Sarkozy: un peligro real para la derecha neoliberal



04/10/07 · 0:00
Edición impresa



La campaña presidencial de
Nicolas Sarkozy, su programa
electoral y finalmente su
elección en mayo de 2007
han demostrado que en cuestión de
política, los franceses han cambiado
su opinión con respecto a la tradicional
polarización izquierda/derecha
que dominaba hasta entonces la vida
política del país.

La vieja clase política francesa representada
por el Sr. Chirac y la Sra.
Royal no ha sabido ver en la ‘ruptura’
sarkozyana, una total asimilación
de la ‘doxa’ anglosajona cuyo popurrí
de ideas y conceptos (atribuidos
tanto a la derecha -neoliberalismo a
ultranza, desmantelamiento del sector
público, atomización del empleo,
liberalización de los mercados financieros,
etc.- como a la izquierda -promesas
de desarrollo social, ayudas a
madres solteras, construcción de viviendas,
diálogo con los sindicatos,
financiación del arte, etc.- y pomposamente
rebautizados “tercera vía”),
se atribuye al ex primer ministro británico,
M. Anthony Blair.

Vía a la medida

Seguro del apoyo de los franceses,
Sarkozy ha ido más lejos todavía; su
frenesí por el popurrí político-económico-
mediático le ha conducido naturalmente
a crear una “tercera vía”
a su medida: la desestabilización del
equilibrio en los grandes partidos.

Primero, a la derecha, con la casi
erradicación del partido extremista
de Le Pen y con la unificación de las
grandes familias políticas conservadoras
(incluyendo las de su propio
partido) que se oponían -a veces duramente-
desde el principio de los
‘80. Luego a la izquierda, con la sorprendente
desestabilización del granítico
partido socialista integrando
en su Gobierno conservador a personajes
claves como Bernard Kouchner,
el actual ministro de Asuntos
Exteriores, fundador de Médicos sin
Fronteras, y una de las personalidades
de izquierdas favoritas de los
franceses.

Esta sorprendente ‘modernidad’
por parte de un político francés fue
saludada por todos los conservadores
y neoliberales del planeta. ¡Gracias
a este hombre providencial,
Francia podía por fin emprender el
camino de la modernización! Sin embargo,
Washington puso una nota
discordante a la euforia general llamando
“colbertista liberal”
al nuevo presidente galo. Un
escepticismo del mismo calibre no
tardó en llegar de Bruselas, del Banco
Central Europeo y de su presidente,
el arrogante J.C. Trichet respaldado
por la mayoría de las plazas financieras
y del Banco Mundial.

La prensa especializada, como The
Financial times o el semanal
Newsweek, hicieron eco de tamaña
duda, pero la popularidad de Sarkozy
era entonces tan impresionante
que la duda se esfumó rápidamente.

Temores

Al cumplir cien días en el poder y
a pesar de las medidas neoliberales
emprendidas por su Gobierno -medidas inexplicablemente “suaves”
según sus socios-, el presidente
Sarkozy preocupa más que
nunca a la derecha conservadora
que sigue esperando resultados.

Después de sus últimas declaraciones
sobre el uso inconsiderado
de la “mano dura” en el ámbito
económico actual, muchos temen
incluso que sus medidas se alejen
peligrosamente del neoliberalismo
tan esperado: sus querellas
con J.C. Trichet con respecto a la
independencia del Banco Central
Europeo preocupan muchísimo a
los inversores.

Pero una desconfianza mayor -que resulta tan nueva como sorprendente-
amenaza ahora al presidente
francés. No es nada menos
que la preocupación de las élites
francesas, unas élites que fueron
las primeras en apostar por él durante
las elecciones.

Desde su llegada a la presidencia
gala, la coyuntura económica
internacional se ha complicado y
amenaza con situar por debajo del
2% el crecimiento anual del país.
Por otra parte, la crisis financiera
de las subprimes, que estalló en
agosto pasado y que fue calificada
por los expertos de “simple reajuste
del mercado”, no ha dado indicios
de recuperación -la bancarrota
del quinto banco hipotecario inglés
hace escasas semanas dejó estupefactos
a numerosos observadores-
y amenaza peligrosamente
sus planes de cambio. Muchos son
los que le piden cuanto antes acciones
concretas en este sentido antes
de que sea demasiado tarde.

Estilo obsesivo-mediático

Al cabo de cien días de presidencia,
la popularidad de Sarkozy ha bajado
de forma significativa tanto fuera como
dentro del país. Dicha popularidad
no tardará en caer en picado si
no consigue satisfacer a un electorado
tan sediento de cambio. Al exterior
del país la decepción ha llegado
con mucha más rapidez; el deterioro
de la relaciones con Alemania -el socio
privilegiado de Francia en
Europa- han dejado aterrado a más
de uno y el afán de protagonismo
desplegado por Sarkozy en la liberación
de las enfermeras búlgaras retenidas
en Libia dieron un profundo
disgusto a los protagonistas reales
de la resolución del conflicto.

Dominique Moïsi, del Instituto
francés de Relaciones Internacionales,
dice en alto lo que muchos
callan en las filas del propio partido
de Sarkozy y sin lugar a duda,
entre los empresarios y industriales
franceses, cuando declara que
un estilo obsesivo-mediático puede
llegar a ser aceptable para un candidato
a la presidencia, pero se
vuelve contra-productivo y problemático
para un presidente.

Sus aliados, ciertos colaboradores
y hasta algunos de sus ministros, esperan
ahora que Sarkozy demuestre
que puede combinar la calma y la
energía, el dinamismo y la serenidad,
el self-control y los intereses de Francia.
La izquierda humillada hasta
ahora se frota sin embargo las manos
y prepara activamente las elecciones
municipales de 2008.


Sarkozy: un colbertista liberal

Este oximorón es tan
sorprendente que
merece una explicación.
El colbertismo -del nombre del
ministro de finanzas
de Luis XIV, Jean-Baptiste
Colbert (1619-
1683)- ha sido asimilado
con las políticas
intervencionistas tradicionalmente
llevadas
a cabo por el Estado
francés a lo largo de
su historia reciente.

Radica en asuntos
económicos y sociales,
políticas de desarrollo
de “grandes
obras públicas”, de
protección de las
industrias nacionales
contra los competidores
y los mercados
internacionales, medidas
apoyadas con
nacionalizaciones de
sectores claves de la
economía cómo el
agua, el gas, la producción
de energía,
los asuntos de defensa
nacional, etc. Fueron
en su mayoría
impulsadas por
gobiernos de izquierda,
pero el general De
Gaulle - fundador de
la corriente política
seguida por Sarkozy-
no dudó en utilizarlas
cuando Francia lo
necesitaba (después
de la Segunda Guerra
Mundial, durante la
reconstrucción de los
‘50 y el despegue económico
de los ‘60); la
creación de Elf Aquitaine
(hoy en día
Total) o de EDF (Electricidad
de Francia)
son unos ejemplos de
esta política.

EL TEMA DEL DEBATE: LA NUEVA DERECHA O 'NEOCONS'. Tras el terremoto que supusieron las formas y
políticas de Bush, el impacto de la nueva derecha
o de neocons llegó a Europa con Berlusconi.
Ahora Sarkozy, presidente de Francia, retoma el
testigo empujando hacia unos cambios que conviene
analizar en toda su complejidad.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto