Tribunos, dennos una tregua

El “alto el fuego permanente” declarado por ETA
y la posible solución negociada del conflicto,
así como las propuestas de reformas estatutarias,
iluminan un nuevo escenario que puede
suponer la apertura del candado del “atado y
bien atado” y dar paso a profundas transformaciones.
¿Cómo se valora este escenario? ¿Qué
actitud debe tomar la izquierda -‘española’ o
‘nacionalista’- transformadora?

07/06/06 · 19:22
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Señores periodistas, columnistas,
tertulianos,
editorialistas y demás depositarios
(beneficiarios)
de nuestra libertad de expresión:
Con la debida consideración a su
difícil tarea, sopesen la pertinencia
de deponer las armas. El 11-M casi
todos ustedes quedaron en evidencia.
Abrieron fuego desde sus trincheras
cuando aún humeaban los
trenes. Condenaron por aquella
atrocidad a quien no correspondía.
Hicieron de megáfonos de quienes
nos querían gobernar y no de los
gobernados. Reconozcan que continuaron
haciéndoles la campaña
electoral a sus aliados políticos, a
costa y en nombre de nuestros
muertos (que también eran suyos).

Tuvimos que salir a la calle a exigirle
al Gobierno lo que ustedes no
le habían pedido: que reconociese
la verdad. Ya la sabíamos; no por
ustedes, sino gracias a los corresponsales
extranjeros y nuestros ordenadores
y móviles. Agradecidos
quedamos a los pocos que desafiaron
la mentira. Asqueados seguimos
ante los muchos que, en ‘los
agujeros negros’ del 11-M, practican
el periodismo como una parafilia:
el ósculo negro, allá donde el
poder desagua su inmundicia. No
se nos enfanguen más.

Responsables

Ustedes (y no sólo el yihadismo)
convirtieron el terror en plomo
electoral. El arsenal ya estaba en la
lanzadera. Con su inestimable ayuda
en el ‘caso Carod’, el PP había
ligado ETA al nacionalismo periférico.
¡Qué bien empujaron en los
meses anteriores al 14-M el ariete
de la unidad de España! Desarmen
este discurso de una vez por todas,
por favor. No les necesitamos de
salvapatrias (incluidas Euskal Herria
y Catalunya), ni paladines de
las víctimas, ni mártires de la democracia.
Sabemos que les tenían
en el punto de mira y honramos a
los que cayeron. Pero su sacrificio
no fue mayor que el del ecuatoriano
o la magrebí que murieron en
Atocha y para quienes ustedes no
escribieron ni una sola línea, presentándoles
como lo que fueron:
trabajadores explotados, ‘nacionalizados’
sólo en forma de despojos...
un tercio de los muertos, calderilla
para las urnas.

Ustedes debieron haber denunciado
que el PP, con recursos públicos,
filtró el encuentro de Carod
con ETA y, al tiempo, organizaba
el I Congreso de las Víctimas del
Terrorismo. Su seguidismo permitió
a la AVT y al Gobierno arrogarse
el dolor ajeno y tachar a la oposición
de filoterrorismo. Ustedes
tenían que haber publicitado (o
cuestionado) con igual intensidad
el comunicado etarra de la tregua
catalana y el que desmentía que
hubieran negociado nada con
Carod. No debieron haber convocado
a los catalanes a repudiar a
ETA en el arranque de la campaña
electoral. Tampoco pueden magnificar
de nuevo a ETA, calificando
de Caravana de la Muerte una furgoneta
con explosivos destinados
a un polígono industrial. Y, menos
aún, vincularla a otros “atentados
masivos”, de los que no existe
prueba policial ni declaración alguna
de los detenidos. Ni en
Baqueira Beret, ni en Chamartín,
ni al inicio de la campaña ETA pretendía
una masacre. Lo dice
Garzón, el inquisidor del entorno
del entorno, incluso de los abertzales
insumisos y de siempre desarmados.
En cualquier caso, si el
atentado masivo era tan inminente
¿por qué ninguna de sus empresas
previó un protocolo y recursos
para afrontarlo? ¿Por qué casi sólo
había becarios cubriendo la jornada
de reflexión? Su precariedad
laboral genera altos beneficios y
miseria informativa.
Beligerantes e indigentes
Alcanzaron las mayores cotas de
indigencia profesional, ejerciendo
“la beligerancia informativa contra
ETA y su entorno”. Por eso les condenaron,
a pesar de las palabras
de Otegi y del doble desmentido,
inequívoco, de ETA del día 12. Dictaron
sentencia sin una sola prueba
que avalase aquel titular de
“Masacre de ETA en Madrid”.

