CIUDAD JUÁREZ / MÁS DE 460 MUJERES ASESINADAS Y CERCA DE 600 DESAPARECIDAS EN 14 AÑOS EN LA FRONTERA MEXICANA
“Eres una mujer y puedes ser asesinada”

“Quieren dar la sensación de que se ha acabado, pero
es falso”, afirma Marisela Ortiz. El pasado febrero
desaparecieron tres mujeres en Ciudad Juárez, y en
marzo se han perpetrado cuatro nuevos asesinatos.

29/03/07 · 0:00
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MARISELA ORTIZ. La presidenta de la Asociación Nuestras Hijas de Regreso a Casa explica que “se va construyendo también el miedo” / Bárbara Boyero

La
Secretaría de Desarrollo Social mexicana informó de
que en el país se registran al año 5.200 muertes de
mujeres de entre 15 y 49 años por causas violentas. En
Ciudad Juárez, la edad de las víctimas de desapariciones,
violaciones y asesinatos ha llegado a los seis años.
El feminicidio que ha hecho famosa a la ciudad no es
quizás el más cuantioso del país, pero sí presenta un
claro patrón sistemático y de continuidad desde 1993.

Feminicidio consiste en el asesinato
de una mujer genérica, de un tipo de
mujer, sólo por serlo y por pertenecer
a ese tipo. Es un crimen dirigido
a una categoría, no a un sujeto específico,
por lo que la víctima queda
despersonalizada. Feminicidio en
Ciudad Juárez significa homicidio de
mujeres jóvenes y pobres, con un físico
definido, en su mayoría trabajadoras
o estudiantes, secuestradas del
espacio público durante días, torturadas
con violaciones tumultuarias y
muchas veces con mutilaciones, y
asesinadas. Sus cuerpos son abandonados
en descampados o en campos
de ranchos de narcotraficantes.
Otro de los patrones es el contexto
de impunidad, por negligencia y
complicidad por parte del Estado.

“Son nuestras hijas, son nuestras
familias, y tenemos que poner por
encima la verdad”. Así sintetiza la
idea fundacional de la asociación
Nuestras Hijas de Regreso a Casa su
presidenta Marisela Ortiz. Compuesta
en 2001 por familiares de las más
de 460 mujeres asesinadas y cerca
de 600 desaparecidas, trabajan para
exigir justicia e incidir en la prevención,
interviniendo directamente en
el entorno. Ortiz considera “innegable
que esos crímenes son ejercicios
de poder, de dominación. La mujer
en México todavía no es valorada como
persona. El simple hecho de ser
mujer habla de vulnerabilidad. Eres
una mujer y corres el riesgo de ser
asesinada. Y lo que es peor, corres el
riesgo de que se niegue tu asesinato,
y con ello tu propia existencia”. En el
feminicidio confluye un patrón de
cultura misógina, patriarcal y autoritaria,
que se rebela contra nuevos
modos de inserción de las mujeres
en sus relaciones de pareja, y en su
vida social y laboral: “Un 62% de los
nacimientos en Juárez son de madres
solteras. La mujer se va empoderando
y quiere recuperar espacios.
Se empieza a responsabilizar de su
vida, de su cuerpo, de su diversión, y
decide tener familia fuera del matrimonio.
Es un proceso que se va dando
sobre todo en el norte de la república,
también por esos espacios que
ha generado la industria maquiladora
que les ha dado esa oportunidad,
que será mala, pero sí, de empoderarse
económicamente”, apunta Marisela
Ortiz. Nuestras Hijas de
Regreso a Casa tiene un equipo de
radio que emite por internet, mientras
luchan por conseguir un permiso
para emitir por ondas en la ciudad,
ya que su “objetivo mayor en la
cuestión de prevención es dentro del
entorno. Se trata de ir poco a poco
despertando una nueva mentalidad
donde Ciudad Juárez se convierta en
un espacio habitable para las mujeres,
en donde la convivencia entre
hombres y mujeres no sea de esta naturaleza
tan violenta. Para ello estamos
impulsando un cambio cultural,
y eso solamente se puede lograr si la
radio es escuchada por juarenses,
por mujeres en riesgo, por los hombres
que son tan machistas”.

