Ropa basura

En un inicio de 2010 especialmente
frío, la cadena
de distribución estadounidense
Walmart y la firma
sueca H&M se han visto obligadas a
justificarse tras la publicación de un
artículo comprometido en el NY Times.
Se encontraron montones de
ropa en la basura muy cerca de los
establecimientos comerciales que
ambas grandes empresas tienen en
Manhattan. Resultaron ser artículos
no vendidos que se habían roto de
manera que no pudieran ser utilizados.
En una ciudad donde cada año

, Coordinador de la Campaña Ropa Limpia en SETEM-Catalunya
02/02/10 · 14:55
Edición impresa

En un inicio de 2010 especialmente
frío, la cadena
de distribución estadounidense
Walmart y la firma
sueca H&M se han visto obligadas a
justificarse tras la publicación de un
artículo comprometido en el NY Times.
Se encontraron montones de
ropa en la basura muy cerca de los
establecimientos comerciales que
ambas grandes empresas tienen en
Manhattan. Resultaron ser artículos
no vendidos que se habían roto de
manera que no pudieran ser utilizados.
En una ciudad donde cada año
el frío mata a un buen número de
personas sin hogar, la destrucción
de la ropa no vendida ha resultado
indignante para mucha gente.

Los departamentos de responsabilidad
social de ambas empresas
han remarcando que se trata de un
incidente anecdótico que deberá ser
investigado, y han recordado su
compromiso con las personas desfavorecidas
y los kilos de ropa que
cada año donan para beneficencia.

También nos debería indignar la
irresponsabilidad de las empresas
transnacionales que se enriquecen a
base de imponer cuotas de producción
inhumanas a trabajadoras que
ganan salarios miserables. La mayoría
de los proveedores de las cadenas
de distribución como Walmart
o de las firmas de moda como
H&M son fábricas situadas en países
donde las personas trabajadoras
difícilmente pueden organizarse para
defender sus derechos. Las empresas
imponen a estos proveedores
plazos de entrega cada vez más cortos
y precios cada vez más bajos, so
pena de encargar la producción a
otros fabricantes. No son los empresarios
los que asumen los costes derivados
de los pedidos imprevisibles
de las empresas internacionales. La
inseguridad se traslada a las trabajadoras
en forma de horas extras excesivas
–que se imponen sin previo
aviso– y de salarios miserables.

El tiempo que pasa entre la decisión
de producir un determinado
modelo de camiseta y su venta en
una tienda de Nueva York, París o
Barcelona es cada vez más corto. La
rapidez supone un ahorro en costes
de almacenaje y una reducción de
los riesgos que tradicionalmente
acompañaban los negocios de producción
y comercialización.

A pesar de las mencionadas prácticas
de suministro just on time o
eficient consumer response, las maquinarias
transnacionales de distribución
aún cometen pequeños fallos
de cálculo y se encuentran con
mercancías que no tienen la salida
comercial esperada. Estos excedentes
representan un pequeño porcentaje
de la producción total pero, dadas
las cifras de estos grandes
monstruos empresariales, son montañas
de prendas. Su destino no es
el vertedero sino mercados con precios
más reducidos, como las rebajas
o los outlets. De esta manera,
acaban vistiendo a personas consumidoras
que no estaban dispuestas
a pagar lo que se les pedía en primera
instancia, acaparando una nueva
porción de mercado.

Sea a principio de temporada o
en las rebajas, es un puñado de empresas
transnacionales las que abastecen
con su ropa los armarios de
todo el mundo. Su lógica es que producción
y venta sigan el mismo
ritmo, cada vez más rápido pero sincronizado
con la máxima precisión,
y si la máquina sufre pequeños desajustes
siempre habrá personas pobres
que, excluidas del mercado laboral
por las propias transnacionales,
podrán vestirse con los restos.

Tags relacionados: Barcelona Nueva York Número 118
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto