GAZTETXES // PROSIGUEN LAS AMENAZAS DE DESALOJO JUNTO A LA PERSECUCIÓN JUDICIAL
La okupación en Navarra afronta sucesivos juicios con elevadas peticiones de cárcel

Parte de las iniciativas juveniles autogestionadas están
siendo criminalizadas ya sea con brutales desalojos
policiales, ya sea con la amenaza de juicios.

16/10/06 · 20:45
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HOSTIGAMIENTO. Los gaztetxes de Navarra no cuentan con un momento de respiro, y
al acoso policial se une la criminalización de los jóvenes./ J.S.

El próximo 19 de octubre serán juzgados
tres jóvenes por los incidentes
ocurridos durante el desalojo del
Gaztetxe de Barañain, localidad cercana
a Pamplona, en abril de 2004.
Se enfrentan a penas de hasta más
de tres años de cárcel por presuntos
delitos de atentado y resistencia a la
autoridad. En 2004, los vecinos del
pueblo asistieron a la ocupación policial
de sus calles y a los altercados
derivados del desalojo de un gaztetxe
que iba a cumplir, ese mismo año,
su décimo aniversario.
Además, en Pamplona, todos los
condenados por el desalojo del
Euskal Jai en agosto de 2004 van a
recurrir sus sentencias. Sentencias
que van desde los siete meses a los
dos años y medio de cárcel por acusaciones
de atentado, agresión o
desobediencia pero en ningún caso
por okupación porque, según la
Asamblea de Detenidos y Detenidas,
“la okupación no es delito”.

Las acusaciones les llegan a parecer
irónicas porque, según ellas,
“estábamos desarmadas y nuestra
resistencia fue totalmente pacífica
ya que las únicas personas agredidas
fueron las defensoras del
Euskal Jai y las vecinas y vecinos
por los brutales ataques y acosos de
las diferentes policías”.
Alrededor de 120 personas fueron
detenidas en aquellos días dentro del
gaztetxe, en la calle o en las acciones
de protesta contra el desalojo pero,
finalmente, sólo 40 fueron encausadas,
por lo que la asamblea ve, en
ello, una “criminalización selectiva”.
A pesar de todo, la asamblea declaró
en su momento y con firmeza, “lo
volveríamos a hacer”.

Denuncias de los vecinos

Por otro lado, durante el desalojo
del Euskal Jai -que duró tres días a
causa de la decidida e imaginativa
defensa de sus usuarios y la movilización
popular-, los vecinos y vecinas
del casco viejo tuvieron que
aguantar registros arbitrarios, interrogatorios
antes de entrar en sus
propias casas, identificaciones continuas,
agresiones físicas y verbales
o comentarios sexistas por parte de
la policía municipal y la policía nacional,
que ocuparon completamente
el barrio. Por ello interpusieron,
en su momento, más de 600 denuncias
de las cuales únicamente
una treintena siguen su curso.
Cientos de ellas han sido desestimadas,
lo que ha generado gran estupor.
Una de las abogadas de los
vecinos se pregunta “cómo es posible
que denuncias de agresión con
partes médicos que lo corroboran
ni siquiera hayan sido investigadas”.

El hecho de que los policías
denunciados fuesen encapuchados
y no pudiesen ser identificados
también es una dificultad añadida
a la hora de investigar.
Algunos vecinos sufrieron salvajes
agresiones de las que existen
imágenes grabadas por la televisión
vasca. Gracias a pruebas como ésa
pueden aspirar a que “lo sucedido
no se olvide y que ni la policía se
crea la dueña de Pamplona ni que el
Ayuntamiento piense que puede hacer
lo que quiera con este barrio”,
como comenta otro de los agredidos
durante aquellos días. Y es que, inexplicablemente
según la acusación
vecinal, las denuncias supervivientes
han sido agrupadas en una misma
investigación, cuando se trata de
“múltiples denuncias a distintos policías
en diferentes situaciones. Es
como si se investigase como un mismo
caso un robo y una agresión cometidas
por personas distintas en
diferentes días. Es una forma de minimizar
la cuestión”.

Otro gaztetxe al
borde del desalojo


A los gaztetxes de Navarra no les
dejan respirar ni un momento. Al
cierre de este número, el de Burlata,
otra localidad cercana a Pamplona,
está en peligro de desalojo y derribo
inminente. Grabadas en vídeo
por la policía, con los operarios de
Iberdrola intentando cortar el suministro
eléctrico, algunas personas
resisten encerradas dentro del edificio.

Defienden dos proyectos albergados
en el mismo espacio: un
gaztetxe, que vio la luz el 14 de diciembre
de 2002 tras una campaña
de firmas, y el Cine Eslava, un proyecto
de carácter popular que se
ha puesto en marcha con el apoyo
de muchos colectivos y asociaciones
del pueblo. Basan la defensa
de ambos sueños colectivos en “la
reivindicación de valores como la
contracultura, el asamblearismo y
la autogestión, valores contrapuestos
al proyecto de casa de la
juventud que por otra parte les hemos
obligado a proyectar con
nuestro trabajo diario”.

Tags relacionados: Pamplona autogestión Okupación
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