Una primera lectura del 25N (desde Madrid)

El autor defiende, en un artículo escrito antes de la investigación por corrupción abierta contra el PSC, que el resultado de las autonómicas catalanas acelera la crisis política del Estado español.

07/12/12 · 23:10

Los resultados de las elecciones al Parlament de Catalunya del pasado 25 de noviembre están aún sometidos a una intensa disputa por su interpretación. Estos comicios, y el escenario que arrojan, son tan apasionantes como complejos, y deben ser leídos atendiendo a las diferencias sustanciales del sistema de partidos catalán y la cultura política sobre la que se asienta. Este artículo se centra en uno de los enfoques posibles: el escenario postelectoral catalán en el contexto de la crisis política en el Estado español.  Estas elecciones llegaban marcadas por una dinámica casi plebiscitaria, en la que la cuestión nacional y el derecho a decidir marcaban el eje principal, pero no el único, de las lealtades políticas. Esto ha ocasionado no pocas confusiones o simplificaciones entre las gentes de izquierdas que, desde fuera de Catalunya, veían un masivo ejercicio de manipulación –“tijeras que se envuelven en banderas”– en en el crecimiento de las tensiones nacionales. Considero sin embargo que, contra las visiones esencialistas, es más útil entender el soberanismo catalán como un espacio político no secundario sino principal para una mayoría de la ciudadanía, por tanto con efectos reales y no ’ficticios’, en auge y en disputa entre fuerzas extremadamente diversas, incluso antagónicas, antes que como un ’velo’ que oculta los verdaderos intereses de los sujetos sociales, que antecederían a su conformación como actores. El proceso político abierto en Catalunya, constituyente en un sentido, y el decantamiento de una mayoría en favor de la activación del derecho a la autodeterminación no puede ser, ni por su genealogía ni por sus dimensiones o heterogeneidad, obra de ningún “empresario político” ávido de exaltar sentimientos primarios en las masas para conservar el poder. Esta estrategia puede darse, pero es subalterna de un fenómeno político más grande y de más largo recorrido, que supera los intentos de monopolizarlo electoralmente. Por si acaso, la atribución de un contenido intrínsecamente conservador a todo nacionalismo/independentismo –o politización de un sentimiento de pertenencia nacional– es empíricamente insostenible con una rápida mirada histórica y geográfica. Es además políticamente estéril, pues no comprende la contingencia que preside la construcción de identidades políticas, y olvida hasta qué punto las identidades nacionales son susceptibles de articularse con las más diversas ideologías.

Las fronteras de la austeridad y del derecho a decidir

En cuanto a los resultados, hay dos datos cruciales, evidentes e inmediatos: Convergencia i Unió ha fracasado en su intento de hegemonizar el campo político dibujado por la frontera del “dret a decidir”, aunque sigue siendo el principal partido de Catalunya, ganando en todas las comarcas menos una. Y el Partit dels Socialistes de Catalunya-PSOE ha perdido la posición de segunda fuerza política en escaños –aun siendo ligeramente superior en votos– en favor de Esquerra Republicana de Catalunya, que previsiblemente se beneficia de los votos en fuga de CIU, gracias a su mayor decisión independentista y a su distanciamiento de los agresivos recortes del pasado Govern de Artur Mas, y resulta quizás el gran triunfador del 25N, en votos y por la posición política determinante en la que queda. La importancia de la mayoría por el derecho a decidir que se configura en el Parlament excede la aritmética: son –casi– los mismos partidos, con representación similar vis a vis el bloque constitucionalista, pero su determinación soberanista y las presiones de la sociedad civil son parte de una dinámica en ascenso y con capacidad para reconfigurar el sistema de partidos. En ese sentido, y como se trata de un campo político marcado por dos fronteras –hoy: el derecho a decidir y la austeridad– que dibujan cuatro espacios, es necesario apuntar también los reequilibrios dentro de cada bloque: el soberanismo –CIU, ERC, CUP y con más dudas ICV– bascula notablemente a la izquierda, mientras es la derecha la que gana posiciones en el espacio del constitucionalismo –PSC, PP, C´s–. El descalabro del PSC y su pérdida del simbólico segundo puesto –y el primero en el voto progresista– tienen una importancia que trasciende sin duda la política catalana: un año después de su clamorosa derrota en las elecciones generales, y tras al menos tres castigos en elecciones autonómicas, el PSOE sigue en un declive del que por ahora no parece haber tocado fondo. Es cierto que su tibio federalismo ad hoc parece haber sido barrido en unas elecciones de polarización nacional, pero no es menos cierto que Catalunya –y en especial Barcelona– es un espacio político sin el cual no es pensable la centralidad del PSOE como partido de Estado. No es exagerado afirmar, en cierto sentido, que la crisis del PSC es la crisis de las posibilidades de articulación autonomista.

