Syriza a feira

El autor, miembro del colectivo Universidade Invisíbel, apunta tres condiciones para que la llamada Syriza galega sea una herramienta útil más allá de las elecciones.

27/09/12 · 0:00

En las elecciones gallegas, junto a las
derechas conservadoras del PP y
UPyD, junto al anunciado
tándem de la derecha liberal
–PSOE– y la izquierda centrista del Bloque, concurre la
coalición formada por IU,
A Nova y Equo
, presentándose a sí misma como una
Syriza galega. Quisiera discutir
sus posibilidades volviendo la
vista al 2011. Allí se da un contraste esclarecedor entre el 15M
y las protestas de Geraçao à
Rasca que sacudieron Portugal.
Aunque similares en su composición social, sus políticas en
red, incluso en sus demandas,
existen diferencias.

Primero, geopolíticas. A diferencia de la protesta portuguesa, centrada en su realidad
nacional, la reivindicación en
Sol, de la Qasbah y Tahrir, la
importación del formato de las
acampadas, así como la inmediata proliferación del movimiento a través de la diáspora,
favoreció la extensión de una
lucha que a su vez contribuyó
a la gestación de otros procesos como Ocuppy en el sur de
Manhattan.

Segundo, los partidos. Los
portugueses se habían expresado ‘a la argentina’ –“¡que se
vayan todos!”–, provocando el
rechazo del Partido Comunista Portugués y dejando en
una difícil situación al Bloco
de Esquerda. Por su lado, el 15M convirtió
unas elecciones en las que
muy poco había que ganar
–desde hacía tiempo las encuestas vaticinaban los resultados obtenidos– en un inteligente ataque al “modelo de balanza de élites”, también conocido como “bipartidismo”.

Tercero, la democracia. El
paso de Geraçao à Rasca al
15M es el paso de poder destituyente al poder constituyente
. Ya no sólo se trataba de
echar a los gobernantes, luchar contra los recortes y salvar o retornar al welfare. En
lugar de limitarse a contestar
a la rapiña de los acreedores a
la defensiva y en sus propios
términos, lo hizo en el nombre
de la democracia real. O lo que
es lo mismo, una democracia
sin contenidos, que no puede
ser otra cosa que una democracia, política y económica,
por venir
. Con lo dicho, de
vuelta a la Syriza galega, su
hipótesis tendrá sentido si
comprende que:

Primero: así como Alemania no es más que un tigre de
papel resistiendo a la desesperada –saquear a los socios
es el último paso antes de
hundirse uno mismo–, las mayorías de la balanza de élites
son poco menos que un simulacro
, cada vez menos efectivo. Como en Grecia o Islandia,
como antes en América Latina,
el poder constituyente del
movimiento terminará por reorganizar las opciones de voto.
Syriza entendió que debía
arriesgarse y dar respuesta a
este desplazamiento. No podía gobernar con los partidos
de una balanza que implica
de facto, explícita o implícitamente, un gobierno de concertación antidemocrático, sumiso a la troika.

Segundo: si, por tanto, una
Syriza galega ha de ocupar en
solitario el lugar electoral que
aún está por aparecer, habrá
de llenarlo con algo más que
una alternativa a la austeridad.
Como la política de movimiento, tendrá que dar el paso de
lo destituyente –estilo “hai
que botalos”– a lo constituyente, transformándose a sí
misma al redefinir sus discursos y procedimientos
a imagen de los desarrollos actuales de la democracia real.

Por último, más allá del logotipo fusilado de los griegos,
tendrá que saber transitar de
ida y vuelta las fronteras,
insertándose en el flujo de la
geopolítica de los movimientos; traer los contagios desde
el exterior, innovar y crear una
manera de resistir desde la
jurisdicción de un marco autonómico
–en atención a una
composición política y territorial tan distinta a la griega– ‘exportable’ a otros espacios.
Tres condiciones, por tanto, para constituir algo así como una Syriza galega. Por
desgracia, dudo que estén
cumpliéndose.

