ENTREVISTA / FRANK, ALEMÁN DETENIDO DURANTE EL DESALOJO DE UNGDOMSHUSET
“La solidaridad debe continuar”

Desde que hace dos meses las autoridades decidieron el desalojo de la Casa de la Juventud de la capital danesa, el conflicto se mantiene activo. Pese al derribo del edificio, las movilizaciones continúan.

26/04/07 · 0:00
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UNGDOMSHUSET. Imagen del edificio
antes de ser desalojado y derruido./Indymedia

DIAGONAL: El desalojo, aunque
sorpresivo, era esperado. ¿Cómo se
vivieron esos días?

FRANK: La gente estaba preparada
para resistir. Permanentemente había
entre 35 y 50 personas en el
Centro. Discutimos mucho sobre
las diferentes opciones que se nos
presentarían cuando vinieran a desalojarnos
y sobre nuestra capacidad
de resistencia. Estábamos muy preparados:
barricadas dentro y fuera
del edificio y medios para defendernos
cuando intentaran el asalto.
Nuestro dispositivo estaba preparado
para la defensa las 24 horas del
día. Pero también fue un tiempo
agradable porque el colectivo de
gente era muy agradable, y aunque
trabajábamos mucho llegaban numerosos
apoyos a Ungdomshuset.

D.: ¿Cómo fue el desalojo?

F.: Enviaron agentes especiales.
Dos compañeros vieron desde el tejado
llegar a la policía, pero apenas
tuvimos tiempo para reaccionar, en
seguida tiraron gases que no dejaban
ver nada, al mismo tiempo un
helicóptero se colocaba cerca del tejado.
Fue algo caótico y actuaban
de una manera realmente rápida.
Con cañones que lanzaban potentes
chorros de agua impidieron que
pudiéramos lanzar nada desde las
ventanas. En un par de minutos estaban
entrando por el tejado y tomando
el edificio planta a planta,
desde el exterior ya estaban rompiendo
las defensas, algunas muy
fuertes que teníamos también en las
ventanas. Las abrían con una escavadora,
iban haciendo agujeros en
los muros para pasar de una zona a
otra. No pudimos resistir ni media
hora en los diferentes puntos de defensa.
También dentro usaron chorros
de agua y gases para impedir la
visibilidad. La última defensa la hicimos
en una habitación muy pequeña.
Rompieron la puerta, echaron
gases; nos golpearon y el cuarto
se llenó de policías. Estuvimos unos
20 minutos detenidos en esa habitación
llena de gas, sin poder ponernos
nuestras máscaras antigás.
Luego nos llevaron a una comisaría
donde nos identificaron y fotografiaron.
Fuimos arrestados bajo
numerosos cargos: resistencia a la
autoridad, posesión de armas, actividades
ilegales... Durante horas
permanecimos en la comisaría
mojados por el agua y sin recibir comida.
Luego estuvimos 26 días en
prisión, hasta que a todos los extranjeros
nos deportaron. Nos recordaron
que no seremos bienvenidos
en Dinamarca. Antes del desalojo
la gente de fuera que estábamos
allí hicimos un colectivo; había
activistas de todas partes: Estados
Unidos, Nueva Zelanda, Holanda,
del Este de Europa, de Francia,
Noruega, muchos de Alemania...

D.: ¿Y la relación con el vecindario?

F.: El apoyo del vecindario, del barrio
de Nørrebro, fue genial. A veces
traían el desayuno, o daban
dinero para apoyar al centro y sus
actividades; una guardería cercana
fue otro punto de apoyo. Era gracioso,
nosotros vestidos de negro y
a veces con las capuchas y los niños,
que nos saludaban, sonriendo
y mostrando su apoyo. La mayoría
de los vecinos nos apoyaron; en la
ciudad mucha gente estaba contra
el desalojo, y a favor de buscar otras
vías. Y esto se vivía de una forma
increíble.

D.: ¿Siguen las manifestaciones o
intentos de abrir un nuevo espacio
autogestionado?

F.: Se ha intentado okupar nuevas
casas pero han sido desalojadas casi
inmediatamente, las acciones
continúan pero sigue habiendo mucha
presencia policial. Detienen a
gente sin motivo alguno. Es muy difícil
hacer algo, hay pequeñas acciones,
unas dos manifestaciones
por semana, una ruidosa siempre
frente a la cárcel donde continúan
35 personas presas. Gracias a ello
parece que el régimen dentro de la
prisión ha mejorado para ellas.

Muchos colectivos y unos diez
proyectos de vivienda comunitaria
fueron registrados por la policía de
forma brutal, con destrozo de muebles
y enseres. Buscaban activistas
solidarios. Pero es difícil que las autoridades
quieran ir a más, porque
ahora hay más iniciativas y grupos
luchando por los Centros de la Juventud
(Centros Sociales). Es una
lucha por los espacios autónomos,
no sólo por una casa. No creo que el
gobierno de la ciudad quiera tocar
los espacios más consolidados, sino
frenar la expansión de una iniciativa
como Ungdomshuset. Es importante
que la solidaridad con las
personas presas y con el centro
continúe. La gente que está encarcelada
se siente reconfortada sabiendo
que hay tantas muestras de
solidaridad, que la lucha del centro
ha salido reflejada en muchos lugares
y que son muchas las personas
que les escriben. Estas redes de apoyo
demuestran que la fuerza de la
resistencia puede usarse para algo
nuevo, quizá para que aparezca una
nueva generación de okupantes.


Apoyos internacionales

En Noruega, Italia,
Suecia, Francia, Grecia,
Australia o EE UU
se han repetido las
concentraciones, actos
de apoyo y okupaciones
de consulados
daneses. Las protestas
más llamativas y
numerosas han tenido
lugar en Alemania con
manifestaciones de
cientos de personas y
cortes de la autopista
que une ambos países.
En el Estado español,
diferentes grupos
han realizado
acciones en Barcelona
(okupación temporal
del consulado
danés) y en Madrid,
donde en el marco de
unas jornadas para
“dar soporte solidario
a los presos del Ungdomshuset”,
medio
centenar de personas
se concentraron ante
la embajada danesa.

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