MAGREB // CONTROL DE FLUJOS MIGRATORIOS SUBSAHARIANOS HACIA EUROPA
“Argelia es hoy un callejón sin salida”

La ‘cooperación euromediterránea’ en materia de
control de la inmigración comienza a dar sus primeros
resultados en Argelia. El Gobierno de Buteflika ha
endurecido su política, y en algunas zonas las redadas
de la policía se han convertido en algo cotidiano.

01/04/06 · 22:04
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I. Cabarga
ESCALA EN ARGEL. Los inmigrantes deben aceptar los trabajos más duros para
seguir su viaje hacia Europa. Muchos reparan calzado en la calle como ocupación.

“Antes, el inmigrante era bien acogido,
no suponía ningún problema
para nadie, pero, poco a poco, a medida
que han ido aumentando las
presiones de Europa sobre el Magreb,
la situación se ha hecho más
difícil”, afirma Jan Heuft, presidente
de Encuentro y Desarrollo,
una asociación argelina que presta
apoyo a migrantes de tránsito en el
país. “La desesperanza ha cundido
en muchos de ellos, sobre todo después
de los acontecimientos de octubre
de Ceuta y Melilla”, lo que ha
provocado, según Heuft, que “el número
de personas que desean regresar
a sus países de origen haya
aumentado enormemente”. Pero el
blindaje de las dos plazas españolas
del norte de África, puerta de entrada
europea de la mitad de los inmigrantes
que pasan por Argelia, no
explica por sí solo este fenómeno,
nuevo en el Magreb. El Gobierno de
Buteflika, siguiendo las recomendaciones
del Proceso de Barcelona, ha
contribuido activamente a convertir
el país “en un callejón sin salida, al
igual que Marruecos”.

En 2005, Argelia recibió casi cinco
millones de euros de los fondos
MEDA de la Unión Europea para
“luchar contra el terrorismo y la inmigración
ilegal”, una cifra que este
año se ha duplicado. Tal y como
afirmaba el pasado mes de noviembre
el embajador de la UE en este
país, Lucio Guerrato, en el marco
de un seminario de formación de la
Policía argelina impartido por expertos
europeos, “este capítulo de la
cooperación existe desde hace dos
años e incluye dos aspectos: la prevención
y la represión. Pero la burocracia
ha hecho que se produzcan
retrasos”. Aun así, los resultados
son más que evidentes. En 2004, el
Ejecutivo argelino creó una brigada
policial especializada en inmigración
clandestina y en las últimas semanas
ha inaugurado diez nuevos
puestos de vigilancia en la frontera
con Marruecos. Argelia incrementa
en proporción aritmética sus medios
materiales y humanos y, como
consecuencia, la vida de los migrantes
se precariza aun más. Este cambio,
según Jan Heuft, no sólo tiene
su origen en la presión del coloso
del Norte sino también en el hecho
de que “cada vez hay más inmigrantes
en el país y esto está ocasionando
molestias en partes de la población
y choques entre la comunidad
autóctona y la inmigrante”.
Hasta el momento, los subsaharianos
pasaban una media de 18
meses en Argelia antes de intentar
el salto hacia el Estado español ,
aunque muchos tardaban dos, tres
y hasta ocho años, el tiempo necesario
para ganar algo de dinero y
preparar con unas garantías mínimas
la última parte del viaje. Si eran
rechazados en la frontera española
y devueltos a Argelia por Marruecos
volvían a intentarlo de nuevo, y así
una y otra vez. Pero ahora, con una
Policía que tiene órdenes de eliminar
cualquier asentamiento, por pequeño
que sea, se ven obligados a
permanecer escondidos, a reducir
los períodos de tránsito y a modificar
sus rutas tradicionales.

El clásico itinerario Tammanraset-
In Salah-Ghardaia-Mahgnia-
Ceuta o Melilla ha dejado de ser seguro,
afirma Heuft, por lo que se están
abriendo nuevas rutas terrestres
hacia Casablanca y Canarias
por el suroeste y hacia Libia e Italia,
e incluso hacia Egipto y Turquía,
por el este. Respecto a las nacionalidades,
la citada asociación ha constatado
que además de los tradicionales
vecinos de Mali o Níger, es cada
vez más frecuente hallar en
Argelia a ciudadanos de países distantes
como Nigeria, Camerún o
Ghana. Hace unas semanas, la policía
descubrió en pleno desierto del
Sahara a un grupo de cien paquistaníes
que se dirigía hacia el norte.

En Tammanraset, la primera
gran ciudad del sur argelino y lugar
de paso para una gran parte de migrantes
africanos, las redadas de la
policía se han convertido en algo cotidiano,
al igual sucede en otras zonas
donde son frecuentes los asentamientos,
como los barrios capitalinos
de Dely Ibrahim, Cheraga o
Ain Benian. Aunque la mayor parte
de los inmigrantes sin papeles que
son detenidos y no han cometido
un delito son puestos en libertad
tras ser fichados en comisaría, un
porcentaje nada desdeñable es expulsado
sin el preceptivo juicio que
establece la ley argelina. Hacinados
en autobuses y camiones, estos
últimos suelen ser transportados
miles de kilómetros hasta la frontera
con Mali o Níger, donde son
abandonados a su suerte por lo que
en los últimos años, denuncia la citada
ONG, no es extraño encontrar
a grandes grupos de personas vagar,
en condiciones extremas, en
pleno desierto.

Desalojo en el campamento de Mahgnia
El 4 de diciembre 400 efectivos
policiales argelinos, en una
vasta operación de caza y captura,
desmantelaron el campo
del río Jorgi, en la ciudad fronteriza
de Mahgnia, deteniendo
a 726 personas de al menos
diez nacionalidades diferentes.
Desde hace una década,
Mahgnia, que se encuentra a
unos 160 kilómetros de Ceuta
y a 600 kilómetros de Melilla,
aparece como uno de los
nodos migratorios africanos
más importantes de la ruta
hacia el Estado español. La
policía utilizó 50 autobuses
para transportar a los detenidos
al aeropuerto de Tlemcen,
desde donde fueron embarcados
en sucesivos aviones
rumbo a la ciudad de Adrar, en
pleno desierto sahariano. Allí
fueron encerrados en unas
antiguas escuelas y unos días
más tarde las autoridades
argelinas, asumiendo todos los
costes del operativo, comenzaron
las repatriaciones por vía
aérea, un hecho sin precedentes
en el país magrebí. Hasta
el 19 de diciembre, en vuelos
desde Adrar hasta Mali, Nigeria,
Senegal, Camerún, Burkina
Faso, Ghana, Guinea Conakry y
Guinea Bissau, 556 personas
fueron deportadas. Actualmente,
informa el portal de noticias
Indymedia Estrecho, 51 congoleses
y 8 marfileños permanecen
en el campo de Adrar a la
espera de la resolución de sus
solicitudes de asilo político.
En un precedente de estas
redadas, en septiembre de
2000, la policía expulsó a
los dos millares de personas
que se encontraban en ese
momento en Mahgnia. En
aquella ocasión los detenidos
que no fueron liberados
en la frontera marroquí fueron
trasladados en autobuses
y camiones hasta la
frontera con Mali y abandonados
en el desierto.

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