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comentarios

0

  • |
    miquel
    |
    Sáb, 02/09/2013 - 09:20
    Hola, imagino que tendrás mucha más información que yo de lo que se "cuece" dentro de la Syriza Gallega pero, ¿no te parece un poco temprano i arriesgado cuestionar el camino de una "recién nacida"?.
  • |
    la idea del comunismo
    |
    Sáb, 02/09/2013 - 09:07
    No, es absolutamente pertinente. Lo dudoso es el rol del 15M en todo esto. El 15M fue un cambio en lo que era posible y lo que no lo era. Pero, hasta el momento, las consecuencias de este cambio no se han desarrollado más que hacia su propia negación. Hay que distinguir entre el 15M como momento en que aparece un nuevo panorama, y el "movimiento 15M", una consecuencia del 15M en sí . Y, como ya he dicho, esta consecuencia del 15M sólo avanza hacia negar ese momento nuevo. ¿Por qué? Por dar por hecho que el sujeto revolucionario es indiscutible y ya está formado: el 99%, la gente, nosotros, los de abajo, etc. En cambio un sujeto revolucionario es algo por inventar. ¿Cómo funciona esto? La estructura imperante, para dictar cuál es el estado de las cosas, se explica a sí misma un recuento del redil. Siempre, por supuesto, hay algo falso en este recuento: cosas a las que se les da el nombre que no es, y cuya existencia real, por tanto, no es tenida en cuenta por la estructura imperante. Y una existencia sin estructura es una existencia sin forma. Un sujeto revolucionario es inventar esta forma con mucho trabajo. Es una tarea de dar forma y estructura a aquello que no puede tener forma ni estructura en el sistema imperante, y así agujerearlo. Pero el 15M, hoy en día, tiene el recuento ya hecho: "los barrios" ya tienen forma, "el pueblo" ya tiene forma, "el 99%" ya tiene forma. Esto es un error que lleva a organizarse de maneras que no crean ninguna forma nueva. Unas maneras que por lo tanto sólo sirven para conservar el recuento con el que ya habíamos empezado. Digamos que por eso el 15M ha tomado una deriva reaccionaria de la cual hay que salvarlo urgentemente - la red de asambleas y grupos y cada ciudad tiene la misma forma que tenían los movimientos ciudadanos de un gran ayuntamiento en los 80. Y lo que hay que entender es que esos movimientos ciudadanos pasaron rápido a /ser/ un órgano del mismo organismo que el ayuntamiento, como demuestra el ejemplo de Barcelona, donde, hoy en día, evaporado el PSOE de los 80, poco le queda que hacer al discurso de los movimientos vecinales más que nadar en conceptos que han perdido su validez ("vecino", "comisión", "barrio" - hasta el siniestramente ridículo "zona verde", totalmente engullido por el peor lado del urbanismo municipal y hoy en día una herramienta para "limpiar la calle", algo que, por otra parte, los mismos vecinos piden muchas veces, como queda demostrado en, por ejemplo, la ambigüedad de las protestas en la Ciutat Vella de Barcelona - el caso de la Plaza Vila de Madrid, ¿fue una "humanización" con corralito para niños incluódo, ganándole sitio a los turistas y el Decathlon; o fue una limpieza de pobres y borrachos y un avance en el patrullaje del ciudad? Quizás las dos cosas a la vez, pero eso sólo deja claro que los "vecinos" son, tanto los que lo quieren, porque lo piden; como los que no, porque usan conceptos que lo implican, los amigos paradójicos de los bancos monoplaza, las verjas en las plazas y la Guardia Urbana en el metro.) Por eso me parece dudoso todo lo que el artículo comenta sobre el carácter constituyente o destituyente... volvamos al principio del comentario: el 15M, ante todo, fue un momento de identificación de posibilidades nuevas, y es a esto a lo que hay que agarrarse. El posterior "movimiento" ni agota todo lo que el 15M puede ser, ni es salvable en casi ningún aspecto.
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