Pautas de comportamiento para las izquierdas transformadoras

07/06/07 · 0:00

Partiendo de la premisa de
que prácticamente todas
las izquierdas del Estado
español han decidido actuar
dentro del sistema de normas
de la ‘democracia capitalista’, se hace
imprescindible la claridad y
transparencia tanto en nuestros
principios como en los objetivos para
dicha actuación.

Para actuar se necesita ética, no
se trata tan sólo de reafirmar nuestro
carácter anticapitalista de forma
permanente, los horizontes de
la transformación social son mucho
más amplios.

Una intervención
político-social coherente

Los sistemas políticos de estas ‘democracias’
están diseñados para
reproducir la lógica del capital. Es
este difícil campo de juego donde
colectivos y organizaciones llamadas
de izquierdas se justifican permanentemente
por sus serias contradicciones.

Los movimientos sociales y las organizaciones
políticas deberían
empezar a asumir en sus debates el
hecho de que la credibilidad de un
grupo político o social no depende
de sus palabras, sino de su ejemplo.
De la ejemplaridad en la transparencia
y en la horizontalidad de sus procesos
internos, de la ejemplaridad
en la actuación de sus componentes,
de la ejemplaridad en las formas
de intervención que utilice. Y estas
últimas han de ayudar en la construcción
colectiva, no siendo un freno
para el desarrollo de herramientas
de transformación social.

Ser activista o militante en las izquierdas
exige reflexión y una educación
en valores que son el legado
de varias tradiciones que, a pesar de
haber cometido terribles errores,
han sido el referente de lucha por
las libertades y los derechos en los
últimos 160 años de historia.
Si necesariamente la ética mira a
la izquierda para defender los derechos
fundamentales, las izquierdas
deberían también mirar a la ética, liberándonos
a todos del sectarismo,
del politiqueo, y de cargar con el peso
de los egos y aspiraciones personales
de muchos de sus dirigentes.

La ética exige a las ‘izquierdas’
que sean consecuentes y no se apropien
indebidamente de ese nombre.
Por ello, si no se tiene claridad en
los principios y en los objetivos, la
participación de la izquierda tanto
social como política en el modelo
mercadocéntrico se convierte en un
mecanismo de legitimación del sistema
capitalista neoliberal.

La protesta reformista al sistema
no cuestiona los valores fundamentales
del mal llamado ‘pensamiento
único’, convierte a esa ‘izquierda’ en
adaptacionista, no visualizándose
las diferencias.
Por poner un ejemplo, es fácil ver
a determinadas organizaciones utilizar
un vocabulario conceptual
neoliberal para expresar sus planteamientos.
Podemos oír a Izquierda
Unida o a diversas ONG decir que la
lucha contra la pobreza es una “buena
inversión”, como si el problema
pudiera reducirse a una cuestión de
eficiencia económica del sistema.

En el Estado español ya es aceptable
para la mayoría que ocho millones
de personas (más de dos
millones de hogares) vivan en la
pobreza. De la misma forma que
es aceptable el drama de las pateras/
cayucos, alambrar las fronteras
o la existencia de cerca de 1.500.000
inmigrantes clandestinos y carentes
de derechos. Todo esto ya forma
parte de lo ‘inevitable’ en el subconsciente
colectivo. Pero más lamentable
aún es que también hay un
importante sector de la autorreferenciada
‘izquierda’ que ha interiorizado
el sistema y asume que cualquier
grupo político que alcance el
poder tiene que gobernar en armonía
con el capital. Ya no se trata de
articular alternativas.

La tarea de los movimientos sociales
y las organizaciones que se
reclaman de las izquierdas transformadoras
es inventar e imponer otro
tipo de relaciones económicas, otro
modelo de sociedad.
Los movimientos sociales deben
construir alternativas y estrategias
de acción que permitan alterar la
balanza. Esto no debe significar ausencia
de diversidad, sino justicia
social, respeto y democracia en los
distintos niveles de las relaciones
entre los seres humanos.
Para empezar es importante reconocer
la diversidad de la propia
izquierda transformadora. Para hablar
de las izquierdas, estamos obligados
a utilizar el plural, son diversas
y en muchos casos, incluso
están en conflicto.

La izquierda sectaria

El efecto de la globalización está
siendo muy profundo. La extinción
del Estado de bienestar, el fin de la
concertación entre capital y trabajo,
la precarización de la vida, la inviabilidad
del planeta y el agotamiento
de la lucha armada como estrategia
viable, así como un alto nivel de deslegitimación
social, situó a las izquierdas
en todo el planeta ante una
verdadera crisis de paradigmas tan
sólo hace unos años.

Pero aún así, determinadas organizaciones
de perfil autoidentitario
han conservado intactos sus presupuestos
ideológicos del pasado,
considerando que lo único que hay
que hacer es actualizar la estrategia
ante las nuevas condiciones. La interpretación
que hace esa izquierda
retórica es que la actual carencia de
alternativas demuestra la necesidad
de regresar a la construcción
de la vanguardia revolucionaria
que organice el tránsito (ya hablaremos
de los métodos) hacia la
sociedad ideal (ya hablaremos de
cómo es). Es decir, una vuelta
atrás, el renacimiento del pasado.
La tolerancia con la que se ha evaluado
hasta hace poco la relación
ética entre fines y métodos permitió
la lógica de ‘el fin justifica los medios’.
Por poner un caso, los crímenes
masivos en la URSS de Stalin
fueron justificados entre la izquierda
prosoviética por la necesidad de
salvar la dictadura del proletariado.

La historia está llena de casos que
muestran cómo organizaciones políticas
de ‘izquierdas’ que se creyeron
con el derecho de elegir cualquier
método o medio en sus luchas
han acabado reproduciendo la dominación,
y el Estado español no ha
sido una excepción en ello.
Por ello, para los colectivos y organizaciones
que pretenden ser
herramientas de transformación social,
no puede ser viable el recurrir a
métodos o formas de intervención
que carezcan de criterio moral. El
‘iluminismo político’, la mentira, el
insulto, la descalificación personal,
la instrumentalización de herramientas
de construcción o uso colectivo
para descalificar a otros no
forman parte de los valores de las
izquierdas transformadoras en
construcción. Llevando esto a su extremo,
incluso cuando las izquierdas
se han visto obligadas a situaciones
de guerra, no todo es válido.

El cuidado en las formas de intervención
sociopolítica debe ser una
responsabilidad moral y racional de
primer orden, e inevitablemente
condiciona los objetivos.

Es necesario reflexionar con honestidad
sobre la calidad de los fines
y los medios. Esclarecer nuestros objetivos
es fundamental para valorar
nuevos modelos y métodos de lucha.
Los sectarismos no forman parte de
las izquierdas transformadoras.
La construcción de nuevas formas
de organización y de un movimiento
político social que sea capaz de
alterar la realidad vigente será plural
y democrático o no será.

TEMA DEL DEBATE: Periódicamente, dentro de los espacios y territorios
cobijados bajo el difuso paraguas de 'la izquierda',
se producen luchas en las que, aparentemente, no
hay límites en los golpes bajos. Ya sea en el seno
de la propia organización o movimiento, ya sea contra
'el otro' exterior, ya sea la izquierda más institucional
o más extraparlamentaria, mayoritaria o grupuscular,
etc., parece que contra el oponente está
todo permitido. ¿El fin puede justificar los medios?

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