Cuentan que el director lo impuso
preguntándoles: “Yo no sé quien
va a ganar el 14, ¿y ustedes?” Pero
sí debieran saber que en Hipercor
hubo preaviso o algo básico: en democracia,
quien acusa aporta las
pruebas o difama. Transmitan hechos,
no condenen. Denuncien la
mentira patente. No se escuden en
las declaraciones de quienes les
dan licencia de emisión.
Tampoco hagan más de corifeos
en los duelos institucionales que
apenas encubren su afán electoral.
Aunque les pongan al Príncipe inaugurando
el I Congreso de las
Víctimas y a la Monarquía tras la
pancarta del 12-M. No nos convoquen
más con lemas partidarios y
distinguidos pancarteros. Les rogamos
que, en cambio, rebajen a
la sociedad civil los costes de disentir,
de hacer audible la rabia
por el uso fraudulento de su dolor.

Insinuar conspiraciones rinde
más beneficios; desde luego, les
resulta a ustedes más inocuo.
Pero cuando surjan de abajo voces
como el 13-M o Pilar Manjón,
cédanles el protagonismo; se lo
merecen por haber denunciado lo
que ustedes callaron. Dejen de
considerarles títeres partidarios,
carnaza obscena y sentimental.
Dar la talla
Trátennos como ciudadanos con
autonomía y sin miedo. No como
víctimas potenciales del terror y
propiciatorias del control social.

No somos rebaños a pastorear hacia
las urnas ni índices de audiencia,
sino potenciales activistas de
más democracia. Pretenden borrar
y emborronar la memoria, pero en
las últimas elecciones nosotros y
no ustedes dimos la talla. El 13-M
mostramos a ETA y al Gobierno
como reyes que se habían quedado
en pelotas. La multitud fue el niño
de Andersen: señaló la fofa desnudez
y provocó la carcajada, el peor
desafío a quien vive del miedo.
Habríamos avanzado mucho esbozando,
ya entonces, una risa en
medio de la tragedia: el primer paso
para superarla. Habría quedado
claro aquello en lo que ETA se ha
convertido, profundizando lo que
le dio origen: la nada que sólo genera
nihilismo. Se habrían desmontado
las falacias del PP que
impidieron, más allá de lo imaginable,
su debacle.

Ahora afrontaríamos mejor el
proceso de paz, diálogo o lo que
demonios decidan en Euskal
Herria. ETA habría sido, desde entonces,
la organización que ya no
mataba, cuyos coroneles más bragados
habían reconocido la derrota
militar y sus presos, su hartazgo.
¿Terroristas sin sangre, comandancia,
ni tropa, siquiera presa? ¿Qué
negociar, sino su tránsito a la vida
civil? Si ya la reconocían, ¿para
qué mayor derrota? Desde luego,
el PP (y los muchos tribunos que
le arroparon) habrían quedado como
un atajo de fantasmas y prepotentes.

Habían ‘acorralado’ a la
ETA, ¿y provocaba el mayor atentado
de su historia?... Y en Iraq,
¿seguíamos de rositas? Como para
que ahora se nos presenten como
garantes de que no “habrá precio
político”. Si aún no han pagado
el que les correspondía a ellos
por el 11-M. ¿Se atreven, por caridad,
a darnos una tregua?

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