CASTILLA Y LEÓN // IMPLICADOS NUMEROSOS MILITARES
Agresiones brutales: la propaganda neonazi

Las numerosas agresiones cometidas por fascistas en Castilla y León han sido ‘explicadas’ generalmente por las autoridades como “gamberradas” sin mayor significación. Buena parte de los medios de comunicación reflejan los hechos como “peleas o ajustes de cuentas” entre grupos
de distinto signo, obviando el sustrato ideológico de estas acciones y de sus autores.

, Valladolid
09/10/06 · 1:04

 

Las actuaciones judiciales abundan
en estas consideraciones, reduciendo
las agresiones a faltas de lesiones,
amenazas y similares. No ha
habido acusaciones por asociación
ilícita ni se han aplicado agravantes
 como los motivos racistas, sexistas
o ideológicos, lo que llevaría a considerar
también la personalidad de
 sus autores. Éstos suelen enfrentar
 condenas muy leves, cuando no la
absolución, ya que las investigaciones
policiales no recogen las conexiones
 entre las agresiones (lo que
 podría demostrar la existencia de
 grupos organizados y su ideología)
 ni las connotaciones de las mismas
 (sexismo, xenofobia...). Un repaso
a los principales ataques perpetrados
pone de manifiesto su identidad
y vinculaciones... Lo que evidenciaría
 que en casi todos los casos sus
 autores son militares o hijos de militares,
 policías o guardias civiles.
 Valladolid es, según colectivos
sociales, donde los grupos fascistas
 y neonazis tienen más notoriedad.
 En el resto de localidades castellanas,
 aunque su presencia en la calle
 es, por su escasez numérica, mucho
 más discreta, mantienen cierta capacidad
 para la agresión.

VALLADOLID

El 27 de agosto se produjo el, por ahora, último ataque ultraderechista: el destrozo del escaparate y puerta de la sede de Sodepaz, ONG de solidaridad con el Sur. Ya había sufrido un ataque similar en junio de 2003. En la provincia existen varios grupos
organizados, lo que permite que de la (auto)disolución de los mismos
salga la simiente de nuevas organizaciones y que sea también la reserva que nutre a otras localidades.

Del entramado ultraderechista destacan los hermanos Francia, propietarios de una red de locales de ocio. Jorge Francia fue acusado de participar en agresiones en la noche de San Juan del año 2000, organizadas por el grupo Frente Radical. Esa noche, unas 50 personas acamparon en una finca privada en Quintanilla, donde realizaron un ritual. Después, varios de ellos se acercaron a la localidad de Peñafiel, y en la discoteca Isis apuñalaron sin mediar palabra a un joven a causa de su aspecto. Resultaron también heridas otras personas que salieron en su defensa, entre ellas la hermana del joven, a la que propinaron una paliza.

La campaña neonazi más reciente
y llamativa ha consistido en grabar
esvásticas con navajas calentadas
al rojo a tres chicas el 16 y 20
de diciembre de 2005 y 11 de enero
 de 2006 (Ver DIAGONAL 22) en el
 barrio de Parquesol. El precedente
de este tipo de agresiones se remonta
 al 8 de julio de 2002, en
Valladolid. La víctima, a la que
 también intentaron violar, era la
compañera de un joven amenazado
 por sus actividades antifascistas.
Pese a las con comitancias con
 unos casos similares en León, la
 policía nunca se interesó en establecer
 conexión.

Por las últimas agresiones de
 Parquesol sólo fue detenido Jesús
Manuel del Campo Martínez, pese
a que en todos los ataques participaron
tres personas. Del Campo ya
había sido detenido en otra ocasión
 por grabar una esvástica en el cuerpo
a otra chica, en el barrio de Las
Delicias. Este caso había quedado
sin sanción, al prescribir el delito
 por el retraso de la fiscalía en presentar
 un informe psicosocial.
Los ataques de Parquesol fueron
 achacados, tanto por el alcalde de
 Valladolid como por el delegado y el
 subdelegado del Gobierno, a “gamberradas”
y descartaron la existencia
 de grupos neonazis organizados.

Sin embargo, la presencia de
grupos organizados queda demostrada
 por múltiples datos. En octubre
de 2003 fueron detenidos tres
individuos cuando, según la policía,
iban a atacar las sedes de organismos
 populares. Llevaban cócteles
 molotov y gasolina. Procedían
 del local, en la Plaza Circular, de la
 Asociación Cultural Rey Sisebuto
 (hoy reconvertida en sede de la
Alianza por la Unidad Nacional, el
 partido fundado por el fascista
Ricardo Sáenz de Ynestrillas).
 Los detenidos eran David San José,
 Alberto Aparicio, militar formado
 en la Academia de Zaragoza y destinado
entonces en el cuartel leonés
 del Ejército de Tierra de El Ferral del
 Bernesga (la policía nunca ha intentado
investigar su relación con los
 neonazis de León destinados en este
 mismo cuartel), y su hermano Juan
 Javier Aparicio. El padre de los Aparicio
 está ligado a fuerzas de ultraderecha.
 El abogado de estos también
 es miembro de AUN. Los tres detenidos
 formaban parte del Bloque
 Anti Sistema (BAS), grupo nacido
en Valladolid y con ramificaciones
en León y en Salamanca. Heredero
de las antiguas Bases Autónomas, el
 BAS copia su organización y estructura
del recientemente desmantelado
Frente Anti Sistema (FAS) que
 operaba en zonas de Levante y que,
 entre otras actividades, se dedicaba
al tráfico de armas.

Estos tres detenidos del BAS,
implicados además en otras múltiples
agresiones, fueron encausados
penalmente junto a otros dos
reconocidos neonazis, Pablo R. L.
y José Ignacio P. C. Inicialmente
les iba a ser aplicada la legislación
 antiterrorista, por lo que la instrucción
le fue asignada a la Audiencia
Nacional, aunque finalmente fueron
juzgados en Valladolid. La sección
 cuarta de lo penal de la Audiencia
 de Valladolid condenó a cuatro años de prisión a los hermanos
Aparicio, a tres años a Pablo
R. L. y a José Ignacio P. C., y a
otros dos años a David San José,
 al que se le aplica la atenuante de
colaboración con la Justicia. El
 BAS no ha sido desmantelado.
 En la provincia vallisoletana también
 se han llevado a cabo conciertos
 de música RAC (Rock Contra el
 Comunismo), concretamente en la
localidad de La Cistérniga. Entre
las agresiones más recientes destaca
 el ataque a una joven que recibió
 cortes con un objeto punzante.

La influencia en otras localidades
del entramado ultraderechista vallisoletano
es especialmente visible en
 el ‘Corredor Valladolid-León’. Se
puede ver en su carretera, aunque la
simbología nazi se ha visto superada
por la antifascista. Es la válvula de
 oxígeno del neonazismo leonés, exiguo,
 pequeño y acotado. Cuando éste
 se ve impedido de sacar la cabeza
 se “tira de teléfono” y aparecen uno
 o dos coches de neonazis pucelanos
y es cuando algo “gordo” pasa en
León, según militantes antifascistas.
 Los ataques se multiplicaron a fines
 de 2004, prolongándose mucho
tiempo después, con una campaña
de agresiones dirigida a militantes
de movimientos sociales. Destaca el
ataque con gasolina a la sede de la
 CNT, que a punto estuvo de quemar
 el edificio. No hubo detenidos. El 1º
de mayo de 2005 el ataque con fuego
lo sufrió el Club Cultural de Amig@s
 de la Naturaleza. Una persona estuvo
 a punto de morir asfixiada por el
humo. Tampoco hubo detenidos.
Brutales fueron también los ataques
 contra una militante de Juventudes
 Comunistas (JC) y compañera
 de su secretario político. Sufrió
palizas, pintadas y amenazas en el
 portal de su casa. Parte de estas intimidaciones
se produjeron mientras
tenía protección policial. El último
 ataque se produjo en la calle: tras ser
 golpeada y quedar inconsciente le
grabaron una esvástica en la cara.
 Era la quinta agresión que sufría, por
lo que ha necesitado tratamiento psicológico
 aunque no ha abandonado
su militancia. Algunos de sus agresores
 fueron detenidos -pertenecían al
 BAS- y juzgados en mayo de 2005.
 Las condenas fueron muy leves.

 

Otro caso fue el intento de secuestro  del militante de Corriente Roja y de IU Aniceto Reyes en Ponferrada el 29 de octubre. Seis jóvenes fueron a buscarle a la salida del bar donde trabajaba. Los agresores, que no lo conocían, lo retuvieron una hora y pico. Logró zafarse de ellos. Varios fueron detenidos: tres menores de edad fueron condenados a días de “trabajos para la comunidad” y una multa conjunta de 300 euros; los mayores de edad siguen pendientes de
juicio. El juez ha calificado el episodio como faltas.