Con CiU muy lejos de la mayoría absoluta, se abre un escenario tan difícil como apasionante, en el que la incógnita está en si el partido de Mas será capaz de practicar una geometría variable de acuerdos en el Parlament, articulando sobre el eje nacional con Esquerra y con el eje de la austeridad neoliberal con el PP. O si las tensiones entre las dos agendas y los actores llamados a servir de apoyo para cada una, harán colapsar el nuevo Gobierno y provocarán una nueva convocatoria de elecciones anticipadas. Mas llamó a los principales partidos a “un ejercicio de responsabilidad” para gobernar el mentres tant mientras se avanza en el proceso soberanista, pero ERC ya ha puesto “precio social” –no rupturista pero sí significativo– a su apoyo. No hay que perder de vista el posible papel de “garante sensato de la gobernabilidad” para el que el PSC parece ya presto a ofrecerse, en una estrategia similar a la de un PSOE que pretende recuperar un perfil central que las urnas le van arañando cita a cita.

ICV-EUiA, que sube ligeramente, ha aguantado bien la dicotomización nacional, asentándose como fuerza política progresista y favorable al derecho a decidir, con un claro espacio sociológico y electoral propio, recogiendo gran parte del voto desencantado del PSC. El Partido Popular se beneficia de su condición de bastión de la españolidad, aunque no es capaz de superar su estancamiento como fuerza subalterna en el panorama político autonómico. Ciudadanos experimenta un auge muy importante, alcanzando los 9 escaños y saliendo del área metropolitana de Barcelona; se trata sin duda de una fuerza que ha llegado para quedarse, máxime en la medida en que el avance del proceso soberanista aumente la sensación de agravio de importantes sectores de las clases trabajadoras desestructuradas castellanohablantes, pero también de un voto cívico-liberal que se pretende cosmopolita frente al ’nacionalismo’.

La Candidatura d´Unitat Popular- Alternativa d´Esquerres irrumpe con 126.000 votos y 3 diputados –todos por la circunscripción de Barcelona, pese a los buenos resultados en Girona, que se quedan a las puertas del escaño– en el Parlament, dando así el paso de su ya destacada pero desigual presencia en la política municipal a la autonómica para, en sus propias palabras, “ser el caballo de Troya de las clases populares”. CUP ganan así una visibilidad y peso que jugará un papel destacado en la conflictividad política extrainstitucional que irá in crescendo con la profundización de la crisis, tanto más cuanto mejor sepa entrelazar las reivindicaciones nacionales y sociales, postulando el interés del país con el de sus clases subalternas. Se trata de una iniciativa muy interesante que ha despertado la atención de gran parte de la izquierda y gentes que protestan, también fuera de Catalunya. La peculiar fórmula política de la CUP ha conjugado con inteligencia el músculo organizativo y la subjetividad de la izquierda independentista, condiciones necesarias pero no suficientes, con articulaciones con el variado tejido social contestatario y la adopción del lenguaje político y la centralidad de la aspiración de regeneración democrática fraguados en el 15M y las posteriores movilizaciones contra la crisis y destituyentes. No obstante, pensar esta fórmula en otros lugares de la península sacando de “la ecuación CUP” el factor de la identidad popular catalana y las posibilidades que ofrece para articulaciones amplias que trasciendan los círculos militantes; así como el de las ventanas de oportunidad específicas del más plural escenario catalán, es hacerse trampas al solitario: no hay traducción inmediata. Significativamente, las iniciativas políticas rupturistas gozan de mejor salud allí donde se desarrollan al calor de identidades colectivas territorializadas y relativamente comunitarias.

