El relato de una posible multa por no obedecer a la autoridad en un ascensor repleto
Denunciado por la Ley Mordaza en su puesto de trabajo

Un trabajador de mantenimiento del Hospital Clínico de Valladolid fue denunciado por dos agentes de la policía por no apartarse mientras se dirigía en un ascensor lleno a atender una reparación.

, Valladolid
18/03/16 · 8:00

Que al amparo de la Ley Mordaza (eufemísticamente denominada Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana) se impongan multas astronómicas ya parece moneda corriente en la carrera gubernamental para evitar cualquier actitud de crítica o protesta. Sin embargo las circunstancias que rodean la que le puede ser impuesta a Emilio Cañibano, trabajador de mantenimiento eléctrico del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, supera con creces lo creíble.

Cuenta Emilio que nada más entrar, uno de los policías le puso la mano en el brazo y le ordenó “apártese”, con voz dictatorial. Pese a que se apartó lo que buenamente pudo, el policía no quedó satisfecho

A media mañana del jueves 28 de enero, ataviado con su uniforme sanitario (por tanto sin posibilidad de portar cartera con documentación), es requerido por el jefe de taller para realizar un trabajo urgente en una planta del hospital. Solícito, se monta en un ascensor en el que al haber en su interior ya unas 15 personas se coloca en una esquina. Pero poco después entran también en el ascensor dos policías nacionales custodiando a un preso al que llevaban para un reconocimiento médico. En este camarote de los hermanos Marx en que se convirtió el ascensor, tanto por lo lleno como por lo grotesco, se va a desarrollar la película.

Cuenta Emilio que nada más entrar, uno de los policías le puso la mano en el brazo y le ordenó “apártese”, con voz dictatorial. Pese a que se apartó lo que buenamente pudo en las circunstancias del habitáculo, el policía no quedó satisfecho y con el mismo tono de voz le ordenó apartarse unos centímetros más. Emilio le hizo una observación de disconformidad, más por las formas que por el fondo, señalando que merecía un poco de respeto, recibiendo como respuesta del agente que “nadie tenía que decirle cómo hacer su trabajo”.

Cuando el ascensor se para en la planta a la que iban los policías con el recluso, éstos le conminan a Emilio a salir también del ascensor, a lo que se niega recordando a los agentes que estaba trabajando y que había sido requerido de urgencia para hacer un trabajo de reparación. Tras varios cruces de “que fuera”, “que no”, “que sí”, “que no”, la paciencia del resto de usuarios del ascensor se fue agotando ya que estaban allí parados como figurantes de la película.

Finalmente triunfó el sí y Emilio salió del ascensor. Y allí en el pasillo le solicitan la documentación. Emilio les dice que con el uniforme de trabajo no tiene la cartera, que la tiene en su taquilla, y que además en el uniforme lleva la tarjeta identificativa, y que si quieren les dice su nombre. Pero nada, ellos insistiendo en que les muestre la documentación y de nuevo “que si”, “que no”, “que sí, “que no”, por lo que le amenazaron con llevarle a comisaría.

En el pasillo le solicitan la documentación. Emilio les dice que con el uniforme de trabajo no tiene la cartera, que la tiene en su taquilla

Finalizada la jornada laboral, ya en casa, Emilio contó a la familia la película, pues no siempre se tiene la suerte de ser protagonista de un vodevil. Pero no sospechaba que el final estaba aún por llegar y que el género del film era otro. De momento un drama, y quien sabe si acabará en tragedia griega.

Cuando el reloj estaba a punto de señalar las 11 de la noche, y la familia con el pijama puesto, llaman a la puerta. Y no, no era el lechero, como dicen que hay que pensar cuando llaman a la puerta a esas horas en un país democrático (¡a ver si va a ser que no estamos en un país democrático!). Era una patrulla de la Policía Nacional que acudía a notificarle una denuncia contra él por “desobediencia a la autoridad por no guardar la distancia de seguridad, y negativa a identificarse”.

Y Emilio pensó, y así lo ha manifestado a Diagonal, que algún alimento de la cena le había sentado mal y le estaba provocando alucinaciones. ¿Cómo podía obedecer a la autoridad cuando la orden es guardar una distancia de seguridad en un ascensor lleno de gente? Eso le recordó, seguro que por añoranzas de la juventud, a cuando entre colegas se contaba el chiste aquel del millón de personas jugando al fútbol en una cabina de teléfono y el portero echa la culta a la defensa del gol encajado diciendo “si es que me habéis dejado solo”.

Y en cuanto a la negativa a identificarse, entonces, ¿cómo es que estaban allí en su domicilio? Sin duda una estrella les había guiado. Por supuesto este comportamiento tan antisocial de este trabajador tiene asignada su correspondiente sanción en la eufemística Ley citada al principio. Puede ser de hasta 30.000 euros de multa. Bagatela que por supuesto Emilio gana en una mañana, así que sin problemas.

Emilio Cañibano ha declarado a Diagonal que “debería existir un protocolo establecido para los casos en los que hay que conducir a reclusos al hospital, para evitar problemas similares que ocurren muy a menudo”.

