Espacio público
El día en que una terraza se comió tu plaza

El modelo urbanístico actual premia al ocio consumista y limita el espacio público.

, Diagonal
22/06/15 · 8:07
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A principios de 1989 la plaza de Santa Ana, epicentro del barrio de Huertas, a escasos 200 metros de la Puerta del Sol, en Madrid, no era el lugar que es hoy en día. A pesar de que era una zona más turística que otras del centro de la ciudad, los coches se agolpaban en sus hoy semipeatonalizadas calles, en sus esquinas el menudeo de hachís estaba al orden del día, y los locales de moda, gastrobares y restaurantes turísticos estaban aún en clara minoría. Eran meses en los que cada día una mezcla de maestros artesanos y supervivientes de la era hippie y de La Mo­vida erigían sus puestos dando pie a un conocido mercadillo.

Pero aquello no duraría. Ya se hablaba entonces de que el Ayun­tamiento socialista tenía otros planes para la plaza: dar licencias de terrazas a mansalva. Para más inri, en junio, Agustín Rodríguez Sa­ha­gún, del CDS, era investido alcalde tras una moción de censura al socialista Juan Barranco con el apoyo del PP. Los artesanos, unos 140, tenían una autorización para realizar sus labores firmada por el exconcejal del distrito Centro Francisco Herrera, fechada en 1982, año desde el que trabajaban en el lugar. Pero la Al­caldía decidió actuar y empezó el hostigamiento. Primero, con continuas visitas de los agentes; luego la cosa se puso más seria. El 14 de octubre la policía municipal procedió a desalojar la plaza.

José Mansilla: "Como ya no sabemos qué privatizar, los espacios de la ciudad se convierten en un recurso más a ser explotado”

Aquella tarde comenzó la ‘Batalla de Santa Ana, que duró varios meses, se saldó con numerosos heridos, unas cuantas hogueras y barricadas en el barrio y acabó con la expulsión de los artesanos de la zona. En 1996, el Tribunal Supremo dictaminó que aquella expulsión fue ilegal, pero a quién le importaba seis años después. Hoy, el lugar cumple los requisitos básicos para ser una típica y productiva plaza de casi cualquier ciudad del Es­tado: está repleto de lucrativas terrazas que ocupan aceras y centro de la plaza con un mar de sillas en las que usted se puede sentar, si quiere –y tiene los euros correspondientes para una nada barata cerveza–. La plaza apenas tiene un árbol, no posee zonas ajardinadas que haya que mantener y donde usted pueda molestar a los turistas si decide tomarse un bocata de tortilla patria con sus hijos. Y los bancos brillan por su ausencia, no vaya a ser que le dé por sentarse a charlar en grupo sin consumir. Eso a las terrazas, porque como se tome una cerveza la ordenanza municipal le obsequiará con una multa de hasta 600 euros.

Ciudad en venta

“La ciudad tradicionalmente ha sido un espacio de reproducción social, donde se reproducen las relaciones, y no sólo de producción. Esto se enfrenta con el valor de cambio que supone la ciudad como el último de los espacios donde extraer rentabilidad: como ya no sabemos qué privatizar y además las grandes empresas han trasladado sus grandes factorías y la máquina del capital ha de seguir funcionando, pues los espacios de la ciudad se convierten en un recurso más a ser explotado”. Son palabras de José Mansilla, miembro del Observa­tori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) y del Institut Català d’Antropologia (ICA). Según afirma, las terrazas de los establecimientos hosteleros se utilizan para ocupar el espacio público, pero esto es sólo una parte de una forma de entender la ciudad que se establece mediante el urbanismo y las ordenanzas. Es el llamado modelo neoliberal, en el que la ciudad está en venta y sus espacios e infraestructuras también: si ha comprado una entrada para ver una obra en el teatro Calderón de Madrid y va en metro, se bajará en la estación Vodafone Sol y entrará en el tea­tro Häagen-Dazs Calderón.

‘Comportamientos incívicos’

El proceso ha sido similar en numerosas urbes. Barcelona es un claro ejemplo. “El Ayuntamiento en un momento entiende que se están produciendo determinados ‘comportamientos incívicos’”, relata Mansilla. “Con esta excusa empiezan a implementar lo que llaman medidas de urbanismo preventivo. Los bancos tradicionales se sustituyen por individuales, alejados unos de otros, de tal forma que son para sentarse unos momentos, no para conversar. Cie­rran los pocos espacios verdes que hay, los vallan, les ponen horario de entrada o los transforman en plazas duras, de paso, donde la gente no se pueda parar a hablar, aplanadas, de tal forma que sea mucho más accesible a posteriori sustituir esos bancos donde te sentabas por bares y terrazas”. Sin embargo, los ‘comportamientos incívicos’ no se tratan, “se desplazan del centro, porque no se interviene sobre las causas, sino sobre los efectos”, expone. De esta forma, la ciudad se convierte en un espacio desconflictivizado al servicio del sector turístico.

