GR_ÄCIA // EL RUIDO MEDIÁTICO GENERADO NO OBTIENE CONFIRMACIÓN
Las fiestas barriales, sin disturbios en Barcelona

El barrio de Gràcia celebra su renombrada Festa Major con total normalidad pese
a las amenazas de prohibición y la intimidatoria presencia policial.

14/10/06 · 20:15
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POLICÍA CONTRA LAS FIESTAS.
El barrio de Gràcia, de fuerte
tejido asociativo, fue sometido a
una imponente vigilancia policial / gggggn

Imponente despliegue policial -Interior
aportó 200 agentes uniformados-,
petición de la oposición
política de ilegalización de las
fiestas alternativas -con 13 años
de existencia-, y promesas de venganza
policial, eran los previos a
unas concurridas fiestas barriales.
Festejos en las que la polémica estaba
servida después de los incidentes
del año pasado.

Días antes de que empezaran, representantes
de las fiestas ‘oficiales’
y de las ‘alternativas’ -que se
celebran paralelamente-, en un comunicado,
aseguraban que los incidentes
del año pasado habían sido
unos hechos aislados y pedían que
se dejara de hablar de la Festa
Major de Gràcia como si de un polvorín
se tratara. Incluso muchos vecinos
respondían enfadados cada
vez que un medio de comunicación
se acercaba a ellos, no para preguntar
sobre el decorado de la calle, sino
por “lo que podía pasar”. Eran
vecinos hartos de oír hablar a la
consejera de Interior, Montserrat
Tura, de refuerzos policiales y de
ver cómo el Ayuntamiento recordaba
constantemente que hay una ordenanza
cívica -muy restrictiva con
los horarios- que debe cumplirse.

Las fiestas de Gràcia, barrio de
fuerte tejido asociativo, eran vistas
como banco de pruebas de la actitud
municipal ante la organización
de fiestas alternativas, que se dan
también en otras zonas: Santa Coloma
de Gramenet, Igualada, Castelldefels,
Cardedeu...

Con este ambiente el 14 de agosto
se leía el pregón y se daba el disparo
de salida a las fiestas. Esa noche,
la librería Europa, donde se
celebran reuniones de grupos nazis,
fue forzada. El propietario -detenido
por apología del genocidio-
no puso denuncia.
Mientras, el pendón de Barcelona
era secuestrado por el Escamot Francesc
Derch, un grupo que reclama la
independencia del barrio. El símbolo
de la ciudad era liberado días más
tarde, cuando acabó la celebración.
El día 15 empezó la actividad en
la calle y, a la vez, la avidez de algunos
medios de comunicación por
los incidentes. Durante días se repitieron
las llamadas a miembros de
colectivos recordando que el alcalde
o un político determinado iban a
pasear por las fiestas, una información
que acompañaban de intencionadas
preguntas como “¿no vais a
hacer nada?”.

Quienes sí que hacían algo cada
noche eran los agentes de los Mossos
d’Esquadra y de la Guàrdia Urbana.
Al habitual desalojo de un par de espacios
del barrio, que hasta las cinco
de la madrugada desde hace años
son el escenario de batucadas, se sumó
una especie de barrido de las calles
que acaba siempre en el mismo
punto: el local de l’Assemblea de
Joves de Gràcia, lugar que solía cerrar
un poco más tarde y donde acababan
muchas personas a las 2.30h.
de la noche. A esta hora sonaba el toque
de queda y las calles, abarrotadas
de gente y de agentes de paisano -vestidos con supuestos atuendos
‘antisistema’-, debían quedar vacías
como por arte de magia. A la hora en
que la policía pasaba su particular
escoba, este año casi no quedaba nadie
en el local en cuestión, “y eso que
se supone que queremos liarla”, decían
miembros de colectivos sociales.

Unas horas antes, un responsable
policial le preguntaba a una conocida:
“¿Hasta qué hora vas a estar
por la calle? No me gustaría que acabaras
con moratones”. Pero de lo
único que había ganas era de que las
fiestas de Gràcia fueran eso, fiestas.
Lo repetían una y otra vez los diferentes
colectivos implicados en la organización:
las fiestas de Gràcia son
sólo eso. Y así ha sido.

Ahora el barrio de Sants ha tomado
el relevo. Y algunos parece que
siguen teniendo ganas de otro tipo
de ‘fiestas’. El 23 de agosto, La Vanguardia
aseguraba en un artículo
que la plaza donde se celebran las
fiestas alternativas estaba llena de
vasos por el suelo, papeleras vacías
y orines. Lo curioso es que la noche
anterior, algunos asistentes, al ver
las papeleras comentaban que sería
necesario reciclar más en las fiestas.
Y es que las vieron llenas.

Solidaridad en las fiestas

Quienes no han faltado en Gràcia ni
en Sants han sido los amigos y familiares
de los tres chicos detenidos el
4 de febrero [ver DIAGONAL nº 35].
Tras el fin de la huelga de hambre, a
finales de julio, y mientras esperan
que la actividad judicial se retome en
septiembre, hacen todo lo posible para
recaptar fondos para su lucha. No
se dan por vencidos pese a que la jueza
haya desestimado sus testigos e
informes forenses que los exculpan.

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