LIBERACIÓN SEXUAL // REDADAS Y TORTURAS CONTRA HOMOSEXUALES
Egipto: la homofobia sin medida

El ‘socio preferente’ de Occidente en
el mundo árabe ha protagonizado durante
los últimos cinco años una campaña
de homofobia planificada que ha
disparado todas las alarmas. En el que
hasta hace poco era uno de los países
árabes más permisivos en materia de
sexualidad, la represión contra las minorías
sexuales iniciada hace cuatro
años con el desalojo violento de una
discoteca gay se mantiene, si bien ha
remitido en 2004 y 2005.

18/05/06 · 15:59
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REACCIÓN REPRESIVA. Human Rights Watch ha documentado 179 casos de condena por “libertinaje” desde 2001.

Hasta hace algunos años,
Egipto era ejemplo de
un proceso social prometedor
en el que se daba
la coexistencia de una sociedad
tradicional con el desarrollo de un
tejido comunitario de lesbianas,
gays, transexuales y bisexuales
(LGTB). La homosexualidad no estaba
prohibida legalmente, sólo se
castigaba la “obscenidad” y el “libertinaje”,
delitos de ambigua concepción
y poco aplicados a casos
reales. Esta permisividad nunca supuso
un reconocimiento de los derechos
de las minorías sexuales;
más bien, consistía en una homofobia
institucional y social que,
más por pragmatismo que por convicción,
“toleraba” una actividad
LGTB. Eso permitía, al menos, la
aparición de lugares públicos de
encuentro y ciertas dosis de libertad
cotidiana de las personas
LGTB, que podían gozar de unas
mínimas garantías básicas de visibilidad
y sociabilidad sin temor a
una persecución frontal. Y eso, en
el contexto de los países de la Liga
Árabe, no era poco. Situaciones similares
se dan hoy en lugares como
Beirut, Dubai, Amman y ciertas
zonas de Túnez.

Una homofobia
feroz y planificada

La campaña de persecución comenzó
el 11 de mayo de 2001, cuando
centenares de policías irrumpieron
en la discoteca Queen Boat, en
un barco sobre el Nilo, en la que se
celebraba una noche gay. La redada
se saldó con 35 detenidos, mientras
otros 17 hombres eran arrestados
en El Cairo por ser presuntamente
homosexuales. A los detenidos
se les sometió a tortura en
comisaría y a exámenes médicos
anales sin su consentimiento. Días
después, la prensa egipcia publicó
sus nombres, fotografías y lugares
de trabajo, acusándolos de ser
“adoradores del diablo”, “espías israelíes”
y “participantes en orgías”.
La acusación pública arruinaba la
vida de todos los detenidos de antemano,
sea cual sea el resultado del
juicio posterior.

El 18 de julio fueron trasladados
ante el Tribunal de Seguridad del
Estado, dedicado en exclusiva a delitos
de terrorismo y espionaje, y
ante el cual no es posible apelar. Al
ser un proceso largo, los acusados
permanecieron en la prisión de
Tora seis meses en espera de la sentencia,
sujetos a abusos y torturas.
El 14 de noviembre se dictó la sentencia,
que condenó a 23 de ellos a
entre uno y cinco años de cárcel
con trabajos forzados. Más de medio
año después, el presidente Mubarak-
sujeto a ciertas presiones internacionales-
ordenó dejar sin
efecto 21 de esas condenas, pero
los dos ‘líderes’ permanecieron en
prisión. Los amnistiados, tras un
breve período de libertad, fueron
llamados de nuevo en julio de 2002
a juicio junto al resto de los detenidos
en el Queen Boat, con cargos
de “depravación sexual”. 21 de los
acusados fueron condenados a tres
años de cárcel, penas que sobrepasaban
las impuestas en el primer
juicio.

Estos hechos fueron denunciados
por diversos organismos de derechos
humanos y por asociaciones
internacionales de lesbianas y gays.
Lo que nadie sabía es que esas detenciones
eran el principio de una
larga campaña represiva. Durante
el año siguiente al caso de la redada
del Queen Boat se dieron continuas
detenciones con frecuencia
casi mensual. Los casos confirmados
suman 16 gays detenidos, todos
víctimas de torturas para confesarse
culpables. Algunas detenciones
presentaban una modalidad
novedosa: citas-trampa realizadas
en canales chat de ligue, en los que
los policías se hacían pasar por
gays. En todos los casos los detenidos
fueron condenados a prisión, la
mayoría por un período de tres
años. La utilización del artículo del
código penal que castiga el “libertinaje”
mostraba, a falta de una prohibición
de la homosexualidad, un
programa premeditado de represión
sexual.

Más tarde se dio el primer caso
de un extranjero víctima de la caza
de brujas homófoba: Wisam Abyad,
libanés residente en Egipto, fue
arrestado el 16 de enero de 2003
tras acudir a una cita realizada en
un chat gay. Durante el juicio permaneció
en una jaula y no se le permitió
testificar en su defensa. Fue
condenado a 15 meses de prisión.
La presión internacional, liderada
por un incipiente movimiento gay
’virtual’ de varios países árabes y
por Amnistía Internacional, obligó
a la Embajada libanesa a interesarse
por el caso. Un año después de
su detención, tras presiones internacionales
de distinto signo, recobró
la libertad.

En determinados períodos, la represión
se recrudeció: en septiembre
de 2003 se documentaron 62
detenciones. En marzo de 2004,
Human Rights Watch hablaba de
un total de 179 casos comprobados
de detención, acusación y condena
desde la redada del Queen Boat.
Otros detenidos fueron vejados y
torturados, pero no se les presentaron
cargos. Al menos en 63 casos
las torturas incluyeron latigazos,
ataduras, baños de agua helada,
quemaduras de cigarrillos, descargas
eléctricas y violaciones. La
campaña represiva ya había provocado
manifestaciones en diversos
países, un pronunciamiento de la
UE, y airadas respuestas de políticos
egipcios en contra de que
“Occidente se inmiscuya en nuestros
asuntos internos”. Al final, la
presión diplomática y activista dio
algunos frutos. Desde principios de
2004 algunos encarcelados han sido
puestos en libertad. Sin embargo,
el grueso de los detenidos
todavía cumple condena.

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