BERLÍN | DOCE PERSONAS ENTRE 62 Y 82 AÑOS SE ENCIERRAN PARA DETENER UN PROCESO DE GENTRIFICACIÓN
Okupas en el hogar del pensionista

Un grupo de jubilados planta cara a los recortes en Alemania con un encierro que ha llamado la atención de los medios y de otros grupos políticos.

, Redacción
18/09/12 · 0:00

Las caras de cansancio delatan los
más de dos meses de ocupación que
un grupo de jubilados mantiene en
Berlín. En una bonita casona con
jardín que perteneció en otros tiempos
a la élite de la RDA, se han encerrado
una docena de ancianos de
entre 62 y 82 años para protestar
por la clausura de su hogar del pensionista.
Es la primera vez que personas
de la tercera edad ocupan
una casa en Berlín, famosa por las
masivas apropiaciones de inmuebles
tras la caída del muro. Ninguno
de ellos se había imaginado durmiendo
en una hamaca plegable entre
sillas y mesas en las salas donde
normalmente juegan al ajedrez o
reciben clases de idiomas. Sobre la
fachada, una enorme pancarta
reza: “esta casa está ocupada.
Apartad vuestras manos de ella”.

Desde hace décadas, las mayores
ciudades alemanas han experimentado
un aumento del alquiler de las
viviendas situadas en el centro que
ha obligado a las familias más modestas
a mudarse al extrarradio. Es
el fenómeno conocido como gentrificación,
y la casa okupa de estos
viejos berlineses es un ejemplo de libro.
Una construcción que, por su
situación en el centro de la ciudad,
ha cobrado un valor inusitado y cuyos
usuarios se verán obligados a
mudarse a otras instalaciones.

“Dijimos que ocuparíamos la casa
si pensaban cerrarla, y no nos tomaron
en serio“, asegura Doris Syrbe,
la directora del centro. La mansión
es el punto neurálgico de la vida social
de más de 300 ancianos del barrio.
Más de 30 grupos diferentes se
reúnen con regularidad en el edificio
.
Para muchos de ellos, este lugar
es su único centro de relaciones sociales.
Según el Ayuntamiento, el
acondicionamiento de la mansión
para acabar con las barreras para minusválidos
que recoge la ley costaría
unos 2,5 millones de euros. Ésa es la
razón oficial por la cual el centro debería
estar cerrado desde el 1 de julio.
La ciudad, endeudada, asegura
que no puede hacerse cargo de los
gastos. Sin embargo, “no hay ningún
informe pericial que diga que el edificio
esté en mal estado”, señala
Peter Venus, un vecino del barrio y
periodista jubilado que se ha ofrecido
a hacer de portavoz. “No se ha tenido
en cuenta que estas personas
en muchos casos no tienen familia y
separarlas ahora sería un drama”.

Mientras lava los platos, Elli
Pomerenke, de 74 años, comenta
que no se imaginaba ocupando una
casa. “A nuestra edad no creíamos
que fuese necesario todo ésto”.
Limpia los restos del pastel que les
han traído un grupo de jóvenes del
barrio de Neukölln. Fruta, comida
caliente... La solidaridad de los vecinos
ha traspasado todas sus expectativas.
Políticos, artistas y
otros colectivos okupas han hecho
acto de presencia en estos meses.
También el grupo de indignados
15M Berlín les visitó y preparó
unas tortillas y una pancarta que
cuelga en la sala de estar.

Sin embargo, las autoridades no
son tan entusiastas. Los jubilados
okupas han recibido una invitación
del Ayuntamiento para tratar la problemática.
Entre todos decidieron
declinar la invitación porque no querían
abandonar la casa. “Seguro que
aprovechan entretanto para cerrarla”,
comenta preocupada Brigitte
Hotschke, demás de 70 años. Están
abiertos al diálogo, pero dentro de
la casa. El plan del gobierno municipal
es realojar los diferentes grupos
en otras instalaciones separadas,
pues en el céntrico barrio no hay un
edificio ni espacio para crear otro
centro de ocio similar.

Los jubilados han dejado claro
que su protesta no es solo una acción
para salvar su hogar del pensionista.
“Es también un acto en
contra de la pobreza en la tercera
edad”, aseguraba su directora a
los medios de comunicación. En
Alemania, según el periódico Taz,
unos 660.000 jubilados se ven obligados
a redondear su pensión trabajando
.
Durante décadas se han
ido introduciendo recortes en todos
los ámbitos sociales. En pocas, contadas
ocasiones, hay dinero en la caja
para políticas sociales.

Gancho mediático

Prácticamente todos los periódicos
del país y las principales televisiones
han visitado la ocupación. Se están
rodando varios documentales
sobre esta singular historia. Ésta
es la primera ocupación de jubilados,
pero no la primera protesta.
Desde hace cinco semanas hay una
acampada en el barrio berlinés de
Kreuzberg contra el aumento de los
alquileres. Varios de los acampados
son también ancianos. Los más mayores
son cada vez más activos en
las manifestaciones alemanas, asegura
un estudio de la Universidad
de Göttingen. Uno de cada cinco
manifestantes en las protestas contra
el nuevo aeropuerto que se está
construyendo en Berlín, una inversión
millonaria cuyos costes tienen
sin aliento a los berlineses, eran
personas de la tercera edad. “Para el
aeropuerto sí que tienen millones y
millones, pero para unos pobres
jubilados no hay dinero, no es
justo”, repiten los jubilados okupas
de la calle Stille como un mantra.

No saben aún cuánto tiempo
prolongarán su protesta. “Es muy
cansado para nosotros hablar con
tantas personas todos los días, además
de que es muy incómodo dormir
aquí, pero nos iremos turnando”,
asegura Peter Klotsche, de 71
años. Cuando les preguntan qué
harán si viene la policía a desalojarlos,
contestan con una risita que
no se van. “Nos quedamos todos.
Saben que si nos desalojan ellos
salen perdiendo en credibilidad”.
En el último desalojo de una casa
ocupada en Berlín, la Liebigstrasse
14, que tuvo lugar en febrero del
año pasado, participaron unos
2.500 policías. Los okupas habían
construido barricadas y hubo 30
detenidos. El ayuntamiento descarta
una intervención policial.
“No se atreverán a desalojarnos,
¿quién puede desalojar a una abuelita?”,
pregunta Elli Pomerenke.

DESALOJAN LA
CASA TACHELES

La casa ocupada Tacheles cierra.
En sus 22 años de existencia este
inmueble del barrio de Mitte se
había convertido en un símbolo
más de Berlín. Sus más de 2.200
metros cuadrados albergaban a
medio millón de visitantes cada
año y aparecía en las guías turísticas
de la ciudad. El 1 de septiembre
acabó la disputa que durante
años mantuvieron los artistas, los
propietarios y los nuevos inversores.
La asociación cultural que dirigía
el centro no pudo hacer frente
a las cantidades reclamadas en
concepto de alquiler, que ascendían
a cien mil euros. En su interior
vivían aún alrededor de 50
artistas. Debido a su popularidad
y valor artístico, en su lugar sólo se
permitirá levantar un edificio relacionado
con la cultura.

Tags relacionados: Berlín Número 181 Recortes
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

Tienda El Salto