Malasaña y la emergencia

Madrid es cada vez más
la representación plástica
de la emergencia
como estrategia normal
de control social en los espacios
urbanos. Los sucesos de Malasaña
constituyen la materialización
concreta tanto del fondo de las
relaciones de poder en nuestros días,
como del modelo de sociabilidad
urbana impuesto tras décadas
de gestión neoliberal de la administración
municipal.

, sociólogo y vecino de Malasaña.
10/05/07 · 0:00
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Madrid es cada vez más
la representación plástica
de la emergencia
como estrategia normal
de control social en los espacios
urbanos. Los sucesos de Malasaña
constituyen la materialización
concreta tanto del fondo de las
relaciones de poder en nuestros días,
como del modelo de sociabilidad
urbana impuesto tras décadas
de gestión neoliberal de la administración
municipal.

La actuación policial de hace unos
días se sitúa en el centro de una dinámica
de biopoder, de poder sobre
las formas de vida urbanas, que encuentra
en la figura de la emergencia
su marco lógico de desarrollo.
La emergencia como estrategia ordinaria
de gobierno hace que la aplicación
de la ley pierda valor en favor
de operativos policiales más allá
de los propios marcos legales y normativos.
El Ayuntamiento de la ciudad
ha producido un estado de excepción
preventivo y lo ha hecho
vulnerando su propia legalidad, que
señala la viabilidad de consumir alcohol
en la calle los días festivos.

La policía ha experimentado en
Madrid un retorno a su originario
significado etimológico. En nuestros
días, la policía es el sujeto principal
de la politeia, del deber ser y el
buen gobierno de la polis (ciudad).
El Ayuntamiento ha liberado a la
policía municipal de sus tareas burocráticas
para llevarla a las calles,
volcada en la “prevención de los
comportamientos delictivos”. La
creación de los agentes de movilidad
para la gestión del tráfico o la
externalización de funciones administrativas
en empresas privadas
dan buena cuenta de un movimiento
que paradójicamente ha hecho
crecer no solamente las plantillas
policiales, sino el alcance cualitativo
de sus actuaciones. El control
del absentismo y la vida escolar de
la ciudad por parte de la llamada
‘Policía Municipal de Barrio’, por
ejemplo, ejemplifica una redefinición
de la acción policial en términos
de interiorización de la vida social
en su conjunto.

Con la emergencia, el control social
se convierte cada vez más en
control de enteras categorías de sujetos
a los que se imputa la producción
de riesgos para la vida social.
Desde hace años, los jóvenes han sido
declarados factor de riesgo y están
en el punto de mira de las políticas
municipales. Los sucesos de
Malasaña tienen más de proceso
que de evento puntual. No son más
que la punta del iceberg de un conflicto
social difuso en torno a la regulación
vertical de las formas de vida
y de ocio. Más allá de la relación
conflictiva con el ecosistema vecinal,
los jóvenes de Malasaña representan
una especie de infrapolítica:
dinámicas discretas de resistencia
que recurren a elementos indirectos
de expresión. Formas cada vez más
comunes de la política por abajo.
Defender el derecho a estar en la calle
constituye un gesto de reapropiación
de la política por parte de la ciudadanía.
Es posible que los jóvenes
que se han enfrentado a la policía
en Malasaña estén lejos de los de las
banlieues francesas, pero su acción
comparte un mismo sentido: defender
la sociedad.

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