Jon Aguirre Such, arquitecto, urbanista y socio de la consultora y oficina de innovación urbana Paisaje Transversal, sostiene que “las terrazas pueden ser un elemento de vida urbana, pero cuando la vivencia del espacio público se reduce a éstas se está produciendo una privatización del espacio público”. Así, para él, las ciudades españolas registran una “sobreexplotación de terrazas” sin que haya un equilibrio entre el ocio consumista y el no consumista.

Jon Aguirre Such: "Las ciudades en España registran una sobreexplotación de terrazas sin que haya un equilibrio entre el ocio consumista y el no consumista"

Tampoco existen políticas que favorezcan la apropiación del espacio público como un lugar de relación, “un espacio más democrático”, destaca Aguirre. “Encontramos un diseño muy restrictivo con el encuentro, sólo hay que pensar en plazas como Callao, Dalí o Sol, plazas duras de granito bajo la coartada de que es más fácil mantenerlas”, explica. Así, la ciudad quedaría “por una parte con una excesiva ocupación del espacio público por parte de actividades lucrativas y, por otra, una serie de plazas y espacios públicos dirigidos al tránsito y al control de las personas”.

El número de terrazas y su superficie en Ciutat Vella (Barcelona) ofrece un mapa de lo que sucede en numerosas urbes. En 2002 había 192 terrazas que ocupaban 3.494 m2. En 2012 eran 317, con una extensión triplicada de 9.986 m2, según la in­ves­tigación de Adrián Cor­dero Espacio público: entre la dominación y la(s) resistencia(s). En siete años, de 2005 a 2012, el número de licencias aumentó un 39% y la superficie de esas terrazas un 65%. Compa­rándolo con los bancos públicos, la ratio quedaba 1 a 9, goleada de las sillas privatizadas. Incluso descendió el número de bancos públicos: entre 2006 y 2012 el distrito perdió 39 unidades. Si atendemos al total de la Ciudad Condal, los resultados ofrecen las mismas conclusiones: entre 2012 y 2014 se pasó de 2.832 licencias de terrazas concedidas a 4.574.

Laboratorio urbano

Barcelona ha sido, afirma Mansilla, “un laboratorio de prácticas urbanas” Un ejemplo fue la ordenanza cívica de 2005, que fue copiada por numerosas urbes y se centraba en la ciudad al servicio exclusivo del turista: “Si quieres una ciudad postal para los turistas tienes que quitar a la gente de en medio. Sobramos. Si estoy celebrando el cumpleaños de mi hija en la calle tomando cervezas, hago feo”.

Este modelo de ciudad se viene agudizando desde hace décadas. Sin embargo, hay resistencias, “por ejemplo, El Campo de la Cebada o Esto es una Plaza –espacios autogestionados en Madrid–, aunque son experimentos muy controlados”, indica Aguirre. La alternativa pasa por la propia concepción del espacio. “Habría que impulsar una serie de mejoras en las plazas en cuanto a generar diseños que permitan esa relación entre las personas, desde poner bancos a árboles, pensar cuáles son las necesidades de un espacio público, pero haciéndolo con la vecindad”, opina el arquitecto, quien añade que esto debería ir acompañado de “un cambio en la gestión del espacio público, lo que atañe a las ordenanzas en relación con las terrazas, que deberían limitar las zonas en las que se han comido a las calles y plazas”.

Aguirre también destaca la idea del derecho a la infraestructura: “Hemos trabajado en una serie de políticas y protocolos de activación de espacios públicos en Donosti y vimos que hay que generar protocolos que permitan una gestión más comunitaria para que cualquier persona que quiera realizar un evento, sin carácter de macroevento, pueda hacerlo más fácilmente”. Desde Paisaje Transversal defienden la idea de que “uno cuida lo que siente suyo y, si no se generan lazos afectivos con el espacio y no hay una apropiación ciudadana de las plazas, la gestión será más costosa”. Por lo tanto, unos espacios públicos más habitables pasan –apuntan– por “generar nuevos marcos de gestión y corresponsabilidad del espacio público, y que éste dependa también de la vecindad”.

La lección de Lacaton & Vassal

 


El arquitecto, urbanista y socio de Paisaje Transversal Jon Aguirre Such propone como uno de los modelos a seguir el proyecto que se le encargó al estudio Lacaton & Vassal en la ciudad francesa de Burdeos: “Se les planteó la reforma de una plaza pública y ellos estudiaron qué es lo que pasaba allí. Llegaron a la conclusión, hablando con los vecinos, de que no había que cambiar nada, sólo trasladaron algunos bancos de sitio y pusieron un poco más de arbolado”.