Las elecciones catalanas llegan en un momento de creciente desestructuración de un modelo político y social que se ha mantenido durante más de tres décadas en condiciones de considerable estabilidad, asegurando la integración de las naciones periféricas en el pacto autonómico y de las clases subalternas en el pacto social. La primera integración parece fracturarse hoy entre el impulso recentralizador del Partido Popular y el nacionalismo español realmente existente, y el avance cualitativo y cuantitativo del soberanismo, en el País Vasco y Catalunya en primer lugar. La segunda integración se ve amenazada por la gestión austeritaria de la crisis en clave de ofensiva oligárquica sobre el Estado social y sus agentes institucionalizados, y por el cierre del régimen que deja fuera un número creciente de sectores y demandas sociales.

Las dos fracturas, pero especialmente la nacional, han marcado estas elecciones, desgastando a los principales partidos del sistema y dibujando un escenario político más rico, más complejo y más conflictivo, en el límite del orden político de la Transición. Es bastante probable que el Govern que salga de estas elecciones no termine la legislatura, por sus dificultades para procesar al mismo tiempo el avance soberanista y la conflictividad social frente a la espiral deuda-recortes. En ese sentido, el proceso político catalán es indisociable de la crisis política del Estado español.

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    saltate
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    Lun, 02/10/2014 - 09:00
    gracias por tus palabras. me ha gustado tu aportacion en dos puntos. el primero el acierto sobre lo que se desprende del termino EMPRESARIO POLITICO mas en la democracia de JUANCARLOS I Y EN EL IDEARIO CATALAN. DE lOSM COMISIONISTAS, MERCANTILISMO Y SERVILISMO DE ESTA DEMOCRACIA DE ESTE REGIMEN SERA VALORADO EN UNOS AÑOS Tu perla de que lo comunitario y territorial da calor es la segunda. No puede ser de otra manera y ahora vamos cda uno a su modo en busca de calor. POR ESO HABLAMOS DE ESTO AHORA. quisiera decir que sin ideas se va a pocos sitios pero, si seguro, sin estrategia se va a ninguna parte. es hora de hablar de sentarse con los tuyos, de luchar, de imaginar.
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    Maroto
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:37
    Jaume: 1. Este artículo dice "Pero tampoco consideraba, ni mucho menos, que fuera el enemigo a batir". Nadie ha dicho lo contrario. 2. Companys o Macià, entiendo, eran nacionalistas, si resulta que simplemente eran catalanistas estaré encantado de que me lo expliques. No sé por qué utilizas el plural "vosotros". 3. No veo por qué tanta historia con la cita de Seguí. Dijo que no le tenía miedo a la independencia, que seguramente saldrían ganando, que no iba a ocurrir porque la burguesía no quería, que eso era un sentimiento burgués y que no era un problema de la clase obrera. A mí que Fernández, Pisarello, Asens o quien sea usen una parte de lo que decía me da igual (seguramente fuera por desconocimiento de la cita completa, que yo también desconocía), pero evidentemente se arriesgan a que venga alguien y les recuerde la otra parte del argumento, el cual obviamente no ayuda ni a las cup ni a sus simpatizantes. 4. Del texto se desprende fácilmente que Seguí fue criticado por la FAI, si no se pretendía decir eso la redacción no es la adecuada. Y ya que estamos, por último sería de agradecer que los autores nos explicaran de dóde sale que Seguí o Peiró (quien por cierto sí era de la FAI) "no veían con malos ojos la idea de crear un nuevo partido con obreros organizados en los sindicatos de espíritu bakuninista". La verdad es que no me consta nada de esto, y si no hay pruebas al respecto me empieza a dar la impresión de que hay quien juega alegremente con la historia para reforzar sus posturas presentes. Y no me parece bien. Si mañana hago algo, será porque tendré mis argumentos o diré que me baso en tales personas que han hecho lo mismo, no me inventaré que Seguí, Trotsky, Espartaco o Hitler pensaban como yo.
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    jaume
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:36
    Aclaraciones del artículo: 1) Igual que nunca se dijo que Seguí fuera independentista, ahora tampoco se dice que se hubiera dicho que era anti-independentista.2) Las amistades políticas son importantes (no por casualidad Companys tuvo pocos reparos en apoyarse políticamente en los anarcosindicalistas). Pero en todo caso nadie ha hablado de amistades "nacionalistas" (parece que para vosotros nacionalismo y catalanismo es lo mismo) 3) Y decir que seguí "decía que la independencia no era un problema de la clase obrera catalana y ya está" me parece hacer trampas. Desde la misma óptica, se podría responder que seguí dijo lo que dijo en relación a la derecha catalana en el ateneo "y ya esta". Si de lo que se trata es de ir más allá de la controvertida cita para criticar la derecha catalana (que es lo que se hizo en el artículo inicial) y nos ponemos a analizar su pensamiento, no lo hagamos de forma interesada y reduccionista. 4) No se dice que salvador estuviera vivo cuando la FAI. Se dice que la posición "politicista" o "desvicionista" (la misma de seguí) fue muy criticada por la FAI.Y ya está. Nada más. Más respeto al texto y rigor en las lecturas, por favor.
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    Diegu SG
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:36
    Tampoco el propio soberanismo castellano de izquierda ha hecho mucho por un proyecto para Castilla planteando un mapa imposible de identificar con un pueblo y que, en lo que a Cantabria o Leó se refiere, no es más democrático en lo político, progresista en lo social o diverso en lo cultural que lo que la propia izquierda hispánica viene planteando.
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    Jordi
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:33
    Hola qué tal... Gracias por el artículo. Respuesta desde Barcelona de un no-independentista (no anti) que no ha votado. Lo voy a hacer deliberadamente corto porque no quiero hartar sobre el asunto -sobre lo que dices en "Considero sin embargo que, contra las visiones..." la alternativa que das no excluyente de la primera (la esencialista). Están las dos. Si dices que una no puede tapar a la otra, tampoco puedes pedir que tapemos la otra con la una. Simplemente coexisten: como velo, y como valor fundamental de las izquierdas independentistas. E incluso estas también así lo han aceptado (aceptado el reto), o lo han interpretado así, y gracias a ello, han podido reaccionar en contra de la primera. -Segundo: la ambigüedad social de ERC un factor a tener en cuenta durante estos años. Pareces subscribir sólo algunos de los mensajes que han dado, pero no todos. Una vez que ya se daba por descontado que habría una mayoría pro-referendum, lo importante para ERC, fue distanciarse en este punto. ¿Por otro lado como se come que un votante de CIU pase a votar ERC? ¿No tiene eso una posible doble lectura? -"El soberanismo –CIU, ERC, CUP y con más dudas ICV– bascula notablemente a la izquierda" . Esto es erróeo: CIU tiene 50 diputados, y aún contando ERC como izquierdas, los otros suman 37. Por lo tanto la afirmación sería: ha aparecido un independentismo de derechas, que ha superado al de izquierdas, que también ha crecido. -Esto último (el crecidmiento del independentismode izquierdas) ha sido gracias a su pertinaz, rápida y valiente reacción. Y con sus únicos medios. Cosa que nunca le agradeceremos lo sufieciente.
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    laura
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:32
    Me quedo con la frase {"las iniciativas políticas rupturistas gozan de mejor salud allí donde se desarrollan al calor de identidades colectivas territorializadas y relativamente comunitarias." } Mientras sigamos siendo "restoestado", en Castilla no se va a fraguar ningún proyecto político adaptado a nuestra realidad colectiva como pueblo.
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    Emilio
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:32
    "las iniciativas políticas rupturistas gozan de mejor salud allí donde se desarrollan al calor de identidades colectivas territorializadas y relativamente comunitarias." Esto, en mi opinión, debería abrir un debate serio en Castilla sobre que identidad (o que vacío identitario) ha asumido de forma acrítica la izquierda, como se ha construido socialmente ese proceso y cuales han sido sus consecuencias políticas, sociales y económicas. Y no se trata aquí de "trasplantar" artificialmente la cuestión nacional catalana a nuestra tierra, sino de rascar un poco y ver que hay de interesante en las formas de articulación política de la propuesta comunera, en la denuncia del sistema autonómico en Castilla, de la configuración territorial hecha de arriba a abajo, en la renuncia de la izquierda a profundizar en esta cuestión, etc...
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    jaume
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    Jue, 07/12/2012 - 09:00
    Tu respuesta a mi entender demuestra cierta mala fe y tu propia posición política al respecto. Nos acusas de manipular la historia con fines políticos, y no hacer auténtica historiografia. Yo creo que, precisamente, tu visión histúrica informa muy bien de donde estas y quien eres tu políticamente. No conviene a tus argumentos ver esa complejidad que te señalamos, y por eso la desprecias. Y nos endosas intenciones que no están en el texto, solo en tu imaginación, porque te resultan útiles para tu particular combate político con ciertas ideas. Igual me equivocó (no estoy haciendo historiogafia, claro) pero es lo que pienso. En verdad, no quieres discutir sobre quien era Seguí sino sobre el presente. Y los defectos imaginarios que señalas del texto son para exponer tus ideas políticas sobre esa compleja relación del anarquismo con el catalanismo. Detrás de tu supuesta lectura inocente (vana pretensión ideológica) hay una reacción política. Sinceramente, creo que se te remueven las entrañas que en un texto se vincule a alguien que para ti seguramente consideras de los "tuyos" con el catalanismo (en verdad, en el artículo solo se citaba una frase de Seguí para criticar a la derecha catalana....nada se decía de su pensamiento).Y por eso ahora afirmas que Seguí no "tenia especial interés" (un avance respecto la posición original donde se contraponía al independentismo porque al menos ya admites el interés). No obstante, si Seguí no tuviera "especial interés" seguramente no habría hecho ninguna mención al respecto. No es su motivo de lucha, es cierto. Pero también es cierto que deja muy claro cual es su posición. La clase trabajadora ganaría con la independencia, afirma. Y un sitio donde lo dice es en Madrid, no en cualquier lugar.... Sobre los datos que se utilizan en el texto para reafirmar esa visión de Seguí. A ver..... ¿Cómo que es ridículo hacer esas desquisiciones? Seguramente lo dices porque no te satisfacen políticamente. Cada uno pone el acento en aquello que más le interesa.Esta claro que la historia no es un libro abierto por el que baste dejar resbalar la mirada. La historiografia se hace a partir de textos pero también utiliza los testimonios como fuentes, sobretodo cuando los actores histúricos han dejado poco o nada escrito. A mi me parece ridículo que sugieras que allí donde no hay texto solo puede haber oscuridad y no es posible el conocimiento histúrico. ¿no es legitimo ir a los testimonios para construir una figura como Seguí que básicamente era un orador? ¡Que poco podríamos decir entonces de Socrates¡ Con lo del POUM estas haciendo lo mismo que con lo de las FAI..... Intentas desacreditarnos por falta de rigor histúrico (la falta de rigor siempre es ajena, claro) diciendo cosas que no hemos dicho. ¿Crees de verdad que no sabemos cuando nace el POUM? En el texto no se dice que el POUM sea anterior a Seguí. Se dice solo que los poumistas, como los otros actores políticos, reivindican la figura de Seguí. Y por algo será, no? De hecho, la posición política del hijo de Seguí, Eleni, es buena prueba de ello. Igual haces con lo de Peiró. Nuestra replica -que era de matiz- era tan solo sobre la afiliación de Peiró a la FAI. En tu respuesta te desvías de ese punto de discusión, haces una pirueta y lo sitías en otro lugar.....Y por último, solo un apunte: señalar a Tarradellas como referente del independentismo es un claro error. Creo que no hace falta que lo argumente.... En definitiva, como te decía el problema de fondo es que creo que no quieres ver -no por incapacidad sino por desinterés- la complejidad del anarquismo en relación al catalanismo.Igual que tampoco te interesa las diferencias entre catalanismo, nacionalismo e independentismo. Esta claro que no se pueden trasladar sin más al pasado los interrogantes y perplejidades de nuestro presente. Pero comprender esa complejidad que señalamos permite comprender la del presente y como decía Maquiavelo poderlo aprovechar como ejemplo en parecidas circunstancias. Porque, de hecho, en ella se encuentran los orógenes de polémicas como la que tenemos. Lo cierto es que las divergencias en las interpretaciones del pasado expresan más bien las circunstancias en las que cada uno se sitía en el presente que el proceso real del desarrollo histúrico. Y eso vale tanto para nosotros como para ti (o vosotros). No ver eso sería una actitud ingenua y arrogante.
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