ENTREVISTA // MARÍA TERESA GUTIÉRREZ
“La huelga servirá para todos nuestros hijos”

Raúl Quintana, uno de los huelguistas del CIE de Aluche,
fue deportado a Colombia y encontrado cinco días más
tarde desmayado, casi sin fuerzas, en un parque. Su
compañera relata su particular odisea.

02/05/08 · 0:31
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SOLIDARIDAD. Una marcha por el cierre de “nuestros guantánamos” desencadenó la huelga de hambre en el interior del CIE / Edu León

DIAGONAL: ¿Por qué Raúl fue recluído
en el centro de internamiento?

MARÍA TERESA GUTIÉRREZ: Por
documentos. Iba en el carro y le pararon
los agentes, le pidieron la identificación
y como no tenía se lo llevaron.
Entonces me llamaron para ir a
recoger el coche porque está a mi
nombre. Fui con un amigo al juzgado
y dijimos a la policía que él estaba
empadronado y esperaba la reagrupación
familiar.

D: ¿Tú tienes todos los papeles?

M.T.G.: Sí, todos los documentos. La
policía sabía que si se esperaba un
poquito no tendría ningún problema
para cumplir los trámites. No tenía
ningún problema. Llevaba ya dos
años pasaditos empadronado.
D.: ¿Qué es lo que le llevó a participar
en la huelga?

M.T.G.: El maltrato psicológico y
verbal que le causaron. y que le pegaron.
Tras la detención, le llevaron
a comisaría, y de allí a los juzgados
de Plaza Castilla, después al CIE.
Cuando lo vi, iba cojo por los golpes.

D.: ¿Dónde recibió los golpes, en comisaría,
en los juzgados o en el CIE?

M. T. G.: En la comisaría y en el CIE.
Él habla fuerte, su voz es como de
mando, por eso a veces las personas
no entienden que él no es autoritario
ni nada. Después de pegarle se dio
cuenta de “cómo le tratan a uno”, me
dijo, y se puso en huelga.

D.: ¿Qué valoración haces de la movilización
por el cierre del CIE? ¿Ha
supuesto alguna mejora para las personas
detenidas?

M.T.G.: No. El último día que vi a
Raúl [18 de abril] estaba muy demacrado.
Tiene 61 años. Tenía un dolor
de cabeza terrible y diarrea. Pedí a
los agentes de policía que le dieran
una pastillita o algo, pero nada. Una
mujer [interna] me respondió: “No,
mi hija, aquí a uno le ven morirse y
aún así le acaban de matar. Nada
cambió, dentro sigue todo igual. De
todas formas, un chico al que encerraron
con mi compañero le dijo: “Tú
eres el revolucionario, ¿no?”. Somos
humanos, no sé por qué nos tratan
así. Estoy aterrada. ¿Y ahora qué hago?
Estoy sola. Estuvimos casi 20 días
luchando para sacarlo, con abogados,
y él dentro, sin poder trabajar.
¿Qué hago con mis deudas, con
los recibos del agua, de la luz?
¿Quién me ayudaba a mí en ese momento?
Nadie. Me tocaba a mí abrir
el local [un locutorio] porque hicimos
una pequeña inversión. Además
tenía que seguir mi tratamiento en
La Paz, porque sufro un linfoma de
ganglios, cáncer. Estos días tengo las
defensas bajas y me tocó ir al médico
porque me dio migraña.

D.: ¿Cómo supiste que Raúl había sido
deportado?

M. T. G.: A mí nadie me avisó que lo
transportaban. Me enteré cuando lo
fui a visitar [el 19 de abril] y me dijeron
que ya no estaba. Uno de los internos
que luego devolvieron me dijo
que se lo llevaron con una camisa
de fuerza. Pero por qué si él no es terrorista
ni nada. ¡Dios mío! Desde
entonces hasta hoy [cinco días después]
no había sabido nada de él. Se
encuentra internado en un centro de
salud en Colombia. Salió del aeropuerto
sin ropa, sin dinero, sin papeles,
sin nada. Caminó y caminó desorientado,
porque venía de hacer la
huelga de hambre. Estaba mal alimentado
y estresado porque lo ha
pasado muy mal. Mi hija me contó
que le encontraron en un parque, y
que estaba depresivo y tenía diarrea
y vómitos. Yo también estoy desorientada
y triste. Nunca pensé que
le iban a hacer todo esto a él.

D.: ¿La huelga y el trabajo que han
hecho los grupos de apoyo sirve para
algo?

M. T. G.: Sí, y dios quiera que así sea,
porque servirá para nuestros hijos y
los hijos de todo el mundo, ya sean
españoles o extranjeros. Nosotros
venimos de sufrir a las guerrillas y a
las bandas. A Raúl allá le han pegado,
tiene heridas de sufrir accidentes,
tuvo que salir del país... Y ahora,
después de vender hasta la nevera
para poder venir acá a trabajar y pagar
impuestos, le botan de esa manera.
Él decía que le gustaría quedarse
acá, con un pequeño negocio,
morir en Europa. No quería volver.
Imagínese, ahora se va a morir de
pena moral. Pero nos vamos a casar
y voy a tratar de traerlo otra vez para
acá, no estoy dispuesta a que se me
muera de pena moral solo.

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