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comentarios

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    José Luis carles
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    04/07/2015 - 3:23pm
    Lamentable el modelo de ciudad y sobre todo la falta de cultura. Lo peor es la falta de imaginación y el conformismo. ¿.Es posible que en espacios de alto valor paisajistico urbano el único negocio sea el bar?¿Es que un stio  como la plaza de la paja en el Madrid de los Austrias no pueda funcionar una tienda de ropa, una librería, una tienda de juguetes,... Sólo bares hay 15 terrazas agolpadas. Antiguas tiendas de muebles, talleres artesanales, carbonerías,...se han transformado en bares. Hasta un estudio de arquitectura acaba d reciclarese en bar CON SU TERRAAAAAZA, supongo que aprovechando las facilidades y corruptelas de un ayuntamiento que incumple sus propios objetivos de calidad ambiental para el centro histórico. Nuestros ayuntamientos se gastan millones de euros en estudiar y medir el ruido urbano para luego ignorar el incremento de decibelios debido al alcohol. Además se permite entrar en el centro con el coche con esa quimera tan nuestra de pretender llegar y aparcar en la puerta del bar: resultado filas de coches dando vueltas buscando sitio por las callejuelas del centro contaminando y molestando a los vecinos. Es de risa los anuncios en los paneles de la m-30 recomendando ir al centro en transporte publico.  El modelo de ciudad tenemos que debatir entre todos pero los nuevos ayuntamientos podrían empezar a pensarlo.... m
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    24/06/2015 - 12:05pm
    Felicidades por el artículo, sobretodo por el uso de los datos. La idea que subyace a todo esto es que el <strong>Urbanismo es muy importante</strong>. Las ciudades se hacen poco a poco y a veces nos cuesta estar atentos a las dinámicas. Así, sacar los coches y la droga puede considerarse una buena medida pero el resultado a 15 años vista es un espacio plagado de terrazas. Y eso no es casualidad, apreciado #2. Alguien le ha visto posibilidades a un espacio degradado y con el discurso de la regeneración urbana ha conseguido lo que pretendía, a saber, la privatización y comercialización del espacio público. En mi último viaje a Madrid, el mes pasado, como turista, me senté en el suelo en medio de la plaza de Chueca. Allí alguien ha dedicido que no tiene que haber ni un palmo gratis donde dipositar las posaderas. Que no, que no está escrito en ningún sitio un manual de uso de las calles y las plazas. Que tan legítimo es dormir la siesta como hacer gimnasia como besarse en los bancos públicos. El urbanismo, como decía Secchi, es campo de batalla como cualquier otro. Y si nosotros no hacemos ciudad, nos la harán por nosotros.
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    Esquina
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    24/06/2015 - 1:02am
    El colmo del cinismo es hacer obras (pagadas entre todos) durante&nbsp;varios meses vendiéndoles a los vecinos que les están ampliando las aceras para mejorar el barrio, para, al cabo de pocos meses, dar la licencia pertinente, que varios bares instalen &nbsp;terrazas y la acera se quede reducida a la mitad de la que había antes de las obras. Además de menos espacio, los vecinos se quedan con ruido y suciedad; y con cara de idiotas. En los chaflanes de Paral&middot;lel y en Sant Antoni, sin ir más lejos.
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    23/06/2015 - 2:44pm
    La verdad es que hace tiempo que se fue de las manos el tema, y ahora es super complicado encontrar un espacio libre de ocio consumista :(
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    matthias
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    23/06/2015 - 10:48am
    <span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">Cuando habla de &quot;El número de terrazas y su superficie en&nbsp;</span><a href="http://ajuntament.barcelona.cat/ciutatvella/ca" rel="nofollow" style="box-sizing: border-box; vertical-align: baseline; margin: 0px; border: none; padding: 0px; color: rgb(0, 107, 207); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px; background-image: initial; background-attachment: initial; background-size: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-position: initial; background-repeat: initial;">Ciutat Vella (Barcelona)</a>&quot;&nbsp;tendria que tomar en cuenta el hecho que desde 2002, han creado muchos espacios publicos&nbsp;(que eran ocupados en general por viviendas insalubres y peligrosas) como la rambla del raval, por ejemplo. claro que aumentaron las licencias, pero hay que compensar la &quot;<span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">extensión triplicada de 9.986 </span><span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">m</span><span style="box-sizing: border-box; font-size: 12px; line-height: 0; position: relative; vertical-align: baseline; top: -0.5em; color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif;">2</span><span style="box-sizing: border-box; font-size: 12px; line-height: 0; position: relative; vertical-align: baseline; top: -0.5em; color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif;">&quot;&nbsp;</span>con el desarrollo muy importante de espacios publicos en ciutat vella. solo para relativizar el problema! A parte eso, muy buen articulo que se entera de la participacion, del dialogo con la vecindad, y del equilibrio entre todas las partes de la vida urbana que hay que tomar en cuenta: lo social,&nbsp;ecologico,&nbsp;economico,&nbsp;politico,&nbsp;tecnico, estetico, historico... nuy interesante!
