Informantes y servicios secretos en la extrema derecha alemana
El juicio a un grupo fascista en Alemania suscita dudas sobre la responsabilidad del Estado

En mayo ha comenzado el proceso contra NSU, grupo terrorista fuertemente infiltrado por la policía germana y responsable de 10 muertes y varios atentados entre 2000 y 2007.

30/05/13 · 8:00

En mayo ha comenzado el juicio contra el grupo terrorista de extrema derecha National-Sozialistischer Untergrund (NSU), uno de los juicios más importantes, conflictivos y mediáticos desde la reunificación alemana. El proceso, compuesto por cinco jueces, cinco fiscales, 71 querellantes, 62 abogados y más de 600 testigos, no solo pone sobre la mesa el problema del nazismo en la actual Alemania, sino que saca a la luz la relación y vinculación entre los grupos nazis y el Estado. La imagen de una Alemania que ha sabido enfrentarse de manera crítica a su pasado parece desvanecerse con el juicio a Beate Zschäpe y los miembros del NSU.

La policía renunció a considerar el racismo como fondo político-social de los asesinatos, habiéndolos clasificado como supuestos "ajustes" entre grupos mafiosos
Entre 2000 y 2007 el NSU asesinó a 10 personas, nueve de ellas de origen migrante, además de haber cometido varios atentados. En noviembre de 2011, los miembros del NSU U. Böhnhardt y U. Mundlos, después de atracar un banco, y según la versión del Estado, se suicidaron poco antes de ir a ser detenidos. La tercera persona involucrada en el atraco, Beate Zschäpe, intentó volar por los aires su refugio clandestino en Zwickau, pero ante el fracaso terminaría entregándose a la policía.

Beate Zschäpe, que a día de hoy sigue sin declarar, está siendo acusada de haber cometido diez homicidios, 28 intentos de homicidio, pertenencia a organización terrorista, atentado con explosivos, delito de incendio especialmente grave y múltiples robos graves por un valor total de 610.600 euros. Junto a Zschäpe se sientan en el banquillo cuatro personas más (entre los que se encuentra R. Wohlleben, ex-funcionario del partido neo-fascista NPD) acusados de subvencionar el NSU.

Pero el silencio de Zschäpe parece ocultar demasiadas cosas, y no solo protegerse de su participación en los hechos. El papel que han jugado los infiltrados policiales en la formación del NSU no ha sido aún aclarado. En ese sentido parece haber indicios de que agentes de la policía (de varios de sus cuerpos) y de los servicios de inteligencia, infiltrados en grupos neo-fascistas, podrían haber tenido un papel destacado en la propia formación del NSU. Quizás esta sea la razón por la que la policía renunció a considerar el racismo como fondo político-social de los asesinatos, habiéndolos clasificados como supuestos “ajustes” entre grupos mafiosos, sin investigar la posible vinculación de grupos nazis.

De esta manera cabe recordar por qué fracasó el intento de ilegalización del partido neo-fascista NPD, el cual recibió entre 2002 y 2011 más de 13 millones de euros y es una de las fuentes financieras más importantes de los grupos nazis. La estrecha relación entre el partido y el Estado hizo absurdo (si no imposible) cualquier intento de ilegalización. En aquel entonces más de 300 infiltrados de los servicios de inteligencia formaban parte de su cúpula, haciendo imposible determinar en qué medida la conducta, propaganda, textos y discursos del NPD no estaban controlados por el propio Estado. Si el Estado controla y desarrolla al propio NPD, sin poderse diferenciar a los infiltrados de los miembros del grupo, el proceso de ilegalización se convierte en una pantomima. De hecho en 2003, el ex-ministro del Estado de Baden Würtemberg Heribert Rech afirmó que el NPD se derrumbaría si el Estado retirase a todos sus agentes infiltrados.

Además, el juicio está rodeado de incógnitas ¿Por qué pasó inadvertida una lista de nombres y direcciones, encontrado entre más de un kilo de TNT y una bomba de fabricación casera, durante el registro en 1998 de los domicilios de los futuros miembros del NSU? (en 2011 se demostró que la lista contenía nombres de personas que habrían ayudado al trío del NSU). ¿Por qué se eliminaron actas y expedientes y se borraron pistas? ¿Por qué el ex-informante Toni Stadler, del servicio de inteligencia de Brandenburgo, se habría reunido en 2006, tres días antes del asesinato de Mehmet Kubasik, con el miembro del NSU Uwe Mundlos, muy cerca del lugar del crimen ? Otra de las dudas es por qué tan solo hay cinco acusados, cuando los servicios de seguridad han presentado una lista con 129 personas que habrían apoyado al NSU en sus actividades y en la clandestinidad, entre los que se encuentran miembros de “Guardianes de la Constitución” (así se llama en alemán el servicio de inteligencia).

Mientras muchas preguntas esperan respuestas, las dudas sobre la vinculación del Estado en estos atentados se mantienen sobre la mesa, y quizás solo se aclaran si Beate Zschäpe se decide a hablar. Hasta el momento no hay señales de que vaya a hacerlo.
 

Un historial de agresiones racistas poco investigadas

La configuración racista de las autoridades y los servicios secretos alejan las investigaciones de los grupos de extrema derecha cuando se trata de víctimas inmigrantes.

1980 Frida Poeschke y el rabino Shlomo Lewin fueron asesinados por un neo-nazi. La policía investigó primero el entorno de la víctima.

1980: El neo-nazi Gundolf Köhler, con enlaces al Wehrsportgruppe Hoffmann, puso una bomba en el Oktoberfest de Munich, causando 13 muertos y mas de 200 heridos. Hay conexiones con Gladio, una red clandestina secreta de la OTAN: Andreas Kramer, hijo de un oficial de Gladio/Stay-behind-troups, capitán del ejercito federal alemán y empleado por el servicio secreto de la Republica Federal de Alemania (BND), asegura a día de hoy que su padre suministró por orden de Gladio los explosivos de la bomba de Munich.

El 29 de mayo 1993 en Solingen cinco turcos ardieron en llamas en un atentado incendiario.
El soplón del servicio de inteligencia Bernd Schmitt estaba entrenando a los autores fascistas.

El grupo Nationalrevolutionäre Zelle (celula nacional-revolucionaria), que tenía armas y explosivos, es desarticulado en el año 2000. Uno de sus líderes era el informante Carsten Szczepanky.

Entre otros grupos neo-fascistas que cometieron atentados de incendio o pusieron bombas, se encuentran el Nationale Bewegung (movimiento nacional), el Combat 18 de Blood y Honour y otros. Entre 1990 (el año de la reunificación alemana) y 2013, según la asociación Antonio Amadeu, fueron asesinadas 183 personas por motivos racistas y fascistas. El Gobierno de Alemania solo reconoce 63 víctimas motivo de la violencia de la extrema derecha.

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comentarios

1

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    Palas
    |
    30/05/2013 - 11:06pm
    El juicio no ha suscitado ninguna duda sobre la responsabilidad del Estado. La ha dejado clarisima. La duda ha surgido en el tema de la "responsabilidad civil subsidiaria". 
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