Ruido, furia y paz social

Las movilizaciones del 24 de marzo exigiendo una
materialización del derecho constitucional a la vivienda,
vienen a recordar que la espectacular crispación
política entre los partidos parlamentarios no debe
hacer olvidar a la izquierda transformadora otros
temas. Conviene que, en el contexto de las próximas
elecciones municipales, los análisis políticos centrados
en una supuesta involución, no obvien otras
dimensiones. Por ello, aportamos esta reflexión.

12/04/07 · 18:10
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Isa

La implacable oposición de la
derecha al Gobierno socialista
no se despliega en todos
los frentes posibles. Hay
un terreno excluido de significativa
importancia: nada menos que la política
económica y social. En el mismo
sentido, el acoso de la derecha
no se lleva a cabo por todos sus sectores
e instituciones: frente a la actuación
bravucona y de verdaderos
energúmenos de la dirección del PP,
la gran burguesía, los empresarios,
la patronal evitan toda crítica y mantienen
una discreta aprobación del
Gobierno Zapatero. Puede decirse
sin tapujos que la política económica
y social del Gobierno socialista es respaldada
sin fisuras por toda la derecha,
pues su carácter neoliberal está
fuera de toda duda.

Como botones de muestra quizás
no hay dos ejemplos mejores que la
reforma última del sistema fiscal y
los propósitos de reforma de la Seguridad
Social. Por un lado, la desahogada
situación financiera del Estado
no se ha utilizado para mejorar el
muy degradado y bastante raquítico
‘estado del bienestar’, sino para aliviar
la presión fiscal a las rentas altas
y los rendimientos del capital, agravando
la injusta distribución de las
cargas impositivas. Como es sabido,
se ha bajado el tipo máximo del IRPF
del 45% al 43%; se ha homogeneizado
un tratamiento escandaloso de todas
las plusvalías eliminándose la
distinción entre si fueron generadas
en menos o más de un año; y se ha
reducido el tipo del impuesto de sociedades,
en unos momentos en
los que los beneficios inundan las
arcas de las empresas (en 2006 el
crecimiento medio de las del IBEX
ha aumentado el 31%). En suma,
más ventajas y más dinero para los
ricos y los poderosos.

Reforma que algo queda

Por otro lado, el Gobierno ha decidido
acometer una nueva reforma la
Seguridad Social con el objetivo, en
primer lugar, de recortar derechos, y
en segundo, de estimular la vida laboral
de los trabajadores. Para ello
se ampara en estudios interesados y
manipulados, pues estos parten de
simplificaciones y extrapolaciones
más que discutibles y juegan con el
dato del tiempo para proyectar una
crisis del sistema, que puede ser en
el 2025, en el 2050 o más tarde. Una
preocupación, cabe resaltarlo, que
no se extiende a ningún otro problema
de la sociedad. Bastaría partir de
otras hipótesis justificadas para alcanzar
conclusiones diametralmente
diferentes, pero siempre hay en un
prestigioso economista, un consejero
aúlico, un servicio de estudios de
la banca o un organismo internacional
que descubre la insostenibilidad
del sistema de pensiones en el futuro
si no se acometen reformas, dirigidas
a recordar los derechos de los
trabajadores, sobre todo los peor
colocados en el escalafón social.

Con un afán justiciero digno de
mejor causa, el de incrementar la correspondencia
entre aportaciones y
prestaciones, el de reducir el carácter
solidario y de reparto del sistema
para aproximarlo al de capitalización
individual, se proyecta elevar el periodo
mínimo de cotización para acceder
a la pensión de jubilación desde
los 12’5 años actuales a los 15,
quedando pendiente para la siguiente
ocasión el subir el periodo de cómputo
de los años cotizados para determinar
la base de la pensión. Esto
es, menos derechos y más dificultades
para los débiles y desprotegidos,
cuando la precariedad del trabajo en
nuestro país alcanza cotas insólitas
en Europa y sigue afectando a un tercio
de los trabajadores a pesar de las
reformas laborales llevadas a cabo,
que con la justificación de reducirla
han supuesto abaratar los salarios y
aumentar los beneficios.

A pesar del ruido y la furia que recorre
al país, existe al mismo tiempo
una paz social de cementerio. La
gran tensión, la enorme crispación
partidaria que sacude la vida política,
no tiene base ni traducción en el
terreno social. Se comprende que la
derecha, con habilidad, module y
compartimente su oposición a la acción
del Gobierno, sabiendo que para
preservar sus intereses, no podría
ir más allá, en las cuestiones económicas
y sociales, que el PSOE sin
suscitar un fuerte rechazo popular.
La socialdemocracia cuando gobierna
desempeña a veces este
desgraciado papel. Sin embargo,
estos trabajos sucios suelen realizarlos
en momentos de crisis y no en situaciones
económicas boyantes y
cuando no hay agitación social. Por
eso resulta tan lamentable que un
Gobierno aupado con los votos de
los trabajadores se revuelva contra
ellos, los olvide y sea tan diligente
con la burguesía. Ahora tocarían reformas,
que la socialdemocracia
mostrase su cara buena, y no nuevas
agresiones a los derechos y condiciones
de vida de las capas populares.

Silencios

Con todo, aun es más sorprendente
la nula reacción de las organizaciones
sindicales a esta orientación política
y la falta de coherencia y firmeza
de los partidos de izquierda, particularmente
de IU, para rechazar y tratar
de combatir la política neoliberal
del gobierno Zapatero. De hecho, la
reforma de la Seguridad Social es el
desarrollo de un pacto alcanzado en
2006 entre el Gobierno, la patronal
y los sindicatos. Estos, mientras rehuyen
toda la lucha social, mientras
dan la espalda a sus deberes,
pretenden salvar la cara erigiéndose
en promotores de manifestaciones
por la paz y la vida, mientras los
obreros, entre otros muchos problemas,
mueren en accidentes laborales
como chinches.

Por parte de IU, a pesar del enorme
espacio que ha cedido el PSOE
para construir una oposición y levantar
una alternativa al neoliberalismo,
aun no ha encontrado un
terreno propio. Deambula perdida
entre la oposición y el respaldo
al Gobierno, tratando de vivir de
migajas institucionales y mediáticas,
y olvidando su tarea de erigir un
proyecto alternativo de sociedad, con
su correspondiente base social.

Volviendo a la Seguridad Social,
cuando se dirige la atención manipuladamente
a su potencial crisis, se
puede estar labrando un fraude histórico
a los trabajadores, a través de
hacerlos cotizar durante muchos
años, pero no los suficientes como
para adquirir el derecho a una pensión
contributiva. Piénsese en la degradación
actual del mercado de trabajo,
con muchos trabajadores fuera
de toda legalidad, en la precariedad
de los contratos y en los millones de
trabajadores inmigrantes que pueden
tener que volver a sus países
cuando cambien las condiciones
económicas, pues en modo alguno
puede descartarse una crisis, dado el
modelo actual de crecimiento sustentado
en la construcción y los graves
desequilibrios de la economía española,
en particular el déficit exterior.
Mientras la gran preocupación
dominante es si la Seguridad Social
podrá soportar a los futuros pensionistas,
puede que muchos de estos
desaparezcan con el tiempo como
consecuencia de las normas cada vez
más duras que rigen el sistema.

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