ABUSOS : ESPECIALISTAS ABORDAN LAS FORMAS DE ERRADICACIÓN
Igualdad y prevención contra la violencia sexual

Después de que un pederasta condenado por
abusos asesinara a la niña onubense Mari Luz
Cortés, polémicas propuestas como la cadena
perpetua o la ‘castración química’ a los reincidentes
han marcado el debate sobre abusos y
agresiones. Especialistas en violencia sexual y
de género analizan sus causas y dimensiones
y lanzan propuestas para erradicarla.

17/04/08 · 0:10
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CASO MARI LUZ. Este asesinato ha avivado
el debate en torno a la pederastia.

Según el Ministerio del Interior, en
2007 se registraron 6.904 delitos
contra la libertad y la indemnidad
sexual en el Estado español. En los
1.137 que se produjeron en el ámbito
familiar, 1.027 de las víctimas
eran mujeres; 429 niñas y 89 niños.
Florentina Alarcón, presidenta de
la Asociación de Asistencia a Mujeres
Violadas (AAMV), asegura que
“la cifra real es mucho mayor. Sólo
una de cada seis agresiones sexuales
se denuncia”.

En todo el planeta se registra una
mayor tasa de abusos y agresiones
sexuales a mujeres y niñas: según la
ONU, una de cada cinco mujeres será
víctima de violación o intento de
violación en su vida. Según Ángeles
Álvarez, secretaria de políticas de
igualdad del Partido Socialista de
Madrid, la tasa de abusos a niños y
niñas es similar hasta los tres años.
Después aumenta en las niñas, por
lo que considera que se trata de violencia
de género. Alarcón difiere y
cree que ésta “se da a partir de los
13 o 14”. Lo mismo opina Consuelo
Abril, presidenta de la Comisión de
Investigación sobre Malos Tratos a
Mujeres. Por su parte, Beautriu
Masià, coordinadora de Prevenció i
Participació Social de Tamaia (Dones
contra la violència), cree que “no
siempre se puede establecer vínculos
directos entre violencia sexual y
de género, aunque las niñas están
más expuestas”. Andrés Montero,
director del Instituto de Psicología
de la Violencia, considera que la pederastia
“también es violencia de género.
En nuestra cultura se da una
identificación de los niños con las
madres, y de lo masculino con el
ejercicio de poder hacia el más débil”.

En todo caso, las entidades
coinciden en que la Ley de Violencia
de Género debería incluir los delitos
de violencia sexual. Alarcón explica
que “cuando se redactó, la alarma
social por las muertas era muy fuerte,
y afortunadamente en los casos
de violación no hay tantas”. Señala
que “se ha dicho que es extrañísimo
que un agresor con sentencia firme
vuelva a agredir. Hay más casos, pero
al no haber una niña muerta la
prensa no se ha hecho eco”. Según
Abril, “los expedientes de violencia
se acumulan en el juzgado y se puede
ver la reiteración. Debe haber un
control de los casos en que hay peligro”.
Según la AAMV, un 30% de los
abusadores de menores reinciden.
Abril cree que “ habrá un antes y un
después del caso de Mari Luz. Todo
apunta a que en Moncloa tomarán
medidas al respecto”.

Prevenir desde la infancia

Según Montero, la cadena perpetua
“mete en una caja el riesgo para evitarlo”.
Cree que en los casos más
graves “se podría imponer penas
elevadas condicionadas a la evaluación
sistemática del riesgo”, lo que
permitiría al condenado salir en libertad
con medidas de seguridad e
ingresar de nuevo en la cárcel “si se
detecta el mínimo riesgo”. Explica
que la “castración” es en realidad un
“tratamiento farmacológico que bloquea
la producción de testosterona
desde la hipófisis cerebral. No va a
la raíz del problema: las rutas bioquímicas
del deseo sexual y otros
componentes que activan placer se
confunden. La agresión sexual tiene
más que ver con la violencia y su factor
de sometimiento que con el sexo.
Es recrear el dominio de la mujer
y el tabú de agredir sexualmente
a un niño o niña lo que les excita.
Eso no lo bloquea un fármaco”.

En Tamaia creen que “el tratamiento
debe ser psicosocial, y si en
algunos casos hay que añadir otro
debe analizarse individualmente”.
Proponen que el debate trascienda
“el marco jurídico y se amplíe al social.
Hay muchos niños y niñas en
riesgo de sufrir abusos por gente
cercana a ellos, incluidos los propios
padres (no las madres)”, una situación
“especialmente grave en casos
de violencia machista en la pareja,
cuando no quieren ver al padre y se
les obliga”. Abril coincide en que “madres y niños están íntimamente
relacionados”. Según Masià, “tenemos
pendiente acabar con el tabú
de hablar de los abusos sexuales con
niñas y niños de forma adecuada a
cada edad, y de los riesgos procedentes
de personas cercanas especialmente”
y “no imponer a las niñas
ser cariñosas con los adultos”.

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