Un poco de historia:República y orden público


En muchas ocasiones los
historiadores analizan la
Segunda República desde
el prisma del largo invierno
de la represión franquista. En
este artículo, pongo en cuestión la
representación de este sistema político
como la Edad de Oro del liberalismo
español en el siglo XX.

15/10/06 · 19:57
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En muchas ocasiones los
historiadores analizan la
Segunda República desde
el prisma del largo invierno
de la represión franquista. En
este artículo, pongo en cuestión la
representación de este sistema político
como la Edad de Oro del liberalismo
español en el siglo XX.

Empezaré con un resumen de una
lucha extraindustrial en Barcelona,
y analizaré qué efecto tuvo la llegada
de la República. He escogido la
lucha de los vendedores ambulantes
por considerarla una de las más
interesantes. Se trata de un ejemplo
elocuente debido al papel que
jugó en la radicalización del anarcosindicalismo
durante los ‘30.
Asimismo, creó conflictos con las
nuevas autoridades y por ello nos
enseñan mucho sobre la actitud de
los republicanos frente a la protesta
obrera. Por último, estas luchas
nos permiten adentrarnos en el
substrato de unos conflictos cotidianos
que produjeron un sinfín de
luchas callejeras.

La venta ambulante

Desde el siglo XIX, la práctica de la
venta ambulante fue una forma de
autoayuda proletaria y un elemento
más dentro de una amplia economía
informal. Por regla general, las personas
que llevaban a cabo la venta
ambulante eran los parados o las
mujeres de los obreros peor pagados.
Con sus escasos ahorros, compraban
un poco de género que luego
vendían en las calles cercanas a
las zonas comerciales y mercados.
Así era el comercio humilde de los
necesitados, diseñado para hacer un
poco más llevadera su pobreza.
Además, los vendedores ambulantes
no tenían gastos y podían ofrecer
sus productos por menos dinero
que los vendedores de mercado y los
tenderos. Por ello se volvieron tremendamente
populares entre consumidores
barceloneses de clase
obrera, y su comercio pasó a ser una
parte integral de los hábitos locales
de consumo. Dado el crecimiento de
este tipo de comercio, un grupo de
vendedores ambulantes construyó
El Mercadet, una zona comercial a
la que tenían acceso libre los vendedores
parados y que atraía a consumidores
de clase obrera de toda
Barcelona. Aunque no fuese una forma
directa de protesta, la venta ambulante
refleja la lucha popular por
una nueva economía alternativa.

Como era de esperar, estas prácticas
obreras chocaron de frente
con los intereses de la clase media
urbana. El rechazo de tenderos y
vendedores de mercado a las reivindicaciones
de la venta ambulante
hizo que se ahondase aún más la
brecha social.

La llegada de la República

En primer lugar, debemos recordar
que la clase media urbana era la base
social de los partidos republicanos.
Así, este grupo esperaba tener
más influencia política de la que había
tenido bajo la monarquía y, de
hecho, no tardó en empezar a recoger
los frutos de su nueva posición.

Podemos ver un ejemplo de esto
con relación a la venta ambulante.
Desde que se proclamó la República,
los grupos de presión comerciales
defendieron sin respiro la represión
de los vendedores ambulantes, a menudo
acusando a la policía de ser demasiado
‘blanda’ con los ’vendedores
rebeldes’. Las nuevas autoridades
eran muy receptivas a las exigencias
de su base social, sobre todo
porque muchos políticos de
Esquerra Republicana de Catalunya
(ERC) formaban parte de la pequeña
burguesía urbana. De hecho, había
muchos elementos en común entre
la nueva élite política republicana
y las asociaciones comerciales directamente
afectadas por las prácticas
de los parados. Por ejemplo, Enric
Sánchez, presidente de la Unión
General de Vendedores de Mercado,
un grupo enfrentado a los vendedores
ambulantes, había sido candidato
a las elecciones municipales de
1931 por ERC. No es extraño, pues,
que las autoridades se mostrasen favorables
a las peticiones de los vendedores
de mercado y los tenderos
sobre el uso de la mano dura con los
vendedores ambulantes.

De hecho, la República fue muy
represiva con los obreros. Los republicanos
perdieron sus deseos de reforma
al poco tiempo de llegar al poder.
Durante la monarquía, los republicanos
habían defendido la mejora
de la situación de los obreros y
los más humildes. En cierto sentido,
esta propaganda abrió la caja de
Pandora porque hizo que los obreros
esperasen mucho del nuevo régimen.
Pero las autoridades no cumplieron
sus promesas: en el poder,
los republicanos se mostraron obsesionados
con su proyecto de frenar
las luchas de los parados y los humildes,
como la venta ambulante.
Poco a poco, las autoridades criminalizaron
las prácticas de los parados,
haciendo una distinción clara
entre los ’provocadores’ y los demás.
Las protestas se atribuían a ‘indeseables’,
‘vagos profesionales’ y ‘criminales
pintorescos’. También incluían
la venta ambulante en los ‘bajos
fondos’ de Barcelona, considerándola
un ‘ataque’ contra la
República por parte de los que deseaban
crear una ‘ciudad anárquica’.
Mostrando la misma paranoia de las
autoridades monárquicas, los republicanos
atribuyeron las protestas al
‘enemigo interno’ o los ‘enemigos
de la República’.

Reacción

La lógica de este discurso tenía un
carácter firmemente represivo.
Después de prometer tantas cosas,
los republicanos construyeron una
‘República del orden’ dedicada a la
represión de los ‘profesionales de la
limosna’ y los ‘vagos voluntarios’. El
Ayuntamiento de Barcelona, controlado
por ERC, destruyó el Mercadet:
tras este ataque a los vendedores ambulantes,
comisiones de la clase media
urbana visitaron el Ayuntamiento
para festejar la política municipal.
Y tenían mucho que festejar: el
Ayuntamiento de Barcelona se había
convertido en un cuerpo represivo
con el que quitar a los vendedores
ambulantes de las calles y ayudar a
sus amigos de clase.

Pero eso generó una resistencia
popular a la policía, la representación
más directa del poder estatal
en las calles. La cultura y prácticas
antipoliciales de la clase obrera
barcelonesa tienen mucho que ver
con una vieja expresión inglesa: si
la policía te coge en nombre de la
ley, defiéndete en nombre de la libertad.
Así, durante este período,
era frecuente que la comunidad se
uniese para reprimir incursiones
policiales en los barrios. Por ejemplo,
según La Vanguardia, en el
año 31 hubo dos ‘motines’ alrededor
de los mercados de Sants y
Hostafrancs, provocados por las
detenciones de vendedores ambulantes.
Miembros de la comunidad
atacaron a la policía y los mercados
para protestar por la represión de
la venta ambulante.

De hecho, el gran éxito del anarquismo
en los ‘30 radicó en su habilidad
para canalizar las luchas de
los barrios y de los marginados.
Otros grupos, como los socialdemócratas
y los republicanos, consideraban
a los vendedores ambulantes
o a los peor pagados como gentes
sospechosas, que les daban asco.
Estas luchas ahondaron la brecha
entre la clase obrera y el nuevo
régimen: los obreros se dieron
cuenta en las calles de que los cuerpos
policiales y las leyes de la
República no eran neutrales. Una
percepción reforzada por la inactividad
de las autoridades en el campo
del bienestar social.

Tags relacionados: Barcelona anarcosindicalismo
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