En León, en octubre de 2005 vuelven
a producirse agresiones, teniendo
 el fútbol como excusa. Destaca la
emboscada perpetrada en las cercanías
 del estadio, el 5 de noviembre,
por unos 40 nazis del Frente Leonés,
 peña fascista del equipo de Segunda
B, la Cultural Leonesa (con el apoyo
 de ultraderechistas de Valladolid y
 Asturias) contra miembros de Resaka
 Castellana, peña de carácter antifascista
 del Real Burgos, el equipo visitante.
 En la agresión utilizaron bolas
de acero, palos, machetes, pistolas
de aire comprimido y exhibieron
una escopeta. Seis jóvenes burgaleses
resultaron heridos de diversa
consideración con arma blanca, permaneciendo
 uno de ellos hospitalizado
 unos diez días.

Los medios de comunicación presentaron
 el ataque como “agresiones
entre hinchadas rivales”, y repartieron
la responsabilidad entre ambas
por igual. Aunque hubo identificaciones
 policiales al poco de la
 agresión, no fueron detenidos media
 docena de agresores hasta pasados
unos días, cuando el tema ocupaba
las páginas de los medios locales.
Todos tenían antecedentes judiciales.
 La pena solicitada por la fiscalía
 es de 60.000 euros por persona identificada,
tanto de Resaka Castellana
 como del Frente Leonés.

También se han producido agresiones
racistas en León, sobre todo
en el Barrio de la Vega, con fuerte
presencia de inmigrantes.
 Entre los nazis responsables de
 las agresiones destaca David Miguel
 Galán Da Costa, alias ‘Cholo’, militar
 destinado en el cuartel de El
 Ferral del Bernesga. Evitó ser juzgado
 por el ataque a la simpatizante
 de JC, marchándose a Bosnia en
 “misión humanitaria”. A su vuelta fue juzgado por varias agresiones, entre otras el apuñalamiento de un
 joven en una piscina, por el que fue
condenado a dos años, lo que evitaba
su ingreso en prisión. Por la agresión
 a la joven de JC, finalmente, fue
 condenado a estar 12 días localizado
y alejado de la víctima y pagar
 900 euros. En el Ejército no ha sido
 castigado, sino que ha sido ascendido
 a cabo.

Javier García Sierra, alias ‘Pecas’,
 también militar destinado en El Ferral
 del Bernesga, tampoco ha sido
 sancionado por el Ejército por ninguna
 de su amplia colección de agresiones:
 el referido ataque a Resaka
 Castellana, agresión por la espalda a
una chica, sendas agresiones a chicos,
 golpear con un hacha en la cabeza
a un chico de 15 años, y un largo
etcétera. Por alguna de ellas ha sido
juzgado y condenado por “faltas”,
teniendo pendientes varios juicios.
 ‘Cholo’ y ‘Pecas’ son los ‘brazos
ejecutores’ más significativos. Detrás
de ellos parecen estar quienes
ejercen de cerebros. César Martínez
Álvarez es uno de los miembros más
antiguos y con más caché dentro de
la ultraderecha leonesa. Es responsable
 del partido Democracia Nacional
 en León. Antes de que empezaran
las agresiones contra militantes
de JC, protagonizó reiteradas
 amenazas verbales a estas personas.

SALAMANCA

Aquí las agresiones comenzaron en 1995 coincidiendo con el auge de
las peñas futbolísticas ultras Brigadas Charras y Orgullo Charro.
Su tarjeta de presentación fueron amenazas y palizas a mendigos, extranjeros, homosexuales y personas vinculadas a movimientos sociales de izquierdas.

El 14 de octubre de 1999 le rompieron
el cráneo a un joven segoviano
por llevar una camiseta que
no les gustaba. La agresión se produjo
 en plena Plaza Mayor y con
 una patrulla de la Policía Local en
las inmediaciones. El agresor, Á.G.P., militar e hijo de
 un policía nacional, fue condenado
 a indemnizar a la víctima con
 dos millones y medio de pesetas.
 Por el mismo motivo fue apuñalado
un joven de 15 años. La condena
fue la misma: indemnización,
aunque en esta ocasión el autor
 acabó en prisión por no pagarla.
 Motivos racistas tendrían el apuñalamiento
 de un joven marroquí a
manos de Roberto Salvador, alias
 ‘Chiqui’, también militar e hijo de
 guardia civil, y el ataque con un bate
a dos atletas marroquíes del
 equipo de la Universidad ADUS, en
plena Gran Vía.

El 12 de septiembre de 2002,
J. M. Villarón Rodríguez, militante
 de Juventudes Castellanas Revolucionarias,
fue apuñalado a la puerta
 del Ateneo Castellano cuando sacaba
la basura. Las heridas estuvieron
 a punto de costarle la vida.
Los autores fueron Álvaro Vega de
la Iglesia, alias ‘Burro’, hijo de un
policía nacional; Alberto Rodríguez
 Santos, alias ‘Feno’, militar de profesión,
 y Javier Martín Hernández,
 miembro de Brigadas Charras y
 Orgullo Charro. Los tres, miembros
 del BAS, estaban esperando a la
víctima y le atacaron sin mediar palabra.
Ninguno de ellos acabó en
prisión, pues aunque fueron condenados, el juez no aplicó como agravante
ni la intencionalidad política
ni la premeditación.

En 2003, un estudiante perdió un
 ojo por un botellazo. El 4
de octubre varios individuos le propinaron
 una paliza a un estudiante,
 y le clavaron un machete en la pierna
(7 centímetros de herida). A
 otras dos estudiantes ‘sólo’ las insultaron
y amenazaron. Todas esta s
agresiones fueron presentadas
como “peleas callejeras”.


Segovia: banco de pruebas

En el año 2000, colectivos sociales locales detectaron que grupos nazis de Madrid utilizaban Segovia como banco de pruebas para
‘evaluar’ a sus aspirantes: éstos tenían que demostrar su valía yendo a propinar alguna paliza o destrozar algún local. Según estas fuentes, contaban con un enlace en la capital segoviana: Raúl Córdoba, que junto con Raúl Pajas, representante de Asociación
Juvenil Española (AJE), y otros jóvenes, se dedicaban a empapelar Segovia con pegatinas de AUN y de la ya desaparecida organización
nazi Bases Autónomas.

Las conexiones políticas
de los grupos fascistas
 en Segovia arrojan
nombres como los
 de Juan Carlos Martín,
ex militante de Cristo
 Rey y posteriormente
 concejal de Turismo
 por el PP o el de
 Manuel González
 Herrero, que sustituyó
 como diputado a
Loyola de Palacio.
 Según colectivos
 sociales segovianos,
tras la desaparición
de CEDADE, una de
las primeras organizaciones
nazis del Estado,
se pasó a la ‘política
formal’, como
militante del PP, conservando
su relación
 con los elementos
 más ultras de la ciudad.

Últimamente se
ha visto envuelto,
como asesor de un
 cargo público del PP,
 en un escándalo
 inmobiliario. Destaca
también Gabriel García
 Tejero, alias ‘El
Jurri’, policía nacional
 expedientado en su
 día por espiar a personas
de izquierda. Aunque
por ello fue apartado
 de su cargo,
actualmente ha regresado
 al servicio en la
ciudad. La sierra segoviana
 y el entorno de
La Granja son además
 segunda residencia de
 fascistas madrileños.

Campamentos de fraternidad

En julio de 2002, Falange desarrolló un campamento en unas
instalaciones de la Junta de Castilla y León, el albergue del Alto del León, en San Rafael, organizado por el director provincial de Educación en Segovia, Manuel García Serrano, militante de Falange conocido como ‘Nube Roja’ y amigo íntimo de ‘Pocholo’, un comisario de policía de Segovia.

Acudieron unos 120 jóvenes de diversas provincias con uniforme de la (Organización Juvenil Española) (OJE) . Bajo el lema ‘Vale quien sirve’ y en medio de la parafernalia de banderas y brazos en alto, etc., altos cargos de Falange impartieron charlas. Según colectivos segovianos, ejercía de jefe del campamento Guillermo Sánchez de
Haro, ‘Fredi’, cocinero de un cuartel militar de León. Estos campamentos se dan, o se han dado, también en otras provincias.

Zamora:
a por IU

_ En Zamora el ataque más grave se produjo durante la última  Semana Santa. Un joven salmantino de visita en Zamora fue apuñalado por neonazis. Presentaba heridas graves, una cerca del corazón.
Por otro lado, los fascistas zamoranos la han tomado con Izquierda Unida. Su sede, en la Plaza del Mercado, ha sufrido hasta seis ataques, con lanzamiento de botellas, pintadas y amenazas de muerte contra el concejal de la coalición Francisco Guarido. También recibió
fotocopias de un escrito y grabaciones en el contestador telefónico amenazando a la coordinadora provincial, Laura Rivera.

Aunque estos ataques a la sede de IU tuvieron lugar en los días previos a las elecciones municipales de 2003, este mismo verano han aparecido
pintadas en el domicilio particular de Francisco Guarido y Laura Rivera.

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