El sindicato ha muerto, viva el sindicato

Llevo tiempo siguiendo este
debate, y, cuanto menos, algunas
conclusiones interesantes
he podido extraer. Se
han reflejado posiciones desde el sindicalismo,
de quienes hablaban desde
los movimientos sociales (MM SS), y
en general las voces coincidían en
una serie de puntos.

13/06/06 · 19:10
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Llevo tiempo siguiendo este
debate, y, cuanto menos, algunas
conclusiones interesantes
he podido extraer. Se
han reflejado posiciones desde el sindicalismo,
de quienes hablaban desde
los movimientos sociales (MM SS), y
en general las voces coincidían en
una serie de puntos.

En la gravedad de la agresión que
supone la precariedad, que afecta a
todos los aspectos de la vida, y principalmente
a mujeres, jóvenes e inmigrantes;
en la importancia de combatirla;
y en el reconocimiento de que,
únicamente con movimiento obrero
o con los MM SS no es posible frenarla.
Se pone de manifiesto la necesidad
de confluir y contaminarse entre
ambos espacios.

Y como soluciones concretas se
plantea la visibilización de las situaciones
de precariedad, rescatándolas
como escenario de conflicto. Es dentro
de esa lógica que se presentan los
“Maydays”, los “1 de mayo de la precariedad”,
“un espacio de encuentro
entre l@s precari@s, l@s inmigrantes,
los MM SS y el sindicalismo de
base y combativo”. Y por otro lado, la
creación y dinamización de puntos
de encuentro y agregación, ya sean
oficinas de información, ya sean
“Comités de lucha contra el paro y la
precariedad”.

Ahora bien, compartiendo todas
estas premisas, me surgen dudas
que planteo con la esperanza de enriquecer
la discusión. Por un lado:
todas estas propuestas ¿cómo y cúando
se ponen en práctica? Un
ejemplo: cuando desde el sindicalismo
se habla de precariedad femenina.
Con 30 años de “Transición”,
en la que el movimiento obrero ha
sido uno de los actores decisivos,
¿cómo es posible que siga habiendo
discriminación salarial sexual -a
misma tarea, diferentes sueldos según
el sexo-? Creo que hablar hoy
de la mujer precaria implica, como
mínimo, una reflexión de lo que ha
sido y es la mujer en el mundo del
trabajo asalariado, y su reflejo en lo
sindical. Eso sin entrar en la situación
de la mujer inmigrante.

Hablamos de precariedad e inmigración.
Pero acaba de finalizar un
proceso de regularización de trabajadores
inmigrantes y parece que la
mayoría de los espacios transformadores
han mirado para otro lado.
¿Cómo se asume el que alrededor
de 3/4 de millón de trabajadores
estén sin papeles, privados de
cualquier derecho?

La distancia entre nuestros discursos
y la práctica es evidente, y a ello
ayudan las carencias de nuestras fundamentaciones
teóricas. Pone nervioso
la facilidad con las que se manejan
grandes conceptos y palabras,
bien abstractos, que cada vez sirven
menos para explicar la realidad que
nos rodea. ¿Qué significa que el trabajador
precario tome conciencia? Si
en el paraíso de la precariedad, el telemárketing,
las huelgas han tenido
casi un 90% de seguimiento.

¿Cómo hablar de una clase trabajadora
cuando en ese mismo saco
se incluye al funcionario con una
ecuatoriana sin papeles que limpia
casas? ¿Donde están los intereses,
condiciones objetivas y subjetivas
comunes? Y qué decir de la palabrita
‘trabajo’. ¿Qué es hoy el trabajo
asalariado?

Pero si hay una idea y una práctica
a reformular, es la de sindicato.
Describir únicamente su crisis en términos
de grandes organizaciones
traidoras y pequeñas políticamente
correctas pero sin fuerzas no entra
en el porqué de esta situación. Ni por
qué el sindicalismo es masculino, mayor
de 40 años y blanco.

La explotación del trabajo vivo, la
expropiación y privatización del plusvalor,
sigue siendo uno de los pilares
de este orden social injusto. Por ello
es necesaria la organización de los y
las trabajadoras, pero no según formas
y planteamientos del siglo anterior,
porque el contexto para el que
se usan esas herramientas ha cambiado
radicalmente. De hecho, la propuesta
de comités de lucha contra la
precariedad, realizada en uno de los
textos de debate, implica la superación
del sindicato tal como lo conocemos
hoy. Pero todo será más fácil si
nadie se agarra a la tradición.

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