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    22/06/2015 - 10:03pm
    Me alegro mucho de que la gente se empiece a dar cuenta de que el abuso del&nbsp;terracismo es un horror, pero me apena que se trate erróneamente como un problema de lucha económica por ciertos espacios públicos reducidos y acotados cuando en realidad se trata de algo más profundo, a saber: el enorme desequilibrio entre distintas partes de la ciudad creado por esas malditas peatonalizaciones&nbsp;generalizadas que promueve todo el mundo &nbsp;(progres, carcas, ciudadanos, podemitas)&nbsp;y que aplaude hasta con las orejas la totalidad de los bípedos urbanos tanto da que se sirvan de los coches como que no.&nbsp;
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    22/06/2015 - 7:32pm
    En el artículo no menciona los dos casos más clamorosos de mangoneo: la Plaza de Felipe II, a mayor gloria de EL CORTE INGLÉS y la plaza del Callao, con unas instalaciones de impacto brutal. Sin embargo el uso de la Plaza Mayor me parece razonable.
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    Sílver
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    22/06/2015 - 6:17pm
    Los hosteleros se han convertido en los amos de lo de todos. La calle es suya. La ordenanza municipal de terrazas y veladores -un paripé- se la pasan por la entrepierna: instalan sin licencia, en lugares donde nunca se la darían; cuando la tienen, montan más mesas y sillas de las permitidas; nunca está a la vista la licencia (como establece la ordenanza), para que cualquiera pueda comprobar y, si fuera el caso, denunciar, y todo esto con la connivencia de la policía municipal que hace como que no se entera. Quizá la nueva corporación lo haga mejor. Por si acaso le sugiero que los mismos agentes -tan eficaces- que vigilan el aparcamiento de coches en las calles, controlen también esta otra forma de ocupación. No les llevaría mucho tiempo y ayudarían a poner un poco de orden en este guirigay. Mención a parte merece una consecuencia directa de estas aglomeraciones en las plazas del centro: la mafia musical. No nos dan ni un respiro. Buen artículo.
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    Marcel3lí
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    22/06/2015 - 4:51pm
    Mientras que en &nbsp;ciudades como Paris&nbsp;cuando luce el sol la gente sale a&nbsp;mediodía&nbsp;a sentarse en la hierba de sus plazas para tomas el almuerzo, aquí es incivismo.&nbsp;
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    vixente
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    22/06/2015 - 2:56pm
    Estaría bien que se analizara la cantidad de ruido que generan estos locales, si vamos a sustituir el ruido de pago por el ruido gratuito casi prefiero que paguen. Lo que plantea el autor está fenomenal, pero &iquest;dónde ponemos los bancos? &iquest;debajo de su casa? &iquest;debajo de la casa de su madre? . Es curioso como cuando queremos dormir nos molesta mucho el ruido pero cuando somos los generadores del ruido no nos preocupan en absoluto nuestros congeneres.
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    Sorprendido
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    22/06/2015 - 2:31pm
    <span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">Está claro que es mucho mejor lo de que...</span> &quot;<em><span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">los coches se agolpaban en sus hoy semipeatonalizadas calles, en sus esquinas el menudeo de hachís estaba al orden del día, y los locales de moda, gastrobares y restaurantes turísticos estaban aún en clara minoría.&quot;&nbsp;</span></em> <span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">No vaya a ser que alguien que arriesga su dinero y dedica su tiempo nos ponga una terraza que de vida a la zona y la mantenga limpia y utilizada. Pero claro, como eso le va a dar dinero, a mi me da envidia y me quejo en el periódico, que para eso tengo una espacio y escribo lo que quiero.</span> LA ENVIDIA en este país es lo que no esta llevando a donde vamos...
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    22/06/2015 - 1:53pm
    El caso es que el aparato del estado en sus diferentes versiones, central, autonómico o municipal, absorben tantos recursos en su propio funcionamiento, pesado, costoso, que ya no saben de &nbsp;dónde sacar para mantener el cotarro. &nbsp; Muy bueno el artículo.