Quien produce un software no es responsable del uso que se haga
La solución reside en el P2P

El autor analiza la sentencia que absuelve a Pablo Soto y que extiende a la red ciertas garantías fundamentales de la legislación corriente.

, Profesor de Informática en la Universidad Autónoma de Madrid
10/01/12 · 11:15

La absolución de Pablo Soto es sin duda una noticia positiva. Sin embargo no se trata de un acontecimiento sin ambigüedades y sombras. Fijémonos en un punto: desde que el juicio quedó listo para sentencia hasta la publicación de la misma han pasado dos años. No está claro por qué el tribunal ha tardado tanto.

La sentencia, desde el punto de vista de la jurisprudencia, no tiene nada que ver con el controvertido y complejo tema de la propiedad intelectual. Se limita a extender al área de internet un principio jurídico que vale, sin que nadie lo discuta, en otras áreas del comercio, informático o no: quien produce un instrumento no es responsable de las acciones ilegales que otros pueden cometer usándolo. Si un secuestrador usa MS Word para escribir una petición de rescate, Microsoft no se considera corresponsable, ni siquiera si ha ganado dinero vendiendo (legalmente) el programa a los secuestradores. Incluso los fabricantes de pistolas no se consideran responsable de los crímenes que se perpetran con su producto, aunque una pistola tenga pocos usos que no sean disparar a la gente. ¿Por qué han sido necesarios más de dos años para extender a internet este principio legal básico? ¿Qué tipo de ambiente cultural y social ha causado este retraso?

Muchas fuerzas intentan influir en la implementación de un marco legal para internet a la medida de sus intereses. En este momento de la historia de la red, un marco legal autoritario resultaría útil a muchas de las empresas que la dominan. No siempre ha sido así. Hasta mediados de los años ’90 el problema de la legalidad en la red y de su legitimación no existía: la red era una pequeña comunidad de académicos y estudiantes que se reglamentaba por consenso. La industria, al principio, aprovechó este vacío para imponer una especie de Lejano Oeste on line, un territorio virgen abierto a su explotación. Las empresas rechazaban cualquier intervención legal. Así consiguieron reemplazar una red sin ley basada en el consenso, por una, igualmente sin ley, basada en el dominio del más fuerte. Pero, como en el caso del Oeste americano, en la red también se formaron monopolios y oligopolios en lucha entre ellos y que necesitan un marco legal a su medida para defender su posición dominante. La industria necesita que la ilegalidad del lejano Oeste sea sancionada por el poder, sea legalizado a su medida.

En este marco es sin duda positivo que esta sentencia extienda a la red ciertas garantías fundamentales de la legislación habitual: en este caso se declara que, en la red como fuera de ella, la responsabilidad penal es personal y pertenece sólo a quien infringe la ley. La sentencia no se pronuncia sobre la legitimidad de las descargas y en principio no rompe el monopolio de la industria sobre la propiedad intelectual. Por otro lado, esta sentencia podrá ser una pieza importante en la batalla que se librará pronto sobre el P2P como modelo de red.

Internet, cabe recordarlo, tiene una estructura que se presta muy bien a la centralización, en cuanto divide los servidores, que ofrecen y controlan los datos, de los clientes que lo usan. Al principio, esta estructura estaba dictada por razones técnicas: los ordenadores y las conexiones disponibles en los años ’90 no permitían a la mayoría de la gente instalar un servidor de red. Hoy las condiciones han cambiado radicalmente: los ordenadores modernos y las conexiones DSL hacen posible la implantación de una red completamente P2P, en la que todo el mundo es al mismo tiempo productor y consumidor de datos.

Por otro lado, a lo largo de los últimos 15 años, servidores y datos se han concentrado en relativamente pocas manos, creando una concentración de poder que el P2P amenazaría. En una red P2P, Facebook no podría tener datos sobre millones de personas y Google no podría concentrar tanta información. Generalizar el P2P representa una amenaza para toda empresa que se basa en la concentración de datos, y es en esta clave de resistencia al P2P, independientemente de las descargas de material protegido por derechos de autor, en la que deberíamos leer esta sentencia.

La sentencia, desde el punto de vista de su desarrollo industrial, podría ser una victoria pírrica. En estos dos años, con la espada de Damocles que pendía sobre ella, la empresa de Soto no ha conseguido financiación ni contratos y ha tenido que cerrar. La estrategia FUD [por las siglas de fear (miedo), uncertainty (incertidumbre) y doubt (duda)] ha llegado donde no pudo la demanda: los inversores han recibido, fuerte y claro, el mensaje que meterse en el P2P puede ser peligroso. Si por un lado la sentencia deja la puerta abierta para el desarrollo del P2P, por el otro deja claro que este desarrollo no llegará desde el mundo industrial. Otros actores –la universidad, los grupos de activistas, etc.– deberán tomar las riendas del cambio en la red.

La cosa es posible: al fin y al cabo, internet se desarrolló y difundió fuera de los canales industriales antes de que la industria la secuestrara. Y por el momento, nadie le ha pedido cuenta.

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Ilustración: María Calzadilla.
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