LA MADRE DE UN DETENIDO DEL 4-F SE ENFRENTA A LA VERSIÓN POLICIAL
“Han cogido a tres chicos como cabezas de turco”

Mariana, la madre de
uno de los acusados de
herir gravemente a un
guardia urbano de
Barcelona, ha sido
hospitalizada despúes de
un mes de huelga de
hambre junto a su hijo
y otro acusado.

15/10/06 · 18:38
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APOYO. Manifestación el 15 de
julio en Barcelona por la libertad
de los tres encarcelados. // Eloy de Mateo

El 19 de junio su hijo Rodrigo y los
otros dos chicos acusados de herir
gravemente un agente de la Guardia
Urbana de Barcelona decidieron
empezar una huelga de hambre.
El objetivo era proclamar su
inocencia y exigir que se respeten
sus derechos básicos. Mariana no
dudó en sumarse a la protesta:
“Rodrigo es inocente, y la policía lo
sabe”. La lucha de los tres jóvenes
detenidos el 4 de febrero en la calle
de Sant Pere Més, ya ha llevado a
dos de ellos a ser ingresados en un
centro hospitalario. Mariana lo hacía
poco después en el Hospital
Clínic. Los 40 kilos de peso la han
dejado demasiado débil, y ha abandonado
la cama de la Casa de la
Solidaritat donde hasta la semana
pasada tenía su cuartel general.

Hasta hace unos días, Mariana
atendía a todo aquel que quisiera
escucharla. Sólo entonces hacía
una pausa. El resto del tiempo estaba
ocupada removiendo cielo y tierra
para demostrar la inocencia de
Rodrigo. “No puedo permitirme estar
quieta sin hacer nada mientras
mi hijo está en la cárcel”.

Asegura que, pese a todo, Rodrigo
lo está llevando bien. “Está
con Juan. Álex está peor, en la Modelo.
Mi hijo tiene muy claro lo que
quiere hacer. Sabe que tiene un
tiempo limitado para conseguir resultados
y hasta ahora se ha pasado
el día escribiendo cartas, llamando,
intentando que todo el mundo escuche
su historia”.

Ella nunca ha compartido la idea
de la huelga de hambre, pero tenía
muy claro que si Rodrigo la hacía,
iba a seguirle: “Para mí es muy duro,
acepto que mi hijo ponga en peligro
su vida, pero me dijo que no le
servía de nada esta vida si tenía que
pasar 18 años en la cárcel por algo
que no había hecho”. Lo entendió,
pero aún así el miedo no desaparece:
“Le conozco y creo que no dejará
la huelga”.

El sentimiento de Mariana es de
impotencia. Sus abogados han presentado
seis testigos y numerosas
pruebas médicas y periciales, las
últimas el pasado 11 de julio, en las
que se demuestra que lo que dejó
en coma al agente -que actualmente
se recupera en un centro especializado-
procedía de arriba y no
de la calle, donde estaban Rodrigo
y sus dos amigos. Pero la jueza que
instruye el caso ha rechazado todo.
“Desde un primer momento se ha
creído la versión de la policía, dice
que es ‘sincera’ .Ya ha hecho su película
de los hechos ‘sobrebasada’
en la versión policial”

Mariana exige que la verdad
salga a la luz. Quiere saber dónde
está el documento, elaborado por
la policía, que hizo decir al alcalde
de Barcelona, Joan Clos, que al
agente lo había herido una maceta
y por qué luego, de repente, se
cambió la versión. Quiere que
aparezcan las pruebas que, asegura,
se han borrado. Y, sobretodo,
que se investigue. “Han cogido
a tres chicos como cabezas
de turco y ya nada les va a echar
atrás. Saben que es casi imposible
descubrir quién tiró una maceta y
necesitan unos culpables”.

Antes de empezar la huelga de
hambre, la madre de Rodrigo había
pasado semanas en la plaça de Sant
Jaume, frente al ayuntamiento, intentando,
sin éxito, hablar con el alcalde.
Consiguió recoger 6.000 firmas
en las que se pedía una investigación
justa. Joan Clos no la atendió,
pero sí lo hizo el embajador de
Chile y la prensa de su país.

Mientras, siguen las manifestaciones
de apoyo a los tres chicos
detenidos el 4 de febrero.
Unas protestas que la policía ve
casi como una amenaza. En los
foros de Internet de la Guàrdia
Urbana (guardiaurbana.tk) y los
Mossos d’Esquadra (mossosdesquadra.
com) se proclama que contra
los “guarros” hace falta mano
dura -como el refuerzo con nuevas
armas para la policía municipal
aprobado por el ayuntamiento-
y se advierte que las fiestas de
Gràcia pueden ser “calientes”.

Y es que mientras la policía dice
que los tres jóvenes acusados pertenecen
a un grupo organizado -el
de los 200 activistas antisistema radicales
que el consistorio siempre
tiene en la boca- Mariana recuerda
que salían de una fiesta donde también
estaba ella, “y yo no pertenezco
a ningún grupo, ¡qué tontería!”.

Mientras la casa “ocupada” donde
ocurrió todo permanece tapiada
a la espera de convertirse en nuevas
viviendas y un equipamiento. El
edificio había sido okupado dos
años antes hasta que un grupo de
gente echó a la asamblea que hasta
ese momento lo había gestionado.
El inmueble, de propiedad municipal
después de ser expropiado, acabo
convirtiéndose en un espacio de
fiestas y alquiler de habitaciones
gestionado por dos personas que
nada tenían que ver con el movimiento
okupa.

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