Reflujo y éxodo

Reconozcamos que tras la primavera árabe y la indignación global llegó el frío invierno de la depresión, el reflujo, el miedo y la derrota. Reconozcamos que hacer la revolución en Túnez y Egipto para que las urnas caigan del lado de los islamistas o que a nuestra indignación le suceda el poder absoluto de los ‘teocon’ del PP es cuando menos algo difícil de digerir y encajar... a menos que construyamos un análisis más profundo y afinado.

07/03/12 · 8:25

Reconozcamos que tras la primavera árabe y la indignación global llegó el frío invierno de la depresión, el reflujo, el miedo y la derrota. Reconozcamos que hacer la revolución en Túnez y Egipto para que las urnas caigan del lado de los islamistas o que a nuestra indignación le suceda el poder absoluto de los ‘teocon’ del PP es cuando menos algo difícil de digerir y encajar... a menos que construyamos un análisis más profundo y afinado.

Sin duda una de las causas del actual reflujo es la imposibilidad material y psicológica de mantener un ciclo de movilización callejera en constante crecimiento, si al mismo tiempo se constata la impotencia radical de las movilizaciones cara a cambiar la realidad. Impotencia incluso para oponer un mínimo contrapoder defensivo frente a la intensidad emocional de la política del shock: miedo, incertidumbre, sospecha, culpa. Reconozcamos que pese a los discursos que exageran la influencia de las redes e internet, los grandes medios de comunicación tienen aún un gran poder de penetración social y son capaces de crear consensos y articular mayorías silenciosas muy refractarias a los discursos críticos y a las experiencias de las minorías. Y digo minorías porque aunque pueda pensarse o aspirarse a ser el 99%, lo cierto es que apenas somos el 5-10%–siendo optimistas–. Con todo lo de innovación que contenga el 15M aquí nos interesa más lo que tiene de repetición de procesos de cambio social o revolución pasados.

Nuestra historia

Sería bueno repasar el ciclo de luchas de la Transición porque precisamente también se cierra con la sonora victoria de las mayorías silenciosas y televidentes en el referéndumde la OTAN... El reflujo que siguió supuso la crisis total de los modelos de intervención política de las izquierdas clásicas parlamentarias y extraparlamentarias; pero también propició la lenta pero fructífera eclosión de nuevos discursos, prácticas y ciclos de lucha social que, presumimos, han encontrado su clímax en el 15M. Del mismo modo podemos tener la seguridad que la soberana derrota que el 20N ha infligido al 15M es también el inicio de un nuevo bucle histórico en los procesos de intervención social, de movilización, de revolución... y es por tanto también una victoria.

Hay quien compara el 15M con 1968, y hay quien lo hace con 1848, también puede ser fructífero buscar paralelismos con el 1905 ruso. En ciertomodo, como entonces, hemos llegado hasta las puertas del palacio del zar e impotentes hemos sido masacrados. Bien es cierto que aquí y ahora, las balas son subidas de la prima de riesgo de la deuda pública, ajustes presupuestarios, recortes de libertades y servicios públicos, producción y difusión masiva de afectos negativos, etc. Quizás como en 1905 sabemos lo que no queremos pero no sabemos lo que queremos –y ni siquiera lo que podemos–. En 1905 aún faltaba ‘¿Qué hacer?’, faltaban las máquinas políticas innovadoras capaces de deconstruir y sustituir al zarismo. Como entonces nuestros mejores deseos de cambio y emancipación chocan contra las infranqueables murallas del poder financiero y con la carencia de proyecto alternativo. Y así nos enfrentamos al reto de construir nuevos discursos, nuevas prácticas, nuevas organizaciones y nuevas máquinas políticas capaces de acumular recursos y potencia. Para articular una alternativa que interpele e incluso sustituya a un sistema que por lo visto ha decidido destruirse a sí mismo. Deleuze y Guattari han ilustrado cómo en el pasado tras la derrota de un ciclo de lucha los nuevos sujetos emergentes han tenido que adoptar la política del éxodo. Por supuesto, los judíos saliendo de la tierra del faraón a la búsqueda de la Tierra Prometida, pero también los que huyendo del feudalismo fueron construyendo la libertad de los burgos, los cimarrones de Palmares, los movimientos heréticos europeos contra el Papado, las luchas de los pueblos nómadas e indígenas... Movimientos populares que ante la imposibilidad material, militar y/o cultural de enfrentar directamente al poder constituido, construyeron su política como línea de fuga, como huida, como autoexilio. Mas no se trata sólo de una estrategia defensiva, sino que en el éxodo cabe la posibilidad de componer la red de afectos y efectos políticos con los que construir las máquinas capaces de materializar los deseos de cambio social, de cambiar la historia, de mutar positivamente la naturaleza humana. Como el 15M y el movimiento global de las plazas es sólo, pero ni más ni menos que, otro avance o aldabonazo de la vieja y noble aspiración humana por la ampliación de la libertad y la justicia, cabe pensar que el actual reflujo y depresión encuentre una salida productiva en las políticas del éxodo y vaciamiento del sistema. Esas prácticas que ya se apuntan en la insumisión fiscal, laboral y de vivienda, en las luchas en defensa del procomún cultural y ecológico, en la proliferación de redes de economía alternativa y cooperación social, en la autogestión y la autodefensa económica... Sin minusvalorar la centralidad de los espacios metropolitanos y virtuales, conviene resaltar que el 15M en el mundo rural ha propiciado la conexión de un incipiente e inconsciente movimiento de huida de las ciudades con los restos del campesinado que queda. Así, están germinando proyectos productivos o bioproductivos que venían gestándose desde hace años. Y se están estableciendo redes sociales alternativas y transversales en las que se experimentan y comparten recursos, conocimientos, deseos, afectos, etc.

Minoritarios pero centrales

Es verdad que la población rural representa un porcentaje muy pequeño de la población y aún menor es el campesinado y el sector primario en general. Pero quizá convenga observar atentamente lo que los movimientos rurales están incubando en sus prácticas políticas y productivas porque cualquier relato alternativo a la crisis generalizada de nuestra economía y nuestra sociedad pasa por reequilibrar demográfica, política y económicamente el campo y la ciudad.

Porque estamos hablando de la gestión de asuntos tan importantes y comunes –por tanto eminentemente políticos– como la alimentación, el agua, la biodiversidad, la estabilidad climática. Porque construir proyectos capaces de sustituir al actual sistema de rapiña en un contexto de crisis ecológica, de saturación demográfica, de agotamiento de recursos y cambio climático, requerirá un cambio radical en la relación entre sociedad y naturaleza, entre tecnosfera y biosfera. El campesinado y lo rural es el gozne estratégico sobre el que gira esta problemática relación. Con el añadido de que en otras situaciones históricas, la burguesía tuvo un plazo de varios siglos. Por ejemplo, para idear y construir lasmáquinas con que asediar y rendir el castillo feudal; ahora hay una gran urgencia social, climática, energética y sistémica para lograrlo en algunos años o comomáximo decenios. Esta urgencia nos conmina a no despreciar los avances e intuiciones de cualquiera de las minorías conscientes y autodeterminadas que participan en este proceso revolucionario y cooperativo.

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Isa
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