Este trabajador ha obtenido el apoyo de la Federación de Asociaciones de Vecinos y de la Junta de Personal, que han exigido a la Subdelegación del Gobierno en Valladolid el archivo de la denuncia y la derogación de la Ley que la ampara. La junta de Personal también ha solicitado a la dirección del Hospital (la dirección médica, pues la gerencia está vacante desde que quien ostentaba el cargo se presentó a las elecciones por el PP) que asuma la defensa del trabajador. Pero esta dirección se ha desatendido alegando que es un problema personal de Emilio, y en todo caso que se haga una colecta para abonar la multa.

Pretender la derogación de la Ley Mordaza”. Dónde vamos a ir a parar, ni que esto fuese una democracia.

Tags relacionados: Ley de Seguridad Ciudadana
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comentarios

6

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    Jose Rodriguez
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    02/04/2016 - 5:45am
    Buena descriccion,pero el principio de estos pesonajes , el su primer trabajo ,seguratas de discotecas ,o bares de copas de luces rojas,y para estar a la altura el gisnasio,y poder meterse,con los musculos en forma, despues entran en el cuerpo,hablan de lo que son y que hacen esto y aquello ,pero no dicen lo que son :al no estar controlados por la disciplina ,o no de jarse someter,de finicion de sicopatas depresivos violentos y narcisistas ,con pistola eso les da todo el poder que necesitan. OJO,Grupo (A) ESTOS SON UNOS,PERO TAMBIEN HAY PERSONAS del Grupo (B) NORMALES
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    carles13
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    31/03/2016 - 7:53pm
    y a los pllicias por omision de socorro? por que si la averia era urgente, afectaaria a la salud de una o varias personas
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    Carlota
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    20/03/2016 - 10:54pm
    Estos falanjistastas de que van y después critican a eta ...OS meteceis lo peor fachas
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    Joe Louis ARCO
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    20/03/2016 - 7:56pm
    Sucesos como el agravio por abuso de autoridad e incompetencia policial al ciudadano Emilio Cañibano1 informan mucho más del estado de un país que los mil y un comentarios que puedan lanzarse aspirantes del poder y observadores de lo social. Con estos ataques contra la integridad, el honor, el trabajo, la libre circulación todo lo que está consiguiendo un estado represor es el incremento de la rabia y el odio social. La lista de victimas crece. Mientras el ataque del hombre armado contra el civil desarmado no reciba su justa contestación in situ seguirá bastando uno o dos individuos tiene en su nómina a gente reclutada visten do uniforme mal educada y prepotente que cree que pueden tomarse sus caprichos como órdenes. Hecha la ley para el control ciudadano sus ejecutores la utilizan a su antojo. ¡cuidado! cualquiera que tenga la mala suerte de cruzarse con un policía nacional en una acera, en la red viaria, en un bar, en un local cualquiera, en un vestíbulo o en un ascensor está en peligro. Consejo de supervivencia: nada mas ver a uno esquivarlo, abandonar el espacio donde entre, no mirarle no sea que sospeche de que te estas cachondeando de su mala leche por tus adentros, no contestarle aludiendo afonía o mudez, no rozarle no sea que te apliquen la pena máxima por violento. La ley de mordaza es degradada en manos de quienes no saben a quienes y a que aplicarla, usándola para toda circunstancia critica que los autoritarios criticados interpretar como un acto de rebelión. Desconocen que cuando hay rebeliones las bocas de los represores suelen callar de forma definitiva. El agravio al ciudadano en su propio lugar de trabajo por individuos del estado que por llevar los cables cruzados o por estar incómodos con su misión del día recuerda el de otra empleada de una panaderia que al comentar el estacionamiento ilegal de un policía que entro a comprar algo, también pidió la documentación y envió la multa correspondiente. A juzgar por esos humos que se gastan los polis, con judicaturas que les ríen sus gracias y todo un aparato de estado concebido para proteger un sistema injusto, cualquier día nos enviarán multas a tanto la palabra que hayamos dicho y que no les haya gustado. La libertad de expresión no existe. Lo sabemos y lo confirmamos constantemente. El detalle de ir a las 11 de la noche a un domicilio privado a hacer una notificación oficial recuerda los tiempos del apartheid en Sudáfrica cuando los represores se escondían con nocturnidad y alevosía para ir a molestar a la buena gente o durante el franquismo que iba a despertarlos en horas tardías o a sacarlos de sus casas para llevarlos del paseo, el ultimo de sus vidas. Si esas cosas suceden es porque la policía (las policías) tienen una proporción estadísticamente mayor en comparación a cualquier otro sector profesional en el que concurren perfiles psicológicos con severos trastornos de personalidad. Esos trastornos guardan una relación directa con el grado de desprecio superlativo que les consta que va en aumento. Se saben los últimos de la fila de la sociedad y a la vez comprenden que un sistema clasista depende de ellos. Eso les cortocircuita su autoestima. Su aliviadero o descarga es haciendo pagar a cualquiera que se encuentren de paso en uno de sus malos días -posiblemente todos los que le toca hacer el panoli durante el año-. Saben que son los ejecutores y puestos a ejecutar cualquiera que les caiga mal le sirve de cabeza de turco para compensar que ellos van de pringados a la institución a la que sirven.
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    Al
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    18/03/2016 - 11:32pm
    Desde luego que la situación no debería acabar con la denuncia archivada sino que habría que procesar a los policías por abuso de autoridad. Por otro lado, y como dice Gatete, el escrito es cualquier cosa menos un escrito periodístico. Si pretende ser irónico en sus observaciones... como que no.
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    Gatete
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    18/03/2016 - 1:34pm
    Quien ha escrito esto, Arévalo?