Santiago Carrillo, un demócrata de toda la vida

El autor cuestiona el papel del exdirigente comunista en la Guerra Civil y en la Transición.

, matemático y profesor de Sociología en la UNED
09/10/12 · 0:00
El dirigente comunista, durante su época cómo secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas / Fuente: Fundació Pere Ardiaca en Flickr

El título no lleva el menor asomo de ironía. Es literal.
Con el tiempo, esta piel de toro se ha ido llenando de
demócratas-de-toda-la-vida, cuyo ejemplo más egregio es el del propio
rey al que el dictador nombró su sucesor. No es el caso de Carrillo.
Tras su muerte, un curioso consenso universal ya le ha fabricado el lema
con que le conocerá la Historia: “el hombre que supo convertirse de revolucionario radical en demócrata convencido, pero siempre defendiendo a los trabajadores”.

Para la derechona, lo de revolucionario radical se leerá como un estigma; para la izquierdona, como un honroso título. Se interprete como se interprete, a ninguna de ambas le cabe duda alguna: revolucionario radical.

Es bueno, en ciertas ocasiones, hacer memoria. El 18 de julio de 1936 se
produce el “glorioso Alzamiento Nacional” contra la República. Al día
siguiente, la gente se lanza a ocupar todo lo que puede y, en pocos
meses las colectivizaciones obreras y campesinas abarcan buena parte del país con prácticas radicalmente revolucionarias:
las milicias populares toman las decisiones en asamblea y se niegan a
integrarse en el ejército jerárquico y militarista de la República,
fábricas y servicios se autogobiernan por los propios trabajadores, en
el campo se proclama el comunismo libertario y en muchos pueblos se
quema el dinero en la plaza del pueblo.

¿Cuál es la posición de Carrillo
ante esta efervescencia revolucionaria? En un discurso de enero de 1937
proclama: “Luchamos por la República democrática; no nos da ninguna
vergüenza decirlo. Nosotros, frente al fascismo y frente a los
invasores, no luchamos ahora por la revolución socialista. (…) Y no lo
decimos como táctica, ni como maniobra para engañar a la opinión pública
española, ni para engañar a las democracias universales. Luchamos
sinceramente por la República democrática porque sabemos que si
cometiéramos el error de de luchar en estos momentos por la revolución
socialista en nuestro país…”.

Carrillo era entonces era Secretario de las Juventudes
Socialistas Unificadas. F. Melchor, compañero suyo en el Comité
Ejecutivo, lo argumenta: la revolución que en campos y ciudades se está
llevando a cabo “se trata de la deformación ideológica de un amplio
sector del movimiento obrero, que pretende realizar el desenvolvimiento
económico del país sin atemperarse a las etapas que ese desenvolvimiento
requiere” (Frente Rojo, marzo de 1937). De todos es sabido que, según
el socialismo ‘científico’, no puede realizarse una revolución
socialista sin haberse dado previamente una revolución burguesa
. Y como en España ésta no se había producido… el Partido Comunista se ve obligado a combatir a los ‘utópicos’ que estaban de hecho poniendo en marcha una revolución,
para ofrecerse como defensor de la burguesía y de su democracia
republicana que se sentían amenazadas por un pueblo en armas y en plena
pasión autoorganizativa. Ya lo había dejado bien sentado esa otra
revolucionaria radical que fue Dolores Ibarruri: “Es la revolución
democrática burguesa, que en otros países, como Francia, se desarrolló
hace más de un siglo, lo que se está realizando en nuestro país, y
nosotros, comunistas, somos los luchadores de vanguardia en esa lucha”
(Mundo Obrero, 30.7.1936).

La gente no se había enterado y se había puesto a hacer una revolución sin saber que aún no tocaba. Menos mal que ahí estaba el PCE para recordarlo, aunque tuviera que acabar bombardeando las colectivizaciones, como tuvo que hacer Enrique Líster. ¿Revolucionarios? No, demócratas de toda la vida. Literalmente.

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comentarios

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    emm‡nuel Lizcano
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:16
    No era intención del artículo defender ni atacar a Carrillo, sino {{ponerle en su sitio}}. Y, con él, poner también en su sitio las habituales políticas de los PCs, que han destruido cuantos movimientos revolucionarios no han podido controlar (y más aún a los que sí han controlado). En el artículo me limito a{{ tirar de hemeroteca}} (en particular, la prensa de la época que recoge Bolloten en "El gran engaño") y dejar a cada lector que saque sus conclusiones. Para decirnos lo que debemos pensar y quiénes son los buenos y los malos... ya tenemos a los políticos. Emmánuel Lizcano
  • |
    ser ensimismado
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    Lun, 12/10/2012 - 09:00
    Pues es verdad, no eres muy neutral. No por ser su amigo, si no por lo que dices en este comentario. No entiendo muy bien eso de tener que escoger entre comunismo, socialismo, caos, barbarie, democracia y anarquía, porqué a mi entender pertenecen a categorías distintas (se puede escoger comunismo y que sea una barbarie, por ejemplo). Pero pasemos eso por alto y sigamos con tu razonamiento. Pongamos que preguntamos a la gente hoy y resulta que la mayoría escoge democracia (inciso: sea lo que sea lo que esto quiera decir. Por ejemplo, cuando el autor del artículo habla de ser un "demócrata de toda la vida", se refiere a defender la democracia burguesa). Eso significa que Carrillo tenía razón? Y se la da lo que la gente piensa ahora? No importa que en la España del 36 tuviera que ir en contra de miles de obreros que habían empezado una revolución, que sí que pensaban que era el momento. A lo mejor en esa época, sí que había una mayoría social a favor de una revolución obrera. Pero no importa, porque Carrillo hizo lo que la mayoría de la gente piensa ahora... Un poco raro tu argumento, no?
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    @scuila
    |
    Lun, 09/10/2012 - 09:00
    Tras leerlo dos veces, todavía no sé si le defiendes o le atacas. Creo que depende de quién lo lea. Comunismo, socialismo, caos, barbarie, democracia, anarquía... Sin obviar las ventajas que pueda tener cada uno de estos sistemas, ¿Cuál crees que es el que la gente prefiere? No sé, pregunta al azar por la calle. Si la respuesta es 'democracia', entonces Carrillo hizo lo que debía, y además fue un pionero y un genio, porque vio lo que ahora nos parece obvio: dictaduras, ni la del proletariado. Y anarquía... todavía no. Aunque igual yo no soy muy neutral, ya que era mi amigo. Mira lo que digo yo de él: http://www.huffingtonpost.es/pablo-prieto/requiem-por-la-democracia_b_1894247.html
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