ITALIA // CRIMINALIZACIÓN, XENOFOBIA Y FASCISMO
Espectacular recorte de las libertades civiles

La inmigración en boca de destacados políticos europeos
–franceses, italianos, españoles– se ha convertido
en un problema que requiere de medidas drásticas. Es
la excusa para un giro con guiños a la extrema derecha.

12/06/08 · 0:00
JPG - 49.2 KB
 
INDIGNACIÓN EN MADRID. Concentración de protesta contra las agresiones a gitanos frente a la Embajada de Italia el 3 de junio.

Italia es xenófoba. Ésta es la conclusión
del Comisario de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos,
en referencia a las medidas sobre inmigración
aprobadas por el nuevo
Gobierno. Juicio firme, pero quizás
tardío, teniendo en cuenta las propuestas
y el clima de intolerancia
que éstas han desatado.

Respecto a las medidas legislativas,
“el problema de los inmigrantes
criminales”, según las palabras de
uno de los líderes de la coalición de
Gobierno, justifica un endurecimiento
de las políticas. Y para ello,
se presenta toda una batería de medidas:
el delito de inmigración clandestina
–aunque según las ultimas
declaraciones del primer ministro
Berlusconi, no tener los papeles no
será considerado delito, sino un
agravante–; la reagrupación familiar
sólo para padres e hijos con prueba
de ADN; el aumento de un tercio de
la pena para los irregulares condenados;
la expulsión de los extranjeros
que no justifiquen renta y vivienda;
y la transformación de los
Centros de Permanencia Temporal
en Centros de Identificación y Expulsión
(CIE), donde un inmigrante
puede estar detenido hasta 18 meses.
Estas son sólo algunas de las
medidas en las que se concretan las
políticas de tolerancia cero sobre inmigración,
el tema central de la última
campaña electoral.

Sin embargo, los últimos datos
ofrecidos por el Instituto Nacional
de Estadística no sustentan estas
concepciones. La tasa de propensión
a delinquir de los extranjeros es la
misma que la de los autóctonos; todas
las tipologías de delito están en
declive desde hace ya varios años y
los extranjeros ‘sin papeles’ están
presentes en mayor número sólo en
la categoría de hurtos y robos. Más
que de asesinos y violadores se trata
de personas que deben hacer frente
a situaciones de exclusión socioeconómica.
Si a eso le añadimos que en
Italia, siempre según el Instituto,
mueren tres personas cada día en su
lugar de trabajo, muchas de las cuales
son extranjeras, y se cometen
cuatro violaciones diarias, cuyas víctimas
son inmigrantes en el 50% de
los casos, es evidente que la aplicación
de leyes represivas contra la inmigración
no encuentra su razón de
ser en una real peligrosidad social.

Sin embargo, siempre según los
datos disponibles, en los últimos
años ha aumentado notablemente la
percepción de la inseguridad por
parte de los ciudadanos. Las personas
se sienten más inseguras, y cada
vez más tienden a relacionar este
miedo con la llegada de los extranjeros.
Así no extraña que se cree un
clima de intolerancia y xenofobia como
el que está viviendo Italia.

En Nápoles se desató la furia vecinal
contra los campamentos de gitanos,
obligados a huir dejando todas
sus pertenencias a la merced de
las llamas “autóctonas”. El Gobierno
responde otorgando poderes especiales
a los alcaldes de varias
grandes ciudades para desalojar y
expulsar a los gitanos, la mitad de
los cuales son ciudadanos italianos
o nacidos en Italia. En Milán, los policías
locales suben a los autobuses
urbanos, localizan a los presuntos
extranjeros por los rasgos fenotípicos,
toman nota de su identidad y la
comunican a los juzgados para su
control. Y, si están en situación irregular,
les abren un procedimiento
de expulsión. Para el ayuntamiento,
son controles normales y se insertan
en el “espíritu” de las nuevas
medidas contra la inmigración ilegal.
En Roma, al igual que en otras
ciudades, se organizan comités de
control de barrio en contra de las
prostitutas extranjeras que una vez
localizadas, son detenidas por los
agentes de policía entre gritos de
“pegarles más fuerte” de los vecinos
venidos a echar una mano a las
fuerzas de seguridad.

Tres sucesos que, al igual que
muchos otros acontecimientos de
principios de junio (como la muerte
de un inmigrante en un CIE de
Turín por falta de asistencia médica)
evidencian la peligrosidad de la
propaganda xenófoba. Las asociaciones
de migrantes denuncian esta
situación como una deriva autoritaria
que recuerda las leyes raciales
del fascismo. Justamente la conexión
entre xenofobia y autoritarismo
–bien reflejada a nivel gubernamental
en la alianza entre la racista
Liga Norte (LN) y la fascista Alianza
Nacional (AN)– parece caracterizar
los acontecimientos más recientes.
En Verona, jóvenes hinchas apalean
a un chico por no darles un cigarro,
matándolo. Varios de ellos, pertenecientes
a formaciones neofascistas,
habían sido candidatos en la
gubernamental LN. En Roma, cuya
alcaldía ha sido conquistada por
uno de los personajes más controvertidos
de AN, miembros del grupo
fascista Fuerza Nueva, han agredido
a estudiantes universitarios.
Para el Ayuntamiento, son “peleas
entre extremistas políticos”; para
los colectivos sociales, las asociaciones
de migrantes y de defensa
de los derechos humanos, son el resultado
de un clima de odio y xenofobia
ahora legitimado tanto en el
plano ideológico como político.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

INDIGNACIÓN EN MADRID. Concentración de protesta contra las agresiones a gitanos frente a la Embajada de Italia el 3 de junio.
separador

Tienda El Salto