LGTB :
Denuncian la persistencia social de la transfobia

A finales de febrero, Luna, una mujer
transexual, fue encontrada asesinada
con gran violencia en un contenedor
de escombros en Lisboa. De
origen brasileño, vivía en Portugal
desde hace varios años, donde era
trabajadora sexual.

17/04/08 · 0:00
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A finales de febrero, Luna, una mujer
transexual, fue encontrada asesinada
con gran violencia en un contenedor
de escombros en Lisboa. De
origen brasileño, vivía en Portugal
desde hace varios años, donde era
trabajadora sexual.

Este hecho fue abordado con gran
sensacionalismo, casi justificativo
del asesinato, por los medios de comunicación
portugueses, mientras
las autoridades mostraban una total
pasividad. Ante esto, colectivos de
lesbianas, gays, trans y bisexuales
(LGTB) recordaron que, hace dos
años, un crimen similar casi quedó
impune. En aquella ocasión, en Porto
otra transexual, Gisberta, fue asesinada
por un grupo de 14 jóvenes
de entre 10 y 16 años tras torturarla
durante tres días (ver DIAGONAL
nº 30). Entonces fueron exigidas
medidas a las administraciones portuguesas
para evitar nuevos crímenes
similares, pero sin resultados.
Por ello, y en respuesta a un llamamiento
internacional a finales de
marzo, con el lema “Luna: prostituta
en nuestra ciudad, mujer porque sí!”
se sucedieron distintas acciones de
protesta en Lisboa, A Coruña, Barcelona,
Bruselas, Santiago o Paris.
Según un comunicado de diferentes
organizaciones LGTB del Estado
español “los y las transexuales continúan
siendo blanco de la violencia
en gran parte del mundo. Mientras
se resuelve la investigación abierta
[tras la muerte de Luna], la transfobia
[odio hacia las y los transexuales]
mata y las personas trans sufren
mayor violencia que las demás”.

Recuerdan que “el preconcepto, el
odio generado por la incomprensión,
generalizan la discriminación,
que genera violencia”.
En el caso del Estado español la
recientemente aprobada Ley de
Identidad de Género obliga a las personas
transexuales a obtener un
Certificado de Disforia de Género
para poder acceder a los tratamientos
hormonales o cambiar de nombre.

Esto, en opinión de muchas militantes
trans, supone asumir una
condición patológica, y esa condición
extendida en la sociedad y reconocida
por los propios poderes
públicos y psiquiátricos, es la que
contribuye a alimentar una transfobia
social que habitualmente emerge
en forma de invisibilización, agresiones
o incluso asesinatos. Grupos
LGTB de carácter más oficialista, como
la Federación Estatal (FELGTB)
se muestran favorables a la obligatoriedad
del Certificado. Mientras,
otros colectivos se oponen al mismo
porque consideran que no abordarla
como una patología repercutiría
beneficiosamente en la percepción
que la sociedad y las propias trans
tienen de sí mismas.
Estas diferencias volvieron a expresarse
en los XX Encuentros Estatales
LGTB, celebrados en Gandía
a principios de abril, cuando las demandas
de diferentes sectores contra
la necesidad del certificado fueron
desestimadas.

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