DISPERSIÓN //
Protestas por la muerte de dos presos

El 27 de febrero aparecía muerto el
preso político vasco Igor Angulo en
la prisión de Cuenca. La versión del
centro es que se había suicidado,
ahorcándose con una cinta de cuero.
Pero, desde el primer momento,
tanto la familia del preso como diversas
organizaciones de la izquierda
abertzale lo pusieron en duda.
Angulo tenía 32 años y aunque llevaba
10 en prisión, condenado por
pertenencia a ETA, era padre de un
niño de siete años y esperaba un segundo
hijo. Nadie de su entorno había

, Redacción
19/04/06 · 23:40
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El 27 de febrero aparecía muerto el
preso político vasco Igor Angulo en
la prisión de Cuenca. La versión del
centro es que se había suicidado,
ahorcándose con una cinta de cuero.
Pero, desde el primer momento,
tanto la familia del preso como diversas
organizaciones de la izquierda
abertzale lo pusieron en duda.
Angulo tenía 32 años y aunque llevaba
10 en prisión, condenado por
pertenencia a ETA, era padre de un
niño de siete años y esperaba un segundo
hijo. Nadie de su entorno había
notado ningún indicio de un posible
suicidio. La autopsia sólo pudo
confirmar la muerte por asfixia, pero
no aclaró en qué circunstancias
se había producido. Organizaciones
políticas, sociales y de apoyo a presos
vascos responsabilizaron de su
muerte a la política de dispersión.

En medio de las movilizaciones
de protesta, el 3 de marzo se conocía
que Roberto Sainz había fallecido
en la enfermería de la prisión
de Aranjuez (Madrid), en este caso
por un infarto de corazón.
Sainz, preso preventivo desde septiembre
de 2003, por presunta colaboración
con ETA, había solicitado
ser sometido a pruebas médicas
porque tenía dolores en el pecho.
Instituciones Penitenciarias
afirmó que el preso había sido trasladado
a un hospital y sometido a
pruebas cardiovasculares. Sin embargo,
la abogada que representa
a la familia afirmó que sus dolencias
“no fueron tratadas como se
debía” y rechazó que se empleara
la expresión ‘muerte natural’.

El secretario de la central sindical
LAB reiteró su convencimiento de
que ambas muertes “eran evitables”
pues “estarían vivos sin la actual política
carcelaria”.

Durante toda la semana, se sucedieron
numerosos de actos de protesta.
La huelga convocada para el
9 de marzo en Euskal Herria tuvo
una desigual incidencia según las
zonas, pero la jornada estuvo jalonada
de múltiples paros y movilizaciones.
Todos estos actos fueron
prohibidos. Los diversos cuerpos
policiales se emplearon con fuerza
contra los manifestantes, dejando
numerosos heridos (varios de los
cuales tuvieron que pasar por hospitales)
y diligencias judiciales en
manos de la Audiencia Nacional. La
Ertzaintza llegó incluso a cargar duramente
contra las 7.000 personas
que protestaron en Gasteiz-Vitoria
en recuerdo de los cinco obreros
asesinados por la policía el 3 de
marzo de 1976 porque dos manifestantes
llevaban una ikurriña con las
fotos de los fallecidos.

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