En respuesta a las observaciones del jurista Yochai Benkler acerca del cierre de Megaupload
La riqueza de la red

Este artículo publicado en el diario italiano ’Il Manifesto’ apunta a una auténtica batalla por el monopolio en la economía de la red como explicación para el cierre de Megaupload.

- Dos visiones del cierre de Megaupload

20/03/12 · 12:13
Edición impresa

El profesor y jurista neoliberal de Harvard, Yochai Benkler, el día siguiente al cierre de Megaupload ha ilustrado en el canal Bloomberg Law la extraordinaria violencia usada por el FBI y el gobierno estadounidense contra el mencionado sitio de internet. Según Benkler, serian las empresas que gobiernan el mercado las que obstaculizarán la introducion de las nuevas tecnologias con la finalidad del favorerecer la estabilidad y el control del mercado. Lo ha hecho recordando los obstáculos a la difusión de JukeBox o del vídeo en tiempos más recientes. Precisamente respecto a la introducción del vídeo ha recordado cómo esta tecnología fue motivo en 1994 de una batalla sobre la tutela de los derechos de autor, y sobre la cual la Corte Suprema se pronunció favorablemente al vídeo evidenciando la diferencia entre usuarios que infringen la ley y la tecnología no culpable de cómo es utilizada. Para Benkler, las leyes sobre los derechos de autor fueron en aquel momento usadas para ralentizar el desarrollo tecnológico, favoreciendo de esta manera las relaciones de poder vigentes en el mercado.

La ciudadanía activa

El jurista explica esta posición a partir del deseo y de la necesidad del desarrollo tecnológico, y lo hace comparando el sitio Megaupload con YouTube, ilustrando por qué éste último no ha sido considerado punto de mira por el gobierno estadounidense con la misma agresividad. YouTube, dice el jurista, sería un modelo excesivamente reconocido de la llamada nueva forma de producción que introdujeron los medios 2.0 y su hipotético cierre representaría una negación del desarrollo tecnológico. Megaupload, en cambio, era una presa fácil. Por ello las acusaciones del FBI de comportamiento ilegal, de violación del copyright, tema éste último que había sido más veces mencionado debido a las actividades de YouTube. La elección de golpear Megaupload ha sido dictada también por otros motivos: la facilidad con la que podían ser confirmadas las acusaciones, algo muy difícil en el caso de YouTube, que siempre tiene respuestas a las acusaciones de copyright mediante la afirmación de que no era responsable de cuanto hacían los usuarios que se conectaban a su página.

Prescindiendo de las consecuencias materiales de este desarrollo, que deben ser afrontadas sin ningún tipo de dudas y que podrían ser resumidas en los suicidios y en las condiciones de trabajo de los obreros de la empresa Foxconn en China, aquello que Benkler no nos dice pero que nos da a entender es que la riqueza de la red se encuentra en el centro de la contradicción interna del capital, que para crecer y sobrevivir debe por una parte imponer continuamente barreras al acceso a recursos materiales e inmateriales, mientras que por otro lado necesita permanentemente nutrirse de las fuerzas de la cooperación social. El elemento de novedad contenido en la toma de posción de Benkler no reside tanto en la tutela de los intereses económicos de la industria de los nuevos media como en el reconocimiento de una nueva subjetividad “política” emergida en red, aquella ciudadanía activa que requiere de mayor libertad de acceso a la información sin infringir las leyes sobre derechos de autor y tutelada por los intereses de las empresas.

Los custodios del monopolio

Sustancialmente, Benkler aplaude la ciudadanía activa en red mientras ésta no acabe de hacer la revolución. At last but not least, toda la intervención implica una cierta simpatía por Megaupload, víctima fácil de un freno inevitable para mantener la estabilidad del mercado. Hay que recordar que ya se ha hecho adecuadamente en otra parte que el sitio fue fundado por Kim Schmitz fue sólo uno de muchos actores del mercado en la red y que no debe confundirse con un baluarte de la libertad de información mártir de las empresas de la industria cultural.

Las propuestas de ley Sopa (Stop Online Piracy Act) y Pipa (Protect IP Act), presentados al Congreso unos días antes del cierre de Megaupload, que habrían favorecido a las grandes empresas de la industria cultural, habian recibido las críticas no sólo de los internautas, pero especialmente por aquellas empresas que han hecho de la actividad de los usuarios de internet un modelo de negocio como Google, Facebook o Amazon. Esta batalla política no visualiza la dialéctica clásica entre sujetos antitéticos por objetivos e intereses, pero ve una verdadera guerra civil que está en juego que es el logro y el mantenimiento de determinados monopolios de la economía de la red. Quizá, la ciudadanía a la cual apela Benkler es la misma que reclama una red neutral liquidando de manera simplista la relacion de fuerzas, tanto en el uso de la red que de la propiedad, ya sea desde el punto de vista material e inmaterial.

Las dos dimensiones de la economía de la red nunca pueden ser separadas, basta pensar que, ya sea en cuanto a infraestructuras como en cuanto a las aplicaciones, la producción de la red siempre se mueve en paralelo en ambos ámbitos, buscando de esta manera atraer hacia sí habitantes en un verdadero ecosistema, por ejemplo, la tienda iTunes de Apple o el Android Market de Google. En dirección se sitúa una mayor inversión en los servicios alojados en la red que liberan al usuario de innumerables soportes físicos para que la gestión de contenidos está totalmente a cargo de las empresas, que al mismo tiempo poseen partes de la producción material en cantidades cada vez mayores.

En este escenario se está jugando una partida política de vago sabor imperial. Los Estados Unidos están, de hecho, empeñados sobre todo en una doble estrategia: por un lado, quieren recuperar la hegemonía total en el mercado financiero; por la otra apuntan a reglamentar la red a través de diversos dispositivos legislativos extragubernamentales que favorezcan el desarrollo de "la riqueza de la red”. El control político de esta economía es asumido, en manera flexible y diferenciada, por sujetos múltiples.
Entre los casos más recientes está el de Twitter, que ha decidido asumir como propias las leyes de los Estados-nación, llegando incluso a hipotetizar la censura si alguien envía posts en contra de esas leyes. Una decisión que ejemplifica el poder de influencia de estas grandes empresas en la red: un poder que podría ser papel mojado no sólo respecto a la ciudadanía evocada por Benkler, sino también aquella que se ha manifestado en las luchas de Irán al Maghreb, pasando por España e Inglaterra, hasta los movimientos Occupy de los Estados Unidos. Empresas de la red y Estado están cada vez más frecuentemente unidos para defender el status quo, reactivando la carrera por los beneficios.

Incluso Facebook presentó pocos días atrás la solicitud para cotizar en bolsa, una medida similar a la de otras empresas que 2.0 como Groupon, Linkedin y Zinga que han llevado a cabo hace ya algún tiempo, pero con una diferencia notable: Facebook tiene 845 millones de usuarios y añade millones más cada mes, tiene una oferta muy diversificada y un alcance incomparable gracias a sus Open Graph y Api. Podemos aventurar, por lo tanto, el pasaje a una nueva convención financiera donde la actividad relacional y su control serán objeto de valorización capitalista, una actividad rediticia que nos obliga a pensar sobre este nuevo orden del discurso.

Traducción de Joan M. Gual

Tags relacionados: Número 170 Youtube
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto