para finales de año”

Aunque alejadas de las
portadas de los medios,
las tensiones sociales en
Francia no han
desaparecido. Un
activista social en los
suburbios analiza la
tensa calma instalada.

06/05/06 · 19:21
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INSURRECCION POPULAR. Así acaban de definir dos informes de los servicios de
información de la policía las revueltas de los suburbios franceses.

DIAGONAL: ¿Cuál es la situación
actual en los extrarradios?

OMEYYA SEDDIK: Ha habido un
aumento de la presencia policial y
de la represión, pero esto no tiene
una relación única y directa con la
instauración del estado de emergencia,
ya que eran habituales desde
hace tiempo. La consecuencia directa
de los disturbios ha sido una
serie de operativos policiales ‘puñetazo’
sobre barrios concretos, las llamadas
Zonas Urbanas Sensibles,
en el marco del dispositivo Grupos
de Intervenciones Regionales (GIR),
que son operaciones en las que participan
varios cuerpos de Policía
(aduanas, antidroga, brigada de información)
y del Ejercito [la Gendarmería
es un cuerpo militar, como
la Guardia Civil]. Un barrio es
rodeado y tomado policialmente y
se llevan a cabo registros en casas.
Es muy espectacular y violento. De
hecho, ése es el objetivo: la espectacularidad,
dar la sensación de que
se está haciendo algo. Son operativos
muy duros y traumáticos para
los barrios, que hacen aumentar
aún más la tensión. Estas operaciones
GIR se están multiplicando.
Perdura una enorme tensión social,
y el estado de emergencia está
siendo usado para facilitar el llevar
a cabo cualquier operación o dispositivo
sin justificaciones. En los medios
policiales y mediáticos se dice
que se espera un repunte de la
tensión para finales de diciembre,
alrededor de las fiestas de fin de
año. Las autoridades ya repiten
que esperan disturbios y han preparado
importantes fuerzas policiales,
así que nos podemos esperar
más enfrentamientos.

D: ¿Una legislación de emergencia,
creada para sofocar levantamientos
anticoloniales aplicada a los
extrarradios?

O.S.: Es que es la aplicación de políticas
coloniales para la gestión de
los extrarradios. El estado de emergencia
es un paso muy importante y
grave, sobre todo por dos cosas. Por
un lado, en lo simbólico: las autoridades
declaran que hay un enemigo
interno que debe ser enfrentado de
una manera colonial. Y justifica todo
un discurso que usa la retórica
del antiterrorismo para resolver los
conflictos. Evidencia la forma en la
que las autoridades gestionan y consideran
a las poblaciones de estos
barrios y las provenientes de la emigración
de las antiguas colonias.
Pero también evidencia una ruptura
y es un precedente: a partir de
ahora pueden hacer lo que quieran.
Se están usando hoy en Francia instrumentos
que no forman parte del
arsenal habitual de una democracia
tal como son descritas oficialmente.
Incluso a nivel del derecho y la ley,
se consagra que hay dos poblaciones,
dos derechos diferentes, y que
se puede suspender la legislación
común cuando se trata de un sector
de la población.

D.: ¿Quién ha salido beneficiado o
reforzado por la situación?

O. S.: A largo plazo, esto refuerza
el desarrollo de una política de
desmantelamiento y deconstrucción
de todas las formas de redistribución
heredadas del Estado de
bienestar. Tampoco hay ninguna
perspectiva de cambios radicales
de ningún tipo.
Pero a corto plazo se puede decir
que hay dos categorías de resultados.
La primera, la gente en los barrios
ha mostrado y se ha demostrado
a sí misma que cuando sufren
una agresión tan brutal como la que
han sufrido en estos últimos meses
por parte de las fuerzas represivas,
se defienden. Después, hoy, en el
discurso público, todo el mundo
habla de una situación de discriminación,
de desigualdad, de una
situación social muy dura, y nadie
puede decir ya que no es el problema
principal.

En segundo lugar, hay un recrudecimiento
del discurso y de las políticas
represivas y policiales y esto
es lo que está intentando utilizar el
Gobierno, concretamente el ministro
de Interior, ministro que se coloca
en la perspectiva de las elecciones
del 2007 y que tiene como
objetivo central imponer la inseguridad
como tema del debate electoral.
Porque si lo logra, la solución es
él, ya que encarna el ‘Señor orden’.
Son sus cálculos particulares.

D.: ¿Hay alguna posibilidad para
una intervención transformadora?

O.S.: La izquierda radical-radical
tiene el discurso habitual, se opone
a la política en marcha, pero no se
ha visto gran cosa: su principal reacción
ha sido, dos semanas después
de que empezaran los disturbios,
llamar a una manifestación por
el centro de París en el que éramos
unas 500 personas, con unos discursos
muy interesantes y bienintencionados,
pero dudosos desde el
punto de vista de una aplicación
real o concreta. Y los grupos que
intervenimos y curramos en los
extrarradios tampoco podemos
aportar soluciones milagrosas. Por
ahora, en el MIB hacemos lo que
podemos, pensamos que es necesario
un trabajo lento, ingrato y poco
visible de reconstrucción de las
capacidades políticas de las poblaciones.
Construir formas de autoorganización
en los barrios que
permitan a la gente dotarse de un
discurso autónomo, influir un poco
más en su propia realidad.

El resultado principal de estos
disturbios es la conciencia muy
fuerte y generalizada en los barrios,
que se palpa inmediatamente,
sobre la necesidad y la
urgencia de autoorganizarse, de
dotarse de los medios de defensa
y de establecer correlaciones de
fuerza que permitan una acción
que responda a las aspiraciones
de las poblaciones. Esta conciencia
dará resultados, pero no soy
capaz de decir en qué ni cuándo.

«Es una gestión antiterrorista de los conflictos»
_ «Más allá del bien visible
refuerzo de la represión,
hay muchas cosas inquietantes:
la voluntad muy
clara de las autoridades
de utilizar instrumentos de
tipo antiterrorista, de tipo
guerrero, casi militar, para
afrontar y gestionar los
conflictos sociales. Y esto
no atañe sólo a Francia,
creo que al Estado español
le concierne directamente
esta deriva del
estado hacia un estado
policial de gestión antiterrorista
de las poblaciones.
La gestión antiterrorista,
cada vez más, no se va
a centrar ya en un cierto
número de grupos políticos,
o en una parte de la
población, sino que se va
a convertir en un instrumento
privilegiado del
conjunto de la gestión de
las clases populares. Ya
no será un instrumento de
políticas de excepción,
sino uno de los principales
instrumentos de las políticas
sociales. Ésa es la
impresión que te queda
viendo la evolución de las
políticas públicas en
muchos países.»

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