Informes de organizaciones como
la Comisión Interamericana de
DD HH, la ONU, o Amnistía Internacional
documentan la ineficacia, indiferencia,
insensibilidad y negligencia
de la policía en las investigaciones,
denunciando a las autoridades
del Estado por actitudes como recurrir
a las confesiones bajo tortura
para presentar chivos expiatorios, u
ordenar quemar un conjunto de
prendas de las víctimas por ‘cuestiones
de higiene’. Las autoridades llegan
incluso a negar que haya mujeres
desaparecidas, y para cerrar esos
expedientes han intentado engañar
a las madres. Manuelita, una abuela
de Juárez que tuvo que volver a trabajar
para mantener a sus dos nietas
pequeñas cuando su hija desapareció
hace diez años, lo manifiesta así:
“En mi caso hasta fabricaron un
cuento. Fueron y me dijeron: ya encontramos
a su hija; está en esa casa
y en ese pueblo. Con una foto que yo
les había dado, la retocaron con photoshop.
Era la fiscal nacional. Yo no
los creí. Yo quiero saber, aunque esté
viva o muerta, pero saber la verdad.
Quiero la justicia. Que no me
estén fabricando algo que no es. Yo
dudo del Gobierno. Trabajan para
hacerle a uno una película. Yo quiero
la verdad. Yo quiero pruebas”. Sin
embargo, Ortiz no cree que vayan a
permitir que se realice una investigación,
después de 14 años impidiéndola:
“Las personas que están designando
como posibles responsables
de estos crímenes son gente muy poderosa,
son empresarios y políticos
importantes”. Para cubrir apariencias
en la actualidad, las autoridades
vienen implementando una “política
de simulación”, surgida por la presión
política generada a través de las
visitas a otros países, y de las redes y
los grupos de mujeres, de feministas
y de DD HH que les han apoyado alrededor
del mundo. Fruto de estas
visitas, tienen lazos con organizaciones
de trabajadoras de la maquila en
Guatemala cuyos propietarios en
muchos casos son los mismos que
en Juárez. Denuncian que estos empresarios
están implicados en los crímenes
sexuales tanto de Guatemala
como de Ciudad Juárez.

El apoyo local se hace más difícil.
“Vas teniendo miedo porque sabes
que estás en un riesgo enorme. La
gente sí se indigna, pero no van a hacer
nada. Pero vamos a seguirle”.


Ciudad fronteriza

Con 1,5 millones de habitantes y
17 parques industriales, concentra
el 57% del empleo de todo el
Estado de Chihuahua. La posibilidad
de encontrar trabajo es
razón para que 300 personas lleguen
a diario a Juárez. Narcotráfico,
prostíbulos, trata de blancas,
migración ilegal, contrabando
y delincuencia organizada
son algunos de los destinos
laborales. Entre el empleo ‘legalizado’
sobresalen las maquilas, o
plantas de ensamblaje, en las
que se fabrica un televisor cada
tres segundos, y una computadora
cada siete. Las multinacionales
que las regentan son muy
conocidas: Ford, Chrysler, Johnson
& Johnson, RCA Thompson,
Philips, Siemens. El despegue de
la ciudad empieza en los ‘60,
ante la necesidad de dar empleo
a un flujo muy grande de migrantes
que llega a la ciudad antes o
después de intentar cruzar a los
EE UU. Con el Programa Maquiladora
en 1960, y el Programa
Industrial Fronterizo, se fomenta
el desarrollo de la industria de
ensamblaje, y Juárez se consolida
como centro industrial. La
maquila introduce cambios
sociales y culturales acentuados
de forma muy acelerada, que
acarrea graves consecuencias
para la ciudad. El ser humano se
convierte en producto desechable:
se despide a trabajadoras
por llegar dos minutos tarde.
Juárez aumenta su población flotante
y disminuye su calidad de
vida. Hay mucha riqueza, pero
ésta no llega a sus habitantes.
No hay infraestructuras urbanas
de salud, educación, seguridad
o transporte. El 40% de la población
vive en la extrema pobreza.
La brecha entre pobre y rico se
profundiza y genera violencia.


Impunidad y corrupción

Según la ONU, cerca del 98%
de los delitos que se cometen
en México no reciben castigo, y
entre el 50% y el 60% de los
jueces mexicanos están corrompidos
por el narcotráfico, negocio
que mueve al año de forma
ilegal unos 24.000 millones de
dólares. En 1990 Amago Carrillo
Fuentes, fundador del cártel
de Juárez, consolida en la ciudad
su principal base de operaciones.
Desde ahí se relacionará
con el Partido de Acción
Nacional de Chihuahua (el PAN
gobierna México desde 2001).
La corrupción se extiende como
muestra el hallazgo, en enero
de 2004, de una fosa con 12
cadáveres con tiros de gracia y
signos de tortura, que culminó
con órdenes de aprehensión
contra varios agentes de la policía
judicial del Estado, incluido
el comandante Loya, uno de los
oficiales de mayor responsabilidad
en Ciudad Juárez, y que hoy
continúa fugado. Para Marisela
Ortiz: “La corrupción policíaca,
que inicia desde el más bajo
nivel hasta el más elevado, y el
narcotráfico, nos guste o no, es
quien domina la situación, es el
poder más grande que existe,
incluso más todavía que el
poder político”.

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