Reacciones antisionistas desde Israel


Desgraciadamente, las
críticas al sionismo son
tachadas de ‘antisemitismo’
o de ‘antijudías’ con
demasiada frecuencia. Pero cuando
estas críticas se realizan desde
dentro mismo de la comunidad judía
de Israel, el supuesto ‘antisemitismo’
se desvanece. El antisionismo,

06/09/07 · 0:00
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Desgraciadamente, las
críticas al sionismo son
tachadas de ‘antisemitismo’
o de ‘antijudías’ con
demasiada frecuencia. Pero cuando
estas críticas se realizan desde
dentro mismo de la comunidad judía
de Israel, el supuesto ‘antisemitismo’
se desvanece. El antisionismo,
más apropiado, nació al día siguiente
del sionismo, que, como toda
ideología, está permanentemente
en proceso. Su contraideología,
por consiguiente, debe variar con
ésta sin por ello ir a remolque: permitirse
derivas, retornos o salidas
es imprescindible para sustentar un
contrasionismo judío que recalque
las contradicciones de un Estado
moderno incompatible, como cualquier
Estado, con la fe espiritual.
“La dimensión israelita de mi identidad-
explica Avraham Burg- me
aparta de mis dos otras dimensiones:
la judía y la humana”.

Polémica

Burg, presidente del Parlamento de
Israel entre 1999 y 2003 y una figura
intelectual y política muy destacada
en la sociedad israelí, ha publicado
recientemente un ensayo
titulado Lenatzea’h èt Hitler (Vencer
a Hitler), publicado en hebreo
por la editorial Yediot Aharonot,
donde compara el actual Estado de
Israel con la Alemania nazi. En una
entrevista acordada al periódico
nacional Ha’aretz, Avraham Burg
confirmó sus tesis, lo que provocó
miles de reacciones. No debe serle
nada fácil tras declarar: “El Estado
de Israel sólo puede ser un medio,
y no un fin, pues no responde a las
aspiraciones espirituales y religiosas
de la religión judía”. Pero como
afirma Hans Küng, con o sin razón,
en su libro El judaísmo. Pasado,
presente, futuro1: “Me impresiona
constatar cómo en Israel hay muchas
más personas que en el Islam,
pero también más que en el cristianismo,
que se atreven a apelar a la
conciencia del pueblo sin que les
importen las pérdidas que ello pueda
ocasionarles”.

Ciertamente, Avraham Burg no
es el primer judío de Israel que se
posiciona en contra. Yeshayahu
Leibowitz, profesor de química, erudito
rabino y una de las mayores figuras
intelectuales israelitas, admirado
y citado por el mismo Burg, escribió
a propósito de la actuación
de Israel: “¿Con qué comparar esta
situación? Con un matarife impuro
que recurre al rabino para pedirle
un cuchillo kosher para la matanza
del cerdo [...]. La ortodoxia moderna
no ha encontrado repuesta a los
problemas actuales del judaísmo y
del pueblo judío; ni siquiera comprende
esos problemas”2.

Dando un paso más, Burg construye
una analogía entre la Alemania
nazi y el actual Estado israelí:
“Nos asemeja un profundo sentimiento
de humillación nacional, la
convicción de que el mundo entero
nos rechaza, la importancia central
del militarismo en nuestra identidad...
Miremos el papel que tienen
en la sociedad todos esos oficiales
en la reserva, la cantidad de civiles
armados en nuestras calles, el grito
de ‘Aravim ha’hutza! (¡Fuera los
árabes!)’ que ya no incomoda a nadie...”.
En la Ley del Retorno, por
ejemplo, se concede la ciudadanía
israelita a cualquier persona considerada
judía según una definición
tomada literalmente de las leyes de
Nuremberg. “Rechazo ver mi identidad-
prosigue Burg- definida por
Hitler. Debemos vencerlo. [...] En
un principio mi libro debía titularse
Hitler ha vencido, pero mientras lo
escribía me di cuenta que nada está
perdido”.

La temporalidad
de la ideología

El sionismo bebió y se empapó del
romanticismo europeo de la época,
donde nacionalismo, colonialismo
y orientalismo dominaban las aspiraciones
sociales, económicas, políticas
y culturales (si es que uno
puede cortar de forma tan afilada
unas redes entretejidas que crean y
confunden, y que en nada pueden
distanciarse de la religión). En ese
momento, se creyó que el pueblo
necesitaba una sola tierra para
existir: sin lugar ni fronteras no podía
constatarse la identidad común.
Poco importaba que el judaísmo se
extendiera por medio mundo desde
hacía siglos, o que precisamente
fuera el exilio el que alimentaba y
reforzaba la religión judía. En un
momento dado, el ideólogo político
del sionismo, Theodor Herzl, llegó
a proponer la fundación del Estado
de Israel en la Uganda ocupada por
Gran Bretaña. ¿Qué hubiera sucedido
en el transcurso del siglo XX
si finalmente hubiera ocurrido así?
¿Tacharíamos las matanzas del
cristiano Lord’s Resistance Army
liderado por Joseph Kony, y que
desde los años ‘80 ha asesinado a
decenas de miles de ugandeses con
escaso eco internacional, como ‘antisemitas’?
¿Qué impacto mediático
tendrían las poblaciones autóctonas
de Uganda tras la fundación del
Estado sionista?

Tras poco más de un siglo, entre
gestación y fundación, el Estado de
Israel es uno de los ejemplos más
evidentes de comportamiento moderno.
Todas las contradicciones,
tensiones y logros de una sociedad
mutante generan y disipan un mito
tras otro, ilusiones, pluralidad extrema
bajo un mismo paraguas ideal,
egoísmos exacerbados por el deseo
de ser, y “una montaña de cadáveres
palestinos que pronto superará
el muro que construimos
para no verlos”, como insiste
Avraham Burg.

La vía espiritual
para derrocar el muro

¿Qué solución proponer? Para
Leibowitz, “es posible que no haya
solución alguna para la crisis interna
que comenzó en el siglo XIX”.
Para Burg, más optimista, “la existencia
espiritual, en la historia judía,
es eterna, mientras que la política
es provisional. En el judaísmo
siempre existen alternativas. El
error estratégico del sionismo ha
sido el de eliminar estas alternativas.
La obra sionista se fundamenta
en la ilusión. ¿Pensáis seriamente
que Tel-Aviv permanecerá eternamente
como una entidad postsionista
etérea? Israel no es más
que un cuerpo sin alma”.

Para que la espiritualidad infinita
desbanque identidades político-militares,
Burg apuesta por la recuperación
de la figura de Ahad Ha’Am,
fundador del sionismo místico con
el objetivo de hacer de Israel un
centro basado en los recursos espirituales.
Esperanzado, Burg no lo
duda: “El sionismo de confrontación
vive sus últimos coletazos. El
siglo XXI será el de Ahad Ha’Am”.
El judaísmo es la cultura del comentario,
la respuesta a un texto pero
también a un contexto, ambos esquivos
y móviles, perseguidos y revividos.
El estado de Israel no es
más que una de sus ramificaciones.
Ni la única, ni la última. Mientras,
en este 2007, el número de franceses
que se instalan en Israel ha aumentado
el 10% respecto al año anterior,
la cifra más elevada de los últimos
35 años. ¿Podrá la espiritualidad
judía contrarrestar las ansias
por una patria, como todas, territorialmente
ficticia?

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