El sindicalismo alternativo y la precariedad

LOS Y LAS TRABAJADORAS PRECARIAS apenas se reconocen
en unas estructuras sindicales poco incómodas, hasta ahora, con
la degradación de sus condiciones de vida. Muchos sindicatos tampoco
parecen capaces de resituar su intervención en un mercado
de trabajo cambiante, quedando limitados a sectores de asalariados
fijos, varones, blancos y mayores. ¿Sigue siendo el sindicato
un instrumento eficaz en la defensa de los derechos del trabajo?
¿Qué sindicalismo es posible en la precariedad?

24/06/06 · 15:02
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Isa

En artículos anteriores se
definía la precariedad de
forma global, asimilada a
inestabilidad de por vida.
Definición básica con la que estaríamos
de acuerdo, ya que trasciende
de las formas de contratación y
de las condiciones de trabajo, horarios,
turnos, salarios, movilidad
funcional y geográfica, siniestralidad
laboral y se incrusta en la propia
vida cotidiana, vivienda, ocio,
pensiones... en todo aquello que depende
del trabajo como núcleo básico
de subsistencia.

No obstante la precariedad no es
un fenómeno nuevo, siempre ha ido
asociado a cómo salir del paro, siempre
ha sido un elemento estructural
del sistema capitalista. Lo que realmente
cambia es su crecimiento desmesurado,
tanto en sectores productivos,
como de servicios, y que se
produce como consecuencia definitiva
de un proceso de desregularización
del mercado de trabajo, que está
teniendo un efecto demoledor sobre
el conjunto de las relaciones laborales
y en concreto sobre conquistas
y derechos sociales y laborales
ganados en el pasado con sangre.

En realidad lo que se está produciendo
es una fuerte inestabilidad
del mercado de trabajo, de la cual
nadie puede sentirse a salvo, ya que
el objetivo es acabar con el trabajo
estable en los términos conocidos
hasta ahora. Es decir, se busca que
la contratación pase a ser un elemento
más de las necesidades de acumulación
de capital de los empresarios
y, en consecuencia, el trabajo deje
de ser un derecho social.

En este sentido hoy la lucha contra
la precariedad laboral, no se
plantea sólo como la lucha de los trabajadores
en precario, sino también
como una lucha del conjunto de los
asalariados y asalariadas.

Y aquí sí podemos encontrar puntos
en común, sobre todo el derecho
a un trabajo estable y digno que permita
a las personas organizar sus vidas
en condiciones de calidad, ya
que esta es la base sobre la cual se
pueden asentar después todos los
derechos. La lucha contra la moderación
salarial, contra la siniestralidad
laboral o por la jornada semanal
de 35 horas son también reivindicaciones
asumibles por todos los colectivos.

El problema se plantea cuando,
como en este caso, te has de enfrentar
a una situación que viene avalada
por la llamada “izquierda política”,
apuntalada por la derecha, y
que ha contado con el apoyo expreso,
cuando no tácito o aquiescente
de las dos centrales sindicales mayoritarias.

Y aquí es donde reside uno de los
principales frenos y escollos tanto
para impedir el deterioro de la situación,
como para avanzar en soluciones
políticas que posibiliten dar una
salida a la creciente precariedad.

El marco estatal de relaciones laborales
y la centralización y jerarquización
de la negociación colectiva
son factores que determinan
hoy el movimiento sindical y su
fuerza en beneficio de CC OO y
UGT. Esto, unido a su control de la
formación ocupacional y continua,
les permite ser un polo de referencia
importante también para los
trabajadores y trabajadoras en precario,
que buscan en esa formación
salidas ocupacionales.

La otra realidad, el sindicalismo alternativo,
aparece dispersa, absorbida
en dar respuesta a realidades sectoriales,
con muy poca capacidad de
acción global y político-social, o más
bien testimonial. Es una relación de
fuerzas absolutamente desfavorable,
pero que no puede resultar una excusa
para no plantearse la lucha contra
la precariedad como un elemento
primordial de la acción sindical.

En este sentido, todas aquellas luchas
y experiencias que se lleven a
cabo, sectoriales, territoriales, de
entrada nos parecen positivas.
Todas aquellas formas de organización
sindical o de auto-organización
de los propios trabajadores en precario
nos parecen válidas, porque el
movimiento carece de polos de referencia.
Hemos pasado en los ‘80
de la lucha contra un terrible paro,
a enfrentarnos en los ‘90 a la desregularización
del mercado de trabajo
con el único bagaje de la huelga
general del ‘94. Poco tiempo para
reordenar un movimiento sindical
disperso y poco tiempo para que
pueda existir una conciencia social
de la situación, sobre todo en colectivos
donde la estructura familiar
todavía es capaz de paliar los déficits
del trabajo.

Por eso, necesitamos construir
luchas que sean referenciales, que
conjuntamente con las campañas
de agitación contribuyan a crear
conciencia entre los trabajadores y
las trabajadoras.

La lucha contra la precariedad laboral
se inscribe en la lucha contra
la desregularización de las relaciones
laborales y por tanto se ha de
abordar desde el terreno de la reivindicación
sindical y desde el terreno
político social.

La precariedad es dispersa y no
afecta por igual a todos los sectores,
por eso en cada sector o fábrica o
marco de convenio donde pueda llegar
un sindiacato alternativo, se han
de establecer plataformas reivindicativas
de los trabajadores y trabajadoras
en precario y/o introducir puntos
reivindicativos específicos en las
plataformas generales de negociación
y luchar por ir mejorando las
condiciones de trabajo actuales.

Pero la solución también es política,
necesitamos oponernos a nuevas
agresiones a los derechos laborales
y hemos de tender a poner sobre el
tapete la necesidad de reconquistar
derechos sociales perdidos. Es aquí
donde hemos de plantearnos la lucha
por cambiar la legislación laboral,
donde debemos plantearnos que
la legislación laboral recoja y proteja
los derechos sociales y laborales. Por
ello planteamos la necesidad de formar
plataformas unitarias de acción
sindical con todas las organizaciones,
que en los diversos territorios se
han opuesto a las reformas laborales
para poder intentar las campañas y
movilizaciones que en cada coyuntura
sean posibles. Construir la unidad
de acción sindical a la izquierda
de CC OO y UGT ha de constituir un
paso referencial importante para
que sectores de trabajadores y trabajadoras
puedan vislumbrar la
existencia de un espacio sindical de
izquierdas fuera de su propio sector
o centro de trabajo.

Por otro lado, en los últimos años
han aparecido un gran número de
colectivos y movimientos sociales
que, desde una posición anticapitalista,
se plantean la lucha contra la
precariedad, entendida como un
problema global que afecta a la vida
de todas las personas. Creemos que
se han de respetar las diferentes formas
de organización y de acción,
buscando marcos de coordinación
de todas las luchas, para darles una
mayor visibilidad y eficacia. En este
sentido, el espacio May Day, en el
que nuestra organización participa,
es un paso importante en la coordinación
de las movilizaciones sociales
y sindicales contra la precariedad
y contra el sistema capitalista.

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