“Volem la lluna però no volem construir el coet!”: crónica y lecciones de la jornada electoral catalana

Tras un 25N en el que parece que todos han ganado, el autor defiende que la recuperación de la política no puede pasar por la confianza pasiva en el sistema de partidos.

, Profesor de Derecho Constitucional de la UEX y miembro de CEPS
07/12/12 · 23:15

La falsa ilusión de la división de las funciones emancipatorias

Mucho se ha afirmado que estas eran, en Catalunya, unas elecciones distintas. La diferencia estaba, seguramente, en la ilusión y las aspiraciones sociales. Varios factores de coyuntura hacían que en ellas, la mayoría de los ciudadanos no concurrieran a votar, como en otras ocasiones, como si se tratara de un ejercicio ritual de responsabilidad para favorecer el mantenimiento o alternancia de alguno de los dos grandes partidos con los que más se identificaban. Sino que –excepto el 12,9% de votantes del PP que han apostado por el conservadurismo en los tres ejes esenciales de ubicación político-ideológica (el nacional, el social y el democrático)–, el resto pedían la luna.

Una amplia mayoría habían participado o se identificaban, los meses previos, con distintas y masivas movilizaciones sociales que, en uno o más de los tres ejes citados, pedían formas claras de emancipación rupturista. Unos anhelaban una emancipación nacional cuya máxima expresión fue la manifestación independentista del 11-S, otros una emancipación social expresada en las multitudinarias manifestaciones de las tres últimas huelgas generales, otros una emancipación democrática plasmada en la indignación de las plazas, y otros, todas. Hacía tiempo que la sociedad no estaba tan viva. ¿Ahora bien, cual era la estrategia de muchos de estos ciudadanos para llegar a ’su’ luna?

Un repaso a los comportamientos de las principales estructuras de organización de cada una de estas luchas lo permite ver. Los portavoces de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) terminaron la manifestación del 11-S pidiendo una reunión con determinados representantes políticos para pedirles que convocaran un referéndum. También los sindicatos mayoritarios han dirigido permanentemente sus demandas para poner fin a los recortes hacia los políticos.

Aun no sé muy bien porqué, la sociedad y muchas de sus estructuras organizativas asumieron la ingenua sensación de que estas emancipaciones se conseguirían a partir de una división de funciones entre ciudadanos y políticos. Los ciudadanos tendrían la función de legitimar socialmente una reivindicación acudiendo a una manifestación, mientras que los políticos de siempre –los del caso Palau, el Pretòria, el de las concesiones de ITV, los que mandan a los mossos a abrir la cabeza a menores edad, los de los primeros recortes tripartitos, los que construyeron la MAT o Brecons, los de los montajes policiales que llevaron a militantes a la cárcel o los que terminan el consejos de administración después de gestionar consejerías– asumirían la función de convertir el orden querido en orden real, incluso desobedeciendo y rompiendo con el orden jurídico existente si fuera necesario. Sólo así se explica el inentendible entusiasmo, ilusión y las largas colas de gente ante las urnas electorales. Nunca antes se había llegado, como el 25N, al 70% de participación.

Otra vez, todos han perdido menos los mercados

Las imágenes a las 23 h del domingo, eran contradictorias. En la pantalla, los diferentes partidos que han de cumplir con la otra parte de la emancipación –convocando el referéndum o revertiendo los recortes–, se atribuían victorias y repartían derrotas. Aprovechando que la pluralidad de partidos, la gran redistribución de escaños entre ellos y las múltiples combinaciones de pactos posibles, hace que ponerse de acuerdo en un solo criterio de análisis para determinar quién ha ganado y perdido es imposible, se declaraban todos vencedores: “la suma de CiU, ERC, ICV y CUP, hace ganar el discurso autodeterminista”, “la derrota de CiU y el incremento de PP y Ciutadans da un duro golpe al proyecto soberanista”, “la amplia mayoría de CiU y el fracaso del PSOE implican una derrota de la izquierda”, “el aumento de ERC, ICV, Ciutadans y CUP compensa la pérdida del PSOE y garantiza la fuerza de la izquierda”, etc.

Sin embargo, en su alegría, parecían ignorar que ninguno de ellos puede cumplir sus promesas emancipatorias. Para transformar deberían luchar, y para ello es necesario políticos que pisen polvo, no moquetas, y bases ideologizadas. Su conversión en gestores y la sociedad que han creado ha generado una desideologización absoluta de la sociedad, lo que hace que el voto derive cada vez menos de ’opiniones’ e ’ideología’ y cada vez más de ’emociones’ o ’sentimientos’. La ideología es firme, los sentimientos pasajeros. Sólo así se explica el trasvase continuo de votos entre partidos en cada elección –para poner un ejemplo, ERC sacó 21 diputados en 2006, 10 en 2010 y 21 en 2012–, lo que se ha hecho evidente en estas elecciones. Los grandes perdedores de 2010 han sido los grandes ganadores de 2012 y vuelta a empezar, nadie tiene ya bases firmes. Ello los convierte en débiles, teniendo que dedicar sus esfuerzos no en transformar sino simplemente, a mantenerse a flote. El único proyecto fuerte hoy no es ninguno de estos partidos políticos que no transforman nada, sino económico, el de los mercados que se mantiene firme y sin baches.

Vamos a ver en qué terminan las negociaciones y pactos de estos próximos días, pero poner nuestras esperanzas emancipatorias en partidos débiles sin capacidad de luchar, no parece muy prometedor.

¡Construyamos el cohete!

Lluis M. Xirinacs repetía siempre, que los catalanes “queremos la luna pero no queremos construir el cohete”. Muchos se han manifestado el 11-S, en las huelgas o en las plazas, han pedido la luna, pero pretendían llegar a ella sin necesidad de construir un cohete nuevo, sino votando y esperando que los viejos partidos le llevarán la libertad a casa. Los meses próximos servirán, seguramente, para reafirmar que esto no es posible.

Por si acaso, y avanzándonos a los acontecimientos, algunos –cada vez más– ya hace años que estamos construyendo el cohete desde nuestros municipios, se llama Candidatures d’Unitat Popular. A su construcción se está sumando mucha gente proveniente de las distintas tradiciones de la izquierda transformadora, todos conscientes que el cohete no lo vamos a construir en las urnas, ni en despachos ni oficinas, sino en la calle y con la unidad popular. En las asambleas, parando desahucios; en el sindicalismo alternativo organizando comités de huelga y piquetes, parando las clases en la universidad; levantándose para ir a trabajar en cooperativas; en el municipalismo alternativo; saliendo por la noche a repartir revistas puerta a puerta; encadenándose a las máquinas que nos destruyen el territorio, en las autopistas negándose a pagar peajes; abriendo nuevos casals y ateneos populares; cerrando ETTs; combatiendo el fascismo, el sexismo y la homofobia, etc. Y ahora también, en el Parlament, pero no para hacer gestión y cambio de cromos, sino para devolverles y tirarles en sus moquetas toda la mierda en la que nos hunden cada día. Adelante, “¡a sonreir!, que vamos a luchar!”

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comentarios

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    saltate
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    Lun, 02/10/2014 - 09:00
    si creo que debemos pensar meditar y actuar con un fin que transciendo lo inmediato. intercambio de cromos, comisiones, de votos no tiene rigor y es facilmente manipulable. la politica de cercania slow politic time. el cup sera lo que sean sus personas y sus acciones. deben si pueden adecuar sus acciones a sus palabras y responsabilizarse solo de sus acciones. hay que profundizar formalmente en lo que tu dices de trancender hacia el pasado. yo pienso que si. formari parte de la critica clara de este regimen, de este monarquia empresarial. adeu. esribir si podeis si podeis.
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    pericopalotes
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:37
    Me gusta Diagonal y la gente de IZAN, porque son indepes en Cataluña, pero a los castellanos nos consideran "restoestado". Pues alé, a seguir mirando hacia fuera
  • "El cohete no lo vamos a construir en las urnas, ni en despachos ni oficinas, sino en la calle y con la unidad popular". Acción de impago en un peaje catalán. / Adrià Costa
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