ANÁLISIS // LA DECISIÓN DE UN JURADO POPULAR DE EXCULPAR AL ASESINO DE UNA PAREJA GAY PROVOCA UNA CRECIENTE IN
La homofobia mata, juzga y se absuelve a sí misma

La exculpación de Jacobo Piñero, confeso homicida, en
2006, de Isaac Pérez Treviño y Julio Anderson Luciano
es denunciada como un acto de homofobia social.

05/03/09 · 0:00
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“O NOSO ORGULLO, A NOSA LOITA”. Manifestación por los derechos LGTB.

En plena reacción mediática
solicitando el cumplimiento
íntegro de penas a raíz
del caso de Marta, la chica
asesinada en Sevilla, un jurado popular
acaba de absolver al responsable
de la muerte espeluznante de dos
gays en Vigo –uno de ellos negro e
inmigrante– aduciendo “legítima defensa”
y un “miedo insuperable” a
ser violado. El jurado popular, conjurando
miedos atávicos y convirtiendo
al verdugo en víctima, ha emitido
una sentencia que exime al responsable
de los asesinatos debido a “un
estado de pánico que anuló su capacidad
de comprender la ilicitud de lo
que hacía”. La pregunta que tenemos
que hacernos es ¿pánico a qué?
Tanto Maribolheras Precárias como
Aturuxo, Federaçom Galega LGBT
[lesbianas, gays, bisexuales y transexuales],
han emitido comunicados
criticando duramente la sentencia y
llamando a la movilización en las calles.
Aturuxo convocaba el 25 de febrero
a cientos de personas en Compostela.

En Vigo, los amigos de los
gays asesinados han organizado una
concentración para el 7 de marzo.
Hay más movilizaciones previstas en
Zaragoza, Barcelona y Madrid.
Hay cuerpos, hay vidas que no importan
para la sociedad heterosexual.
O al menos, que son secundarias
ante el uso del terror para la protección
de las normas de género. Ese
miedo, según el jurado, es una eximente
completa para absolver al verdugo
que asestó 57 puñaladas a sus
víctimas. Julio recibió las primeras
puñaladas mortales, una de ellas le
seccionó el hombro, dejando un reguero
de sangre mientras huía arrastrándose
por la pared del pasillo de
su casa. Fue rematado en el salón.

Su compañero al-Daní logró refugiarse
en una habitación cuando ya
estaba gravemente herido. Mientras
llamaba por teléfono pidiendo auxilio,
el verdugo tiró la puerta abajo, le
arrebató el móvil y lo remató a puñaladas.
Posteriormente se duchó, recogió
en una maleta todo lo que había
de valor en la vivienda, abrió el
gas y prendió fuego a los cadáveres
antes de marcharse. Todo ocurrió el
12 de julio de 2006, cuando el verdugo
acudió al after gay de Vigo en el
que al-Daní trabajaba de camarero.
De allí se fueron al piso que al-Daní
compartía con Julio. Los informes
forenses dan cuenta de la crueldad y
el ensañamiento al que fueron sometidos
los cuerpos. A la vista de las
pruebas periciales no parece creíble
la versión de los hechos dada por el
acusado, que afirma que fue despertado
y amenazado con un cuchillo
por una de las víctimas para mantener
relaciones sexuales. Y aún en el
hipotético caso de que así fuera, las
muertes y los hechos están ahí. El jurado
no sólo ha creído la rocambolesca
versión del verdugo sino que lo
ha considerado no culpable. Si ya es
execrable la conducta del verdugo,
¿qué se puede decir de un tribunal
que absuelve al responsable a pesar
de la propia inculpación del autor, de
las pruebas periciales y de los informes
forenses? La defensa dijo en su
favor que “se encontraba en el lugar
equivocado en el momento equivocado”.

El acusado se presentó a sí
mismo como un padre de familia
arrepentido que incluso pensó en
suicidarse tras los hechos por la vergüenza
que sufriría su familia. Terminó
su declaración diciendo “no
culpo a nadie, la culpa es mía, de cómo
soy”, lo que conmovió al jurado,
arrancando las lágrimas de tres de
sus miembros. La sentencia, que ha
sido recurrida, es paradigmática del
‘pánico gay’, utilizado como eximente
en numerosos crímenes homofóbicos
y que ha sido algo recurrente
desde el siglo XIX en la represión de
conductas perversas o en razzias populares
contra las minorías sexuales.

Este jurado legitima los asesinatos
homofóbicos y abre la veda a la impunidad
en la comisión de crímenes
de odio. Cualquier hombre blanco
heterosexual estaría legitimado a
usar la violencia si se siente ofendido
ante proposiciones que considera inmorales
o que puedan ser una afrenta
a su masculinidad. Este jurado popular
ha asesinado por segunda vez
a Julio y a al-Daní. Pero seguiremos
luchando porque sus cuerpos, sus vidas,
sí que importan. Y mucho.

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