MEMORIA HISTÓRICA: LA LUCHA CONTRA LA IMPUNIDAD DEL FRANQUISMO
La vuelta a casa de Cecilio Gallego

Apresado por franquistas en 1938, fue castigado a
trabajos forzados en Roncal (Navarra) donde murió
ejecutado tras intentar escapar en 1939. 70 años después, es enterrado en su pueblo natal.

- "Gracias a los recuerdos podemos combatir"

11/02/11 · 0:00
Edición impresa

“Nosotros venimos de raza de izquierdas”.
Los dos hermanos varones
de Cecilio Gallego, Juan y
Alfonso, que así se expresaron, guardan
un gran parecido físico entre sí.
El día antes a esta conversación, muy
emocionados, abrieron el arcón de
madera, obra del escultor Joseba
Burusko, en el que Memoriaren
Bideak
–colectivo dedicado a investigar
y difundir la realidad de los trabajos
forzados durante la Guerra
Civil y el Franquismo– trasladó los
restos de Cecilio hasta el lugar donde
ellos también nacieron. A petición
de su familia, fueron exhumados en
octubre de 2009 por la Sociedad de
ciencias Aranzadi
, con la colaboración
del Ayuntamiento de Roncal y
Memoriaren Bideak. No hubo dudas sobre su identidad, como constaba
en los registros parroquiales y en los
testimonios del valle navarro que
Memoriaren Bideak cotejó. Gallego fue uno de los 2.354 prisioneros condenados
a trabajos forzados durante
los años 1939 y 1941 en la carretera
que une las localidades de Igal con
Vidángoz y en el tramo de pista que
va hacia el Roncal en el Pirineo de
Navarra. Cuando intentó escapar el
23 de octubre de 1939, fue ejecutado
de un tiro en la cabeza, con apenas
25 años.

Cuando Gallego intentó
escapar, el 23 de octubre
de 1939, fue ejecutado de
un tiro en la cabeza, con
apenas 25 años

Miembros de Memoriaren Bideak,
Aranzadi y Eguzki Bideoak (que realizó
un documental que ahora se estrena,
827 kilómetros sin retorno) viajaron
hasta Don Benito en febrero
del año pasado para participar en un
acto de homenaje en el que entregaron
los restos de Gallego a sus familiares.
Un largo camino de ida en el
que Cecilio era para todos la impresión
desvaída de un hombre corriente
que tuvo la mala fortuna de que la
guerra hubiese estallado mientras él
cumplía el servicio militar. Al final
del viaje, sin embargo, esa imagen
desenfocada y equivocada dejó paso,
gracias al relato de sus familiares, a
otro retazo de historia desconocido
hasta entonces, poderoso, en el que
un convencido y aguerrido militante
de las Juventudes Socialistas
Unificadas, un joven navajero en
continua escaramuza con los falangistas,
fue a parar a uno de los sumarísimos
batallones de trabajo esclavo
que en esos momentos el Franquismo
impulsó para castigar a los desafectos
a su régimen. Más de 100.000
personas en todo el Estado fueron
destinadas a esos batallones, para
según el reglamento de estos, “contribuir
directa o indirectamente a la
reparación de los daños y destrozos
perpetrados por las hordas marxistas”.

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EXHUMACIONES. Saber dónde están enterrados los represaliados es uno de los objetivos de las asociaciones contra la impunidad. JARA CALVO

Más de 70 años después...

El acto de homenaje en su memoria
se celebró en el frío e institucional
salón de actos de un pabellón alejado
del pueblo, después de que el
Ayuntamiento de Don Benito (PP)
denegase la céntrica Casa de
Cultura para el acto. Una actitud que
para Memoriaren Bideak “denota
una total falta de sensibilidad hacia
el dolor y sufrimiento de las víctimas
de la Guerra Civil y la dictadura
franquista, especialmente en un caso
en el que la familia ha pasado más
de 70 años sin tener la posibilidad
de mostrar su duelo públicamente
en su localidad natal”. Fue un acto
sencillo y emotivo donde intervinieron,
además de los colectivos navarros,
la Asociación para la
Recuperación de la Memoria
Histórica de Extremadura y familiares
de Cecilio. Se recitaron diversos
poemas y la violonchelista Carmen
Benito de Tena interpretó varias piezas
musicales. Además, se proyectaron
imágenes de la exhumación del
Roncal y la historiadora Edurne
Beaumont hizo un detallado relato
de las condiciones en las que vivieron
Cecilio Gallego y miles de prisioneros
más. Un escenario cotidiano
de hambre, abusos y violencia,
pero también de apoyo mutuo, dignidad
e incluso un cierto humor.

Más de 100.000 personas
en todo el Estado fueron
destinadas a los
batallones de trabajo
esclavo del Franquismo

Conocer su propia historia

Un escenario también dolorosamente
familiar para su hermano Alfonso,
que, tras alistarse como voluntario
en las milicias comunistas al principio
de la Guerra, fue hecho prisionero
y estuvo realizando trabajos forzados
en el Pirineo catalán en otro
batallón de trabajadores. Las agresiones,
las enfermedades y las condiciones
de vida le dejaron una profunda
sordera como secuela, y también
le hicieron valorar, a pesar de los
riesgos, la posibilidad de fugarse, ya
que pensaba que terminaría muriendo
con el régimen del batallón: “Las
castañas que nos daban... Eso no sale
de un Gobierno, eso sale de ellos,
del que tiene corazón para hacer estas
cosas. Yo me quería haber ido
también, me decían los compañeros:
‘Mira que si te cogen...’. Total, allí
nos íbamos a morir de hambre y a
palos”. Es por eso, que no pueda más
que entender la decisión de escapar
de su hermano Cecilio, aunque terminara
costándole la vida.

Al hermano de Cecilio,
las agresiones, las
enfermedades y las
condiciones de vida le
provocaron sordera

Durante estos años, sus familiares
han querido conocer el final de
Cecilio y el lugar donde fue enterrado
su cuerpo tras la ejecución. Según
su hermano Juan, "por conseguirlo,
porque, si no, me hubiera muerto y a
lo mejor allí nadie hubiera levantado
la losa". Una gruesa capa de tierra,
sin embargo, que consiguió finalmente
ser alzada para recuperar la
historia de una persona y familia que
sufrió esa poco conocida realidad de
los trabajos forzados en el franquismo.
Ahora bien, esa historia familiar
es ya parte, tras todo este proceso colectivo,
de nuestra memoria política.

2.354 TRABAJADORES ESCLAVOS EN LAS CARRETERAS NAVARRAS

La carretera en la que trabajaba
Cecilio Gallego enlazó las
localidades de Roncal, Vidángoz
e Igal, en Navarra, y en
ella trabajaron 2.354 prisioneros,
englobados en los Batallones
de Trabajadores 106 y
127 y los Batallones Disciplinarios
de Soldados Trabajadores
6 y 38, entre los años
1939 y 1941. Trece de los prisioneros
que han podido ser
identificados también eran
extremeños, como Cecilio. El
resto procedía de diversas provincias,
entre las que destacan
Asturies, Bizkaia, Granada y
Jaén. Si bien seguramente
habrá más personas asesinadas
de las que no existe más
documentación, de momento
son dos los prisioneros extremeños
que fueron asesinados
mientras construían carreteras
de montaña en el Pirineo
Navarro, Cecilio Gallego y
Manuel Antolín Holguín.

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