ESTADO ESPAÑOL: ATENTADOS FASCISTAS
La conexión italiana en la guerra sucia

La organización de atentados ultras en el Estado
español recibió el apoyo necesario para organizarse de
sectores del Estado y la ultraderecha europea.

15/11/07 · 0:00

En la madrugada del 14 de octubre
de 1975, un mes antes de la muerte
de Francisco Franco, una bomba estalla
en la sede de la editorial antifranquista
Ruedo Ibérico, en París.
Era un primer aviso de hasta qué
punto sectores del régimen estaban
organizando estructuras paralelas
de acción armada. El 27 de septiembre
de ese año se habían producido
los fusilamientos de los miembros
del FRAP y ETA, Otaegui, Garmendia,
Baena, García Sanz, Sánchez
Bravo y Txiki. En toda Europa se
produjeron movilizaciones para evitar
su ejecución, manifestaciones
que como en el caso de Lisboa y Roma
habían terminado en incidentes
frente a las embajadas de España.

Estos acontecimientos irritaron ostensiblemente
al régimen, que comenzó
a organizar una contraofensiva,
a la que gustosas se sumaron
otras organizaciones fascistas internacionales,
especialmente de Italia.
Eran los primeros contactos para organizar
el ‘terrorismo negro’, nombre
que se adoptó para referirse al
practicado por grupos de extrema
derecha, también desde el Estado español,
donde se habían refugiado
numerosos activistas fascistas reclamados
en sus países de origen. En
una entrevista aparecida en la revista
nazi Resistencia, en mayo de 2001,
el fascista Vicenzo Vinciguerra reconocía
que su presencia en España tenía
“el consentimiento personal del
general Franco. Sus servicios secretos
cubrieron a los italianos y a cuantos
venían. Incluso después de la
muerte de Franco, la protección continuó
existiendo, hasta el punto de
que antes de actuar contra los exiliados
italianos, el ministro del Interior
tuvo un encuentro (en diciembre de
1976) con Delle Chiaie para informarle
que España no podía ya albergar
a personas que se habían vuelto
incómodas. Acompañaron a Delle
Chiaie ante el ministro los hombres
de ‘Eduardo’, nombre de cobertura
de un oficial que, creo, terminó en la
cárcel por acciones [de guerra sucia]
en el País Vasco”.

Ultras bien relacionados

Stefano Delle Chiaie fue miembro
del Movimiento Social Italiano
(MSI), para posteriormente pasar a
formar parte de Ordine Nuovo. Tras
colaborar en una intentona golpista
en Italia huyó a España, junto a Vicenzo
Vinciguerra. Los servicios
secretos italianos le ayudaron en
su huida. En España se integró rápidamente
con los sectores más ultras
del régimen. Bien relacionado,
acudió al funeral de Franco. Della
Chiaie ha estado involucrado en
multitud de atentados por todo el
mundo, incluso se vio implicado en
el golpe de Estado contra Luis García
Meza Tejada en Bolivia, donde
estuvo acompañado por el nazi francés
Klaus Barbie. ‘Los italianos’ dejan
su país tras las investigaciones
por el atentado de Piazza Fontana el
12 de diciembre de 1969, donde murieron
16 personas.

Se dice que su hombre fuerte en
el régimen era el propio almirante
Carrero Blanco, que estaba permanentemente
informado de las actividades
conspirativas fascistas a
través de Mariano Sánchez Covisa,
quien sería dirigente de Los Guerrilleros
de Cristo Rey. Sánchez
Covisa fue detenido el 22 de febrero
del ‘77, cuando la Guardia Civil
descubrió una planta para la fabricación
de armas en la calle de
Pelayo, 39, en un piso alquilado por
él, y en el que disponía de un despacho,
contiguo a la zona de fabricación
de armas. En aquella operación
policial fueron detenidas otras
diez personas, la mayoría de ellas
italianas. Poco después saldría en
libertad. Entradas y salidas de la
cárcel que se irían repitiendo al ser
sospechoso de estar relacionado
con casi todas las actividades delictivas
de la extrema derecha.

Según Vicenzo Vinciguerra, “es
cierto que a partir de 1975 prófugos
italianos fueron empleados en
operaciones en el País Vasco, en la
zona francesa. Es verdad porque
fui yo mismo el que recibió de
Sánchez Covisa el listado de los
refugiados vascos, con las fotos,
las direcciones, etc. Y la primera
metralleta Ingrham”. La trama italiana,
con contactos dentro del
aparato del Estado y grupos fascistas
fue determinante en la ‘guerra
sucia’ contra ETA.


La matanza de Atocha

La noche del 24 de enero
de 1977, tres personas
aparecieron en un conocido
despacho de abogados
laboralistas vinculados a
CC OO y el PCE, situado en
el número 55 de la madrileña
calle Atocha. El primero
era Carlos García Juliá, perteneciente
a una conocida
familia de militares y miembro
del servicio de seguridad
de Fuerza Nueva. El
segundo, José Fernández
Cerrá, tenía numerosos
contactos en la vieja guardia
del Franquismo. El último
era Fernando Lerdo de
Tejada, huérfano de un
combatiente de ‘la cruzada’
y cuya madre,
Virginia Martínez, era la
secretaria de Blas Piñar.
Cinco personas fueron asesinadas
como consecuencia
del brutal atentado:
Francisco Javier Sauquillo,
Enrique Valdevira, Luis
Javier Benavides, Serafín
Holgado de Antonio y el
administrativo Ángel Rodríguez.

Los supervivientes,
que sufrirían heridas muy
graves, fueron María Dolores
González Ruiz, Luis
Ramos, Miguel Ángel Sarabia
y Alejandro Ruiz-Huerta.
El 26 de enero decenas de
miles de personas se manifestaron
por las calles de
Madrid, cuando todavía el
Partido Comunista de España
era ilegal, haciendo una
demostración de fuerza que
culminaría con su legalización
el 9 de abril.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto