ABORTO // LA OFENSIVA ANTI ELECCIÓN DE LA IGLESIA
La Conferencia Episcopal, en vías de extinción

La autora, activista de la plataforma catalana Campanya pel Dret a l’Avortament Lliure i Gratuït, sostiene que la jerarquía católica se enroca en un discurso insostenible por lo que el diálogo es imposible.

Texto de Betlem C. Bel

02/04/09 · 12:41
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“SACERDOTE PROTEGIDO”. Parte del cartel de grupos feministas catalanes que ironiza sobre la campaña publicitaria episcopal.

Hablar de los contenidos de
la última campaña anti
elección de la Iglesia es difícil:
se caen por su propio
peso (el lince de la foto ni siquiera es
ibérico). Pero los colectivos feministas
nos encontramos con un contrasentido
a la hora de enfrentarnos
lobby anti elección.

Su discurso es insostenible (aunque
lo sostengan), lo que hace imposible
dialogar nada con ellos. De hecho,
la postura de buena parte de los
colectivos de mujeres es no dialogar
con ellos, no darles legitimidad, palabra
ni espacio público. Su argumento
es el mismo que hemos oído explicar
durante años a madres, padres,
abuelos y abuelas que habían recibido
la educación nacionalcatólica,
que muchas creíamos, al menos en
parte, superado: que la vida es algo
que viene directamente de Dios y que
empieza exactamente en el momento
de la concepción. Hasta el punto
que si en el desarrollo del embrión se
pone en riesgo la vida de la madre,
como es el caso de la niña brasileña
de nueve años embarazada de gemelos
tras una violación, no se puede
intervenir. La niña abortó, y la Iglesia
ha excomulgado a la madre, a la niña
y al equipo médico que le ha practicado
el aborto. La católica es la única
de las grandes religiones monoteístas
que sostiene una postura tan
rígida respecto al aborto.
Las mujeres cuidan la vida
Bien, esto al menos en lo que se refiere
al discurso oficial, porque todas
sabemos que, en la práctica, las mujeres
creyentes también abortan, y
hay colectivos, como Dones en l’Església
o Católicas por el Derecho a
Decidir que tienen otros objetivos y
otras prácticas.

Desde el movimiento feminista defendemos
que somos las mujeres las
que hemos cuidado la vida, el planeta,
el entorno, a la gente mayor y a la
pequeña. Las que sabemos cuándo y
cómo queremos y podemos ser madres.
Las que pedimos la corresponsabilidad
de la sociedad en estos cuidados.

Y las que desde hace milenios
abortamos cuando lo tenemos que
hacer. Por esto exigimos el reconocimiento
del derecho de las mujeres a
decidir sobre su propio cuerpo, incluyendo
la despenalización del
aborto. Reivindicamos el placer, una
sexualidad sana y libre y defendemos
la vida desde parámetros de dignidad
y de calidad. Y por ello, a diferencia
de la jerarquía católica, estamos
en contra de todas las guerras y
de la pena de muerte, y a favor del
condón o la eutanasia, por ejemplo.
Pero el discurso vacío y absurdo
de la Iglesia Católica se sostiene con
medios desproporcionados. La jerarquía
católica es rica y poderosa, y
además destinan a las campañas anti
elección muchos recursos, más de
los que utilizan para otras. Y es que
el derecho de las mujeres a decidir
desmonta lo más profundo de las estructuras
patriarcales. La voz de la
mayoría de las mujeres queda tem-
poralmente soterrada ante la fuerza
de estos recursos, que los colectivos
feministas no tenemos.

La campaña anti elección, no lo
olvidemos, una ofensiva de ámbito
mundial, tiene ramificaciones diversas.
Desde hace unos meses, grupos
de fundamentalistas católicos se
concentran el 25 de cada mes ante
clínicas acreditadas para la interrupción
del embarazo de diferentes poblaciones
del Estado para hacer un
rezo “por los no nacidos”. No son numerosos,
pero tienen un discurso y
unas maneras muy agresivas que remueven
fantasmas de épocas pasadas.
En Barcelona, diversos colectivos
se han concentrado el mismo
día, y a la misma hora, en la acera de
enfrente, en defensa de la libertad
sexual. Aunque entre los grupos de
la Campanya tenemos debate sobre
la utilidad de esta estrategia.

Mientras tanto, el Gobierno socialista
decide, por fin, revisar la legislación
del aborto, “siempre y cuando
haya consenso social”. En la búsqueda
de dicho consenso, y dado el poder
de la Iglesia, dialogan con ellos.
Pero es imposible hacer ninguna ley
de aborto, del tipo que sea, con el
consenso de la Iglesia oficial, ya que
la única ley buena para la jerarquía
católica es penalizar el aborto, a las
mujeres y profesionales que lo practican,
prohibir la educación sexual y
reproductiva y la anticoncepción. Y
en esto estamos seguras de que no
hay ningún consenso social, ni siquiera
dentro de la propia